- Por Esteban Aguirre
- @panzolomeo
"Lo que la gente no sabe es que la flor de coco es una especie de feto del cocotero que fuimos convirtiendo en tradición. Huele nío rico y te da esa sensación de Navidad, pero enserio, pensá na un poco, ¡feto de cocotero loco!, ¡nos vamos a quedar sin árboles!". No sé si decir felizmente, irónicamente, coincidentemente o demente… mente, esa fue una de las frases más inspiradoras del 2017, la escuche de la boca de un amigo que la tiene clara hasta que no la tiene y viceversa. Como todos, ¿no?
Un año trágico para el corazón que creo viene despertando a la mente. Lento, pero (me gustaría decir seguro) constante el despertar de la conciencia humana en esta vuelta al sol que toleró la reinvención de la figura y la palabra "líder". Tanto en líderes mundiales con el verdadero show de realidad que ofrece el pato Donald a todo aquel que tenga acceso a algún medio de "fake news", así tb como la figura del macho alfa paraguayo "¿Queehassshe mi líder? ¿Dónde está la éndeja?", ese paraguayo tácitamente garrotero que Raúl Melamed satiriza, ejemplifica o glorifica en su programa (todavía no me queda claro).
Las recientes devastadoras noticias de que algo tan precioso y efímero como la vida sigue siendo erradicable en "rabietas" familiares. Saber que aunque estemos viviendo en un país matriarcalmente machista la lucha por un feminismo saludable, activo y pululante sigue siendo una literal pelea a la que no podemos bajar la guardia. Tal vez en ninguna otra actividad se haya ido estableciendo una frontera tan evidente entre lo animal y lo humano como en el dominio del sexo de la familia paraguaya.
O tal vez será que llegó la hora de dejar de pelear, de dejar que todo vuelva a un principio sin fin. Que el trabajo de haber creado un mundo globalizado interconectado finalmente apriete el botón de reseteo, dejar las pantallas sin eso llamado "Net Neutrality", que venía defendiendo nuestro derecho de ser curiosos, en tiempos de Google. Donde todos sabemos que la curiosidad es la nueva inteligencia y creatividad, ambas embebidas en el acto de cuestionarnos las maravillas del mundo. Seguir el sugerido destino de libros como "Brave new world" (Un mundo feliz) de Aldous Huxley que alguna vez propuso entregarnos a seguir el resultado de lo que espera el gran patrón (cualquier sea él o la que esté en tu mente) y dejar que drones empiecen a hacer el delivery de las pizzas a nuestras casas.
"Comí civilización, me cayó mal y enfermé", narraban las páginas de Huxley. No fue hasta hace poco que este tipo de textos empezaron a resonar de manera efectiva en mi forma de ver las cosas. El dolor es un horror fascinante, y si uno entiende esto, uno puede entender que vamos siendo acondicionados para creer las cosas, eventualmente la tragedia se adueña del rating. El silencio de a poco empieza a convertirse en el más sabio de los maestros.
Antes de que esta, algo gris, reflexión navideña empiece a sonar a teorías de conspiración y alguna especie de "Yo era feliz y no sabia mi contraseña de Facebook", quisiera compartir, conmigo mismo y con esa persona que está hojeando su diario en este juernes en particular la noción de que hemos llegado a la anunciada "Era del Yo" de la que hablaban en textos lejanos proponiendo la divisa planetaria en: comunidad, identidad, estabilidad. La moneda es social y el comportamiento humano de a poco bárbaramente antisocial. Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.
Básicamente, vivir en el lugar dentro del guión social en el que nos determinan las selfies con las que geolocalizamos nuestros desayunos. En tiempos de sidras, pan dulces y excusas para vernos las caras entre familiares y amigos celebro la idea de usar el "feto de cocotero", o sea el coco (eso fue casi un chiste, me avisan si funcionó), la cabeza, el cerebro, la mente que alimenta el alma con ideas de amables acciones entre habitantes de una misma humanidad como regalo a uno mismo, y por un segundo dejar de confundir cultura con conocimiento. Cultura no es solo la suma de diversas actividades, sino un estilo de vida, una manera de ser en la que las formas importan tanto como el contenido.
Feliz es Fiesta.
"El conocimiento tiene que ver con la evolución de la técnica y las ciencias, y la cultura es algo anterior al conocimiento, una propensión del espíritu, una sensibilidad y un cultivo de la forma que da sentido y orientación a los conocimientos". Mario Vargas Llosa.