• Por Alex Noguera
  • Periodista
  • alexfnoguera@hotmail.es

No sé si en la actualidad los días tienen más horas y son mucho más largos que antes o si alguien apretó el botón "FF" (Fast Forward o adelanto rápido) en la película que vivimos. Sea como fuere, la cantidad de información que entra por redes sociales, cable, radio o periódicos, aturde. Es mucha más que antes. Demasiada.

Cuando uno se entera de que dos desquiciadas ataron del cuello a un perro y lo arrastraron con su vehículo hasta matarlo, un alemán le mete seis balazos a otro can y como el animalito no quiere morir la emprende a machetazos para convencerle. Sin darnos tiempo para sorprendernos, vemos que un sádico despelleja vivo a un lagarto hembra que, desesperado, trata de defender la vida de sus hijos aún en forma de huevos, pero en vano. De poco sirven las investigaciones y las imputaciones, los criminales viven en su cómoda burbuja de insensibilidad. Ni se dan cuenta de que lo que hicieron estuvo mal.

Tampoco este desvergonzado político que fraguó una mentira y tras ser descubierto y obligado a confesar la verdad, como castigo solo se le aplicó una multa de G. 12 millones, que para su comodidad puede pagarla en cheque, en efectivo o con tarjeta, en cómodas cuotas. Su cómplice no se queda atrás: a un respetable doctor que firmó un certificado médico de contenido falso todo el peso de la ley se le cayó encima. Como justo castigo debe… donar 10 cajas de leche.

Me pregunto si las cajas de leche deben ser únicamente cajas de leche o también podrían ser de bebida láctea, que es casi lo mismo, pero más barata. Así, el siguiente fraude que haga un médico al certificar la viveza de un muerto o la muerte de un vivo lo podría arreglar de manera más económica y con mayores ganancias. ¿No se dan cuenta de la gravedad de su acción? Parece que no. Viven en su burbuja.

En la misma en la que pululan esos que inflan irresponsablemente el presupuesto del año que viene con aumentos que no se pueden ni deben conceder y que serán pagados por el ciudadano y no ellos. Por ejemplo, autorizaron dinero para esa institución en la que hay un docente por cada cinco alumnos, una respetable casa de estudios que hoy día no se distingue por su excelencia, sino por su corrupción. Me recuerda a esa comuna que tiene un funcionario por cada 69 ciudadanos, en la que los contribuyentes aportan en gran medida para sueldos y no para obras.

El maestro Robin Wood decía que siempre se es generoso con la vida ajena. En este caso, los honorables son generosos con el dinero ajeno y también con la calidad de vida de los que sostienen la carga impositiva. Pero no son "buenos" sin darse cuenta del daño que causan, sino que lo hacen para congraciarse y ganar los votos que les prometen los sindicalistas aburguesados.

La película va demasiado rápida. Habría que bajarle la velocidad. Todos tienen la razón, todos tienen una buena excusa. Hay que analizar, recordar, recuperar valores. Y castigar.

De entre tanta información que llegó esta semana, una historia fue como un déjà vu. Recuerdo que hace como 40 años las comadres del barrio comentaban preocupadas la delicada situación de "Rolando", un perro que hacía dos semanas no abandonaba la puerta del mausoleo donde habían enterrado a su dueño.

Pese a la lluvia, al frío, a la humedad, el mejor amigo del hombre aguardaba a su amo. No comía, tampoco se lo veía beber, por lo que rápidamente comenzó a debilitarse y a adelgazar. Pese a que las mujeres le llevaron primero restos de comida y luego los mejores cortes de carne, "Rolando" no abandonaba su guardia. Poco tiempo después murió, de hambre, de pena, de soledad.

La historia se repitió esta semana con "Nube Viajera", la perrita que fue abandonaba en el aeropuerto de Palonegro en Bucaramanga, Colombia.

El medio Inquirer informó que "La perrita deambuló por un mes dentro del aeropuerto buscando a sus dueños, pero la pena fue más grande". Contó que los empleados del lugar la veían olfateando, buscando por todos los rincones con la esperanza de hallar a sus dueños hasta que finalmente perdió la esperanza y se rindió en una esquina.

A pesar de que primero fue atendida por veterinarios y luego derivada a un refugio, donde trataron de quitarle la pena y su depresión y donde también le aplicaban alimentos y medicamentos vía intravenosa, finalmente "Nube Viajera" hizo su último viaje para buscar a su amo.

No sé si en la actualidad los días tienen más horas o están del revés, pero la gente se comporta como animales y los animales como gente.

Las personas viven en burbujas sin que les importen los demás, enchufadas a pantallas de celulares y de computadoras. Pocos miran y cada vez son menos los que sienten.

Deberíamos volver a la vida, sin película, sin tanta tecnología, a una velocidad que nuestra mente pueda tolerar. Deberíamos recordar que en los prados donde "Rolando" y "Nube Viajera" corren libres no hay tratos deshonestos y que las burbujas allá no llegan.

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