- Por Jorge Torres Romero
- Periodista
"En Senavitat hay licitaciones para casas prefabricadas y se les deja de lado a los oleros. Hay generaciones que viven de las olerías", posteó en su cuenta de twitter el precandidato colorado Mario Abdo Benítez, luego de su participación en un programa radial.
Minutos después la ministra Soledad Núñez le responde: "Estimado senador, la Senavitat incrementó la compra de materiales cerámicos como nunca antes en la historia. Los números son contundentes".
Por supuesto, Núñez ya no tuvo retorno ante la irrefutable afirmación de quien no solo goza de una absoluta confianza y credibilidad, por los resultados al frente de la institución a su cargo, sino porque además es la mismísima responsable de manejar estos números al dedillo.
En esta era de las redes sociales, la radio no solo se escucha sino también se lee y cada afirmación o comentario que uno lanza sabe que tendrá una respuesta. Es por ello que cuando uno improvisa o "toca de oído" se queda cada vez más al descubierto y por lo tanto se exige a quien está del otro lado del micrófono, por lo menos el mínimo manejo de la información para no quedar en evidencia.
Hoy por hoy todo es más verificable y casi toda la información ya está disponible en la web. Los políticos deben aprender que cada día serán más escrutados por la ciudadanía y difícilmente puedan zafar asumiendo poses de estadistas o intelectuales.
La manera más objetiva de medir resultados es observando los números, las estadísticas que son determinantes para que a partir de ellas se establezcan las políticas públicas. Ese discurso vacío generalizado sobre los problemas en educación, salud, viviendas, seguridad, etc., caen en saco roto cuando no están sustentados o respaldados con números y proyecciones o modelos de solución.
Es en este periodo de campañas políticas cuando debe interesarnos escuchar esas ideas o modelos de soluciones a los problemas que tenemos, por parte de quienes se ofertan como opciones electorales, por más de que suenen a imposibles o con alto grado de engaño, porque por lo menos el hecho de que ensayen un discurso coherente y bien armado, acorde a los nuevos tiempos, nos permitirá en el futuro tener elementos para reclamarlos o de lo contrario les sale muy baratas sus mentiras, cuando ni siquiera son obligados a decirlas.
No sé si los debates definen elecciones, pero si sé que es una brillante oportunidad que tenemos los electores para escuchar y observar a los candidatos exponiendo sus ideas y estos eventos los obliga a prepararse y estudiar a fondo y a darse cuenta de que ya no sirven sus frases trilladas cargadas de mentiras que acostumbran a soltar en sus discursos de campaña.
Es también la brillante oportunidad de transmitir un mensaje a la mayor cantidad de votantes. Si un candidato revela su negativa de debatir ante el temor de quedar mal parado, no hace otra cosa que reflejar el temor que tiene por los riesgos que deberá afrontar cuando llegue a ocupar la primera magistratura.
Dice el analista político estadounidense John Avlon, "los favoritos querrán evitar el escrutinio que suponen estos debates, pero estos suponen una oportunidad vital para juzgar a los candidatos directamente y aportar más luz a los duelos por las candidaturas presidenciales".
Si a Mario Abdo le asusta la reacción en las redes tras haber lanzado esos datos imprecisos y disparatados sobre Senavitat, muchos ya entendemos por qué se niega a acudir a un nuevo debate. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.