- Por Emma Paoli de Viedma
- Doctora en Ciencias de la Educación
En América Latina la problemática que se genera por la prevalencia de la agenda política, problemas económicos y sociales desemboca en la "crisis generalizada del trabajo". Este es uno de los principales dilemas que debe ser tratado con urgencia por los organismos del Estado, el sector privado y la misma sociedad. No podemos quedarnos en los lamentos y en trabas. Es urgente generar acciones que permitan ir derrotando esa urgencia que sufre la gente. Indudablemente, la educación es un elemento central en esta discusión.
Cabe apuntar que, como señaláramos en un anterior artículo, la OIT y la ONU consignan cifras preponderantes de desempleos, entre los cuales se pueden mencionar que existen más de 200 millones de personas en búsqueda de empleo, 1.000 millones con subempleo, y otras de igual cifra poseen ingresos menores a un dólar diario, en especial mujeres. Observando esto, más que alarmarse, estos datos deberían ayudar a repensar lo que hacemos, planteando soluciones válidas ya que "la crisis generalizada del trabajo" es consecuencia de la "crisis generalizada de valores" y del conocimiento.
Como país, en el que se deben sortear numerosos problemas en el ámbito de la educación, debemos tener un punto de vista constructivo, no destructivo. Una crisis propicia la esperanza e impone nuevos desafíos y es allí cuando la "sociedad del conocimiento" tiene que buscar nuevos pensamientos y nuevas conductas.
¿Dónde se encuentra lo nuevo? Ya dijimos en una oportunidad: Lo nuevo es y será esa capacidad humana que lo hace diferente de los otros seres vivos. Esa capacidad de pensar y accionar siempre debe estar enfocada en la búsqueda incansable del bienestar social para todos, más aún cuando pensamos en el aporte desde la educación en todos sus niveles.
En Paraguay tenemos que pensar en utilizar la capacidad humana primero en nosotros mismos para lograr las capacidades necesarias y así ofrecer a los demás, sobre todo a los jóvenes y niños, mejores oportunidades. Ellos son la esperanza, el presente y el futuro.
Particularmente la educación enfrenta diferentes desafíos en Paraguay. No puede quedar rezagada en cuanto a las oportunidades que ofrecen los avances que vive el mundo. Es necesario analizar qué es lo que nos interesa transformar en nuestra educación. Pero no podemos quedarnos en el simple análisis. Hay que actuar. Y para ello, no podemos dejar de tener una mirada al último nivel del conocimiento: la Universalidad. Allí es donde se gestan las ideas, los cambios, las innovaciones y las transformaciones.
¿Somos los paraguayos conscientes de ello? Esta gran pregunta deberíamos responder inmediatamente, porque ya no hay tiempo solo para la reflexión o para los procesos que en ocasiones solo intentan frenar lo que se intenta hacer. Hacer para avanzar.