- Por Jorge Torres Romero
- Periodista
Personas que mienten o engañan, especialmente que fingen lo que no sienten o se hacen pasar por lo que no son para obtener algún provecho de ello, estos son los farsantes. De estos abundan en nuestra fauna política.
He sido víctima de improperios, de los más bajos y soeces, al igual que la mayoría de los que estamos en este oficio. Aquí uno se gana amigos y enemigos todos los días de acuerdo a la música que hacemos sonar en cada intervención y ahora con el fenómeno de las redes supongo que sucede con todos, sin distinción: el bullying cibernético o mediático.
Al recurrir al insulto, uno supone que se acabaron los argumentos o quizás sea la única arma con la que se está en condiciones de pelear o tal vez sea el único lenguaje que el receptor del mensaje sea capaz de comprender. Es como hablar el mismo idioma. Dicho esto, repudio el uso del lenguaje grosero como forma de hacer comunicación, a otros les convendrá y, por ende, son libres de usarlos.
Muchos somos víctimas de permanentes insultos por parte de la senadora Desirée Masi, esa es su forma de comunicarse con quienes no piensan como ella, pero nunca recurrí a los improperios. No hablo su mismo idioma.
Y a esto me refiero cuando defino a los farsantes. Los que se hacen pasar por lo que no son para obtener algún beneficio. Es lo mismo que ocurrió cuando hartamente debatimos sobre la famosa ideología de género. Los que más piden tolerancia y respeto, son los menos tolerantes e irrespetuosos.
Lo dicho por un funcionario de una binacional, cercano o no al presidente, no define precisamente el pensamiento o actuar del entorno. Si ese es el criterio, bien podríamos decir que los seguidores del partido del matrimonio Filizzola-Masi son todos chicaneros, sobrefacturaron en la compra de helicópteros y desembolsaron dinero para comisarías fantasmas o son especialistas en malversación de recursos. Pero sería injusto meterlos en la misma bolsa a un Giuzzio, Arregui, Casañas y otros de ese sector que por sus conductas marcan la diferencia.
Y a propósito de farsantes, apareció Efraín Alegre con el discurso de que "existe un temor por la gente violenta que forma parte de este Gobierno". Vaya ironía, lo dice el mismo que orquestó la contratación de barras bravas para que quemen la sede del Congreso Nacional y el mismo que agredió a policías en la tarde del 31 de marzo pasado. A Efraín le preocupó más y quizás con justa razón, lo que una persona confesó en un video casero en su casa particular, sobre una senadora, pero no dijo una sola palabra cuando el diputado de su partido y de su mismo equipo político, Eusebio Alvarenga, en total estado de ebriedad, corroborado vía prueba de sangre, atropelló a una mujer y se dio a la fuga.
Estas son las personas que mienten y engañan. Son los fariseos de la política, que abundan en todos los sectores, pero menciono a estos por sus recientes intervenciones.
Lo mismo ocurre con un Nicanor, quien sostiene firme el discurso de reivindicador de las clases populares y hasta ahora no puede justificar el origen de su fortuna. Pasa igual con "Calé", atemorizado por un eventual quiebre institucional, cuando fue el mismo actor protagónico confeso de un tremendo fraude electoral.
Y menciono solo a estos actores de la gran farsa de nuestra clase política, porque de los otros ya se encargan los medios y comunicadores que hoy ignoran a sus farsantes favoritos. El reprochable acto de Canillas sirvió también para visibilizar a los hipócritas y falsos moralistas. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.