• Por Jorge Torres Romero

A partir de los números dados a conocer el viernes por la DGEEC se instalan dos ejes en el discurso del oficialismo y la oposición. El primero cabalga sobre la reducción importante de la pobreza extrema en un año. En el 2015 el número de pobres extremos era de 687.000 , en el 2016 se redujo a 387.000. Es decir, 51% menos. Mientras que el segundo utiliza el aumento de la pobreza total que pasó de 26,58% de la población en el 2015 a 28,86% en el 2016, lo que afecta a 1.949.272 paraguayos.

Pero independientemente a qué discurso utiliza tal o cual sector, el punto que nos debe ocupar para analizar y entender estos números es por qué se dio este aumento de la pobreza total. Y acá no estamos hablando solamente de números fríos y duros, de discursos de oficialistas y opositores, sino de personas, de rostros humanos, de compatriotas que duermen con hambre.

Sostener que todo se hizo mal es un despropósito así como también lo es señalar que todo se hizo de la mejor forma para contrarrestar estos números. Convengamos que este es el peor número que hemos recibido en los últimos 10 años en materia de pobreza, pero también es cierto que Paraguay está en medio de dos gigantes (Brasil y Argentina) cuyas economías se fueron a pique y eso directa o indirectamente nos golpea.

A esto hay que sumarle que hubo un incremento en la población de muestra, que subió de 10.500 a 13.000 hogares encuestados. Esto incluyó por primera vez a la población indígena de todo el país, a fin de mejorar la precisión de las cifras de pobreza. El sinceramiento de los números de pobreza contribuye a un mejor diseño de las políticas públicas que ayudarán a combatirla.

¿Qué hubiera pasado si no se hubiesen aplicado las políticas sociales que se impulsaron cuando económicamente nos golpeó este viento en contra? Solo como ejemplo, se puede mencionar el aumento del 66% en la cantidad de familias participantes en el programa Tekoporã que alcanza ahora a 132.760 familias en situación de pobreza y vulnerabilidad en 226 distritos. Aproximadamente 680.527 personas, miembros de familias participantes, son protegidas por el programa. Más de 317.000 niños, niñas y adolescentes forman parte de estas familias. O también, la inclusión de las comunidades indígenas, 14.202 familias de este segmento de la población forman parte del programa; pasando de un 3% de cobertura al inicio del Gobierno en el 2013, a aproximadamente el 50% de viviendas indígenas cubiertas a nivel nacional.

En este momento político que vive el país es difícil hacer una valoración objetiva y los medios de comunicación, como siempre, poco o nada contribuyen para entender la realidad, sino todo lo contrario, ayudan a la confusión, partiendo de un elemento objetivo (los números de pobreza) para enlodar todo lo que se hizo mostrándonos un futuro incierto, con una lectura pesimista y destructiva que nuevamente hace que los paraguayos tengamos esa percepción de que estamos condenados al fuego eterno y que indefectiblemente no solo el "infortunio se enamoró del Paraguay" como decía Roa Bastos, sino a más de ese enamoramiento, ya hay una como obsesión casi fatal.

Los paraguayos debemos despojarnos de esa obsesión destructiva y concentrarnos en tener una mirada fija hacia un Paraguay del futuro. En donde se construya sobre lo positivo y no sobre lo que nos ata a ese infortunio.

Nuestra clase política construye sus discursos mostrando el fracaso de sus detractores, antes que hacer alarde de sus eventuales virtudes cuando detenten el poder o cómo harán para contrarrestar estas cifras expuestas.

Hay un chip que los paraguayos debemos cambiar, el éxito de uno no se sustenta en el fracaso del otro. Pasa en los gobiernos, nadie fue demasiado malo para no rescatar absolutamente nada, y nadie tan brillante como para repetir exactamente lo mismo. Cuando apuntamos a destruir todo sin rescatar nada, solo destruimos al Paraguay. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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