• Por Benjamín Livieres Plano
  • Periodista

El monopolio, así como la subvaloración, método por excelencia al que apelan los mayores evasores al fisco, son delitos tipificados y penados por las leyes vigentes. Sin embargo, esto no fue impedimento para que ciertos empresarios recurrieran a dichas prácticas por muchos años, aún en la actualidad, para amasar grandes fortunas en detrimento de las arcas públicas y de los principios más elementales del libre mercado. Este sería el caso de Antonio J. Vierci, propietario del grupo económico más poderoso del país, quien de forma ilícita controla un sinnúmero de productos, entre ellos los perfumes, tributando por estos mucho menos de lo que corresponde, según denuncian comerciantes a los que se les tiene "vedado" participar de una actividad a la que cualquiera debería tener acceso.

"Don Antonio", como le llaman sus subalternos, ya se apropió años atrás de este lucrativo negocio. Primero adquirió "Boston SA", devenida en "AJ Boston", una antigua firma de la familia Jaeggli que no pudo sortear problemas financieros. Y después libró una fenomenal disputa con la mayoría de los importadores del rubro, asentados principalmente en Ciudad del Este, resultando gananciosa su empresa, la cual recibió el "privilegio" de contar con permisos sanitarios que le fueron negados a las restantes, quedando inhabilitadas para comprar y vender este tipo de productos.

Solo algunas firmas logran "zafar" de manera temporal a este monopolio de hecho, merced a la obtención de medidas cautelares, pero la mayoría salió del mercado u opera sin cumplir con esta obligación, lo que las hace vulnerables ante todo tipo de atropellos por parte de los chantajistas de siempre, desde agentes del ministerio público, hasta "periodistas".

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¿Por qué tanto interés en el rubro? Aunque los datos estadísticos son escasos, informes tributarios dan cuenta que anualmente ingresan al Paraguay "perfumes y afines" por un monto de aproximadamente 70 millones de dólares. Pero en realidad la suma sería mucho mayor, dada la tremenda subvaloración, estimada entre el 50% y el 70%, que se registra a la hora de efectivizar el pago de los impuestos. Así, el perfume que en origen (Miami) vale 80 dólares, los responsables de la importación declaran aquí que tiene un costo de 40 o 25, y lo venden a 100, por mencionar un ejemplo, aunque existen marcas que se comercializan a 150 y hasta 185 dólares.

En consecuencia, los márgenes de ganancia son muy importantes, como también la evasión, pues, en realidad, las importaciones de perfumes no serían de 70 millones de dólares, sino cuanto menos del doble y hasta casi el triple.

La pregunta es a dónde va a parar semejante volumen, pues si fuera al mercado interno los paraguayos estaríamos nadando en las más variadas y costosas fragancias. La realidad es que una gran parte compran ciudadanos brasileros que las transportan al vecino país, lo que por cierto no representa un acto ilegal, al menos en principio, pero sí de absoluto cinismo.

Ocurre que cuando se trata de los cigarrillos de su archienemigo, Horacio Cartes, comercializados en condiciones similares, lo denuncia como si se tratara de un hecho de contrabando, lo cual es completamente falso. La venta de dichos productos, al igual que en el caso de los perfumes, se registran en el Paraguay, cumpliendo con todas las obligaciones tributarias. La principal diferencia probablemente radica en que los perfumes no "levantan polvareda" porque Brasil no los produce, en cambio sí cuenta con una poderosa industria tabacalera.

Hay otras aristas que también merecen ser investigadas, como ser, si todas las vetas de AJ Boston están debidamente documentadas bajo el "régimen de turismo" que las rige y que le otorga formidables ventajas impositivas. Por lo pronto, las denuncias de subvaloración y de prácticas monopólicas son dos hechos graves que el ministerio público no puede seguir ignorando.

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