Por Jorge Torres Romero

Esa imagen viral de un hombre con pinta de militar sosteniendo el paraguas de Santiago Peña y que incluso fue portada de un diario de ayer, nos describe un sinfín de situaciones propias de nuestra idiosincrasia.
Por ejemplo, el vyroreí que acostumbra a ocuparnos atentamente como si se tratase de una cuestión determinante que pone en riesgo la seguridad nacional y en cuanto espacio tengamos, lo debatimos hasta el hartazgo desarrollando todo tipo de teorías y conjeturas, hasta que se nos va el día.
Ese reclamo con pose de intelectual que muchas veces hacemos los periodistas, sobre todo en período electoral, a la clase política, de nutrirnos de ideas y contenidos para elevar el nivel del debate y que ello apunte a una discusión de modelos de país que pretenden encarar cuando conquistan el poder, cae en saco roto cuando nosotros mismos nos detenemos en el vyroreí del hombre que sostuvo el paraguas de un candidato.
Es que convengamos, me incluyo, da gusto pasar el tiempo en esas discusiones estériles, pero que despiertan pasión y la atención de la gente, por ello, seguimos siendo un país eminentemente futbolero, y ocupamos gran parte de nuestro tiempo asumiendo el rol de directores técnicos. Bonita manera de esquivar los verdaderos problemas y hacer pasar las horas en los merecidos recesos de los dramas cotidianos.
¿Qué pasión podría despertar una eventual discusión sobre la entrega de más de 300 casas en un solo día a familias de escasos recursos en Cordillera? Ninguna. Ahora, el tema del ataja paraguas de Peña, es capaz de ocupar dos horas de un programa radial en amplitud modulada y convertirlo en tendencia nacional en redes sociales.
Estamos en el vyroreí y tampoco me excluyo, pero como dicen los sicólogos, difícilmente vamos a solucionar nuestros dramas, si no lo afrontamos ni lo asumimos. Toda chispa de humor que provoque una sonrisa, una carcajada hace bien al alma. Hasta observar la política con humor hace bien. Incluso es mejor reír que llorar. Solo que mientras nos detenemos en un asunto baladí, perdemos de vista aspectos determinantes que podrían contribuir a reconocer mejor como ciudadanos a quiénes elegimos la hora de votar.
No creo determinante desechar a un candidato porque permitió que le atajen el paraguas o porque carga encima el peso de un apellido. Es determinante la visión que el hombre tenga sobre la solución a los problemas del país.
Supongo que la lógica para muchos acerca del hecho noticioso ya no es la entrega de las 300 casas a familias que a partir de ahora cambian radicalmente su forma de vida, porque la entrega de casas ya es un hecho habitual, por lo tanto ya no es noticia, la noticia está en ese hecho novedoso y poco común: el ataja paraguas.
O quizás mañana, la noticia esté nuevamente cuando se hagan adelantos para la construcción de viviendas y las obras nunca fueron hechas, como ha ocurrido en administraciones anteriores.
Es obvio que cada uno establece su orden de prioridades y qué es lo que realmente le importa, mientras para unos lo grave está en quién sostiene el paraguas de Peña, para otros está en cómo conseguir más recursos para hacer frente al déficit habitacional en Paraguay. Es cuestión de prioridades, ojalá que un paraguas no impida a una sociedad observar sus verdaderos problemas.
Y que la fuerza de un debate para influir en las ofertas electorales se traduzcan en proyectos realizables. Si teniendo varios otros puntos vulnerables, desde la oposición pretenden erosionar al oficialismo con el atajador de paraguas nomás, creo ya saber quién será el próximo presidente de la República. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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