Por René González
Es una Navidad diferente para cientos de familias históricamente postergadas y afectadas por las inundaciones. Es un renacimiento. Se inició la gran mudanza de familias humildes al Barrio San Francisco de Asunción; algunas ya están instaladas y otras en pleno proceso de dejar no solo un refugio sino una parte de su vida, lejos de la falta de servicios básicos, olor a basura, agua estancada y algún que otro tipo de peligro.
Estas sufridas familias, compuestas principalmente por niños, madres solteras y adultos mayores que fueron desplazadas por las inundaciones y fueron a vivir a refugios precarios en condiciones deplorables, hoy cumplen sus sueños y dejan ver que la resistencia, la esperanza, el amor y la fe, todo lo pueden.
Cuando Su Santidad, el papa Francisco, visitó el Bañado Norte durante su visita oficial a nuestro país, en 2015, se conmovió, bendijo a las familias y posteriormente pidió al presidente, Horacio Cartes, que redoble esfuerzos por ayudar a esas personas a mejorar sus vidas y así sucedió. Hoy es una realidad.
La obra del Gobierno fue financiada por la Itaipu Binacional y creó mano de obra para más de dos mil trabajadores y trabajadoras de distintos lugares del país, que se unieron como si fuera una cruzada para dar lo mejor de sí y en tiempo récord culminar lo que es casi como un paraíso para vivir.
Podría ser el barrio más moderno del Paraguay, ya que cuenta con centros educativos, iglesia, comisaría, polideportivo, plazas, cableado subterráneo, calles pavimentadas y servicios completos con calidad absoluta.
La Secretaría para la Vivienda y el Hábitat, SENAVITAT ha trabajado de cerca en el componente social de las familias. Mediante un trabajo de gestión social se adjudicaron las viviendas y “San Francisco” es un ejemplo de que se puede y se logra con buena administración, trabajo coordinado y en equipo.
Doña Irene, con muchos años encima, con profundas arrugas que delatan haber vivido cerca del río y bajo un sol latigante, se convirtió en símbolo de esta mudanza. Ella es mujer sufrida y ejemplar que no escatima palabras de agradecimientos que expresa con voz ronca pero sumamente emocionada. “Por fin voy a descansar del calor tan intenso y de las noches de tormentas que me asustaban, con la lluvia que inundaba nuestra pieza de madera y techo de lona, demasiado esperé, demasiado esperanzas tuve”.
Es conmovedor, motivador y si éstas personas están felices, nosotros también.
Feliz Navidad!