- Por Michel Temer
- Presidente de Brasil
Las medidas de racionalidad y previsibilidad económica han mejorado el ambiente de negocios por medio de iniciativas de desburocratización en los sectores agrícola, de servicios, minorista y comercio exterior. La ley de responsabilidad de las empresas estatales permitió la profesionalización de las empresas públicas. Antes desacreditadas, las empresas estatales brasileñas han vuelto a valorizarse. Del perjuicio de 32.000 millones de reales en el 2015, pasaron a obtener ganancias de 4.600 millones de reales en el 2016 y de 17.300 millones de reales en el primer semestre del 2017. Con el objetivo de promover la productividad, se aprobó la reforma laboral. Sin quitar derechos, la legislación fue modernizada e incorporó a la formalidad a trabajadores antes excluidos.
El éxito de esa agenda ya se refleja en la recuperación del empleo, como el aumento del índice de ocupación. El saldo acumulado del año, según medido por el CAGED (Registro General de Empleados y Desempleados), es de 163.000 puestos de trabajo, en comparación con la pérdida de 448.000 puestos entre enero y mayo del 2016. Según mediciones del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), solo en el tercer trimestre del 2017 se crearon 1.061.000 puestos de trabajo y 524.000 personas salieron del contingente de desempleados. La masa de rendimiento real de los trabajadores aumentó un 3,9% en el 3er. trimestre del 2017 con respecto al mismo período del 2016.
La restauración de la responsabilidad fiscal y el crecimiento económico han permitido aumentar los recursos destinados al área social. Programas antes amenazados por la ruina fiscal se han revalorizado con relación al techo constitucional y a la eficiencia en los gastos públicos. El beneficio del programa "Bolsa Familia" aumentó un 12,5% (después de más de dos años sin ningún reajuste) y la lista de espera fue saldada. El gobierno fue más allá y lanzó el programa "Progredir", que ayuda a las familias beneficiarias a conseguir empleo y crédito y, de esa manera, alcanzar la autonomía. Con audacia, liberé las cuentas inactivas del FGTS (Fondo de Garantía del Tiempo de Servicio) y anticipé la extracción del PIS-PASEP (Programa de Integración Social/Programa de Formación del Patrimonio del Empleado Público), beneficiando a millones de brasileños e inyectando 60.000 millones de reales en la economía.
El presupuesto en salud y educación aumentó. La racionalización de la gestión en salud trajo más recursos a servicios esenciales: 4.000 millones de reales fueron adjudicados a la compra de equipamiento, creación de nuevas unidades y contratación de personal. El programa "Farmacia Popular" utilizaba el 80% de su presupuesto en gastos administrativos. La nueva forma de transferencia de fondos amplió en 100 millones de reales al año los recursos para la adquisición de medicamentos básicos. En la educación, la aprobación de la reforma de la educación secundaria actualizó el plan de estudios de los alumnos según las aptitudes personales y la realidad del mercado de trabajo. El FIES (Fondo de Financiamiento Estudiantil) se revalorizó con 75.000 nuevos cupos y es hoy sustentable. Se adjudicaron 700 millones de reales al fondo, evitando atrasos en la transferencia de recursos. Con el lanzamiento del Satélite Geoestacionario, se dio un paso decisivo en la universalización del acceso a internet de banda ancha en Brasil.
Los resultados muestran que la estrategia propuesta y ejecutada por el gobierno es correcta. Dejamos atrás la crisis y retomamos las vías del desarrollo. Con la convicción de que no hay tiempo que perder, seguiré adelante con la aprobación de la agenda de reformas. El próximo paso será la continuidad de las reformas, que garantizarán la solvencia y la sobrevivencia del sistema, además de eliminar privilegios. La simplificación de la legislación tributaria, otra prioridad, aumentará la competitividad de la producción nacional. Con el apoyo imprescindible del Congreso Nacional, de los trabajadores y del empresariado, estamos poniendo a Brasil de vuelta en su rumbo.