Países y fabricantes de vehículos afirmaron el 10 de noviembre pasado que están dispuestos a cesar de fabricar vehículos con motor de combustión en 2040, aunque las cinco principales marcas del sector no suscribieron la declaración.
El anuncio se produjo durante la conferencia sobre el cambio climático COP26 de Glasgow, presidida por Gran Bretaña, que aseguró en el texto que los firmantes se comprometían a vender solamente coches con cero emisiones de gases de efecto invernadero a partir de 2040, y “en 2035 en los principales mercados”.
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El objetivo es “lograr normalizar los vehículos con cero emisiones garantizando que sean accesibles, baratos y sostenibles en todas las regiones en 2030″. Sin embargo, ni China, ni Estados Unidos, Alemania Japón o India firmaron el compromiso.
Toyota, Volkswagen y Renault-Nissan-Mitsubishi tampoco estaban en la lista. Ford, Mercedes-Benz, General Motors y Volvo, que ya habían previamente anunciado compromisos para interrumpir la fabricación de coches con motores de combustión interna, sí suscribieron este texto.
El transporte por carretera representa en torno al 20% de toda la contaminación causada por los seres humanos. En un compromiso por separado, Gran Bretaña indicó que planea acabar con la producción de vehículos pesados de diésel, entre 2035 y 2040.
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“Este día representa un momento muy especial (...) gobiernos del mundo entero se comprometen a vender coches, furgonetas y vehículos pesados 100% sin emisiones”, declaró el ministro de Transportes británico, Grant Shapps. Para el director ejecutivo de Greenpeace Alemania, Martin Kaiser, es sin embargo “gravemente preocupante” que los principales países y fabricantes no hayan firmado el pacto.
“Para acabar con el combustible fósil tenemos que cortar con nuestra dependencia. Eso significa abandonar los motores de combustión en favor de coches eléctricos y crear redes de transporte público limpio lo antes posible”, indicó.
Toyota defendió su decisión alegando que su modelo de negocios actual hace “difícil” ese compromiso. Kohei Yoshida, un responsable de la división de vehículos eléctricos de Toyota, explicó a la AFP que había “muchas maneras de “enfocar la neutralidad carbono” más allá del pacto.
Fuente: AFP.
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Europa occidental registró un récord de calor para junio y julio
Europa occidental “experimentó su período de junio-julio más caluroso jamás registrado”, en un contexto de olas de calor repetidas, sequía generalizada e incendios devastadores, anunció el lunes el servicio europeo sobre cambio climático Copernicus.
A escala mundial, los océanos también alcanzaron en julio de 2026 los niveles de calor “más elevados jamás registrados para este mes”, de 20,96 ºC, alimentados por el fenómeno de El Niño y el calentamiento climático provocado por la actividad humana.
“No hemos conocido un clima así en toda nuestra vida y quizás ni siquiera desde el surgimiento de nuestra civilización”, comentó a periodistas Carlo Buontempo, director del Copernicus Climate Change Service (C3S). En todo el mundo, julio de 2026 empató con el de 2024 como el segundo mes de julio más caluroso que se haya registrado, solo superado por el de 2023.
Pero el fenómeno se observa más marcado en Europa occidental, el continente que se calienta más rápidamente.
La temperatura media combinada en este continente para junio y julio alcanzó 21,62 ºC, superando el récord de 2022 y “reflejando la persistencia excepcional del calor” de este verano, según Copernicus.
Junio de 2026 ya había sido un mes de calor récord para Europa occidental.
En tanto, julio registró una temperatura promedio de 22,48 ºC (2,53 ºC por encima de los valores normales para el período 1991-2000), un poco abajo de julio de 2006 (22,54 ºC).
Desde mayo, Europa occidental ha sufrido cuatro episodios de calor extremo, dos de ellos en julio. Esas olas de calor alimentaron una sequía casi generalizada en Francia, España, en ciertas regiones de Alemania y Reino Unido.
Récord en Hong Kong
Hong Kong registró este domingo un récord de calor desde el inicio de las mediciones, en 1884, con 36,9 °C en la sede del observatorio meteorológico en el barrio de Tsim Sha Tsui, estación cuyas mediciones sirven de referencia para toda la ciudad. “A las 15:15 (08:15 GMT), la temperatura máxima registrada en el observatorio fue de 36,9 grados, la más alta jamás registrada desde 1884”, anunció el Observatorio de Hong Kong.
Este récord se debe en parte al tifón Dolphin, que se aproxima a las costas orientales de China. “A medida que el ciclón tropical Dolphin avanza hacia la región de Zhejiang y se dirige hacia el interior, la masa de aire en su periferia seguirá aportando un tiempo extremadamente caluroso sobre el territorio desde hoy hasta el martes”, explicó el Observatorio.
El récord anterior databa del 22 de agosto de 2017, con 36,6 grados antes del paso del tifón Hato.
El Observatorio de Hong Kong utiliza las mediciones de su sede de Tsim Sha Tsui para los anales meteorológicos de la ciudad.
La agencia había emitido una “alerta de fuerte calor”, llamando a la población a evitar las actividades intensas al aire libre.
Se prevé que el tiempo se mantenga “extremadamente caluroso” en los próximos días. Según científicos, el calentamiento climático inducido por las actividades humanas hace que los episodios de calor extremo sean más frecuentes y más graves.
Fuente: AFP.
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Ciudades ante un clima extremo: la arquitectura busca nuevas respuestas en Paraguay
El cambio climático ya no es un desafío del futuro para las ciudades. El aumento de las temperaturas, las olas de calor y los escenarios cada vez más frecuentes de exceso o falta de agua obligan a repensar la manera en que se diseñan y construyen los espacios donde vive la población. Estos desafíos estarán en el centro del XV Congreso Regional de Tecnología en Arquitectura (CRETA), que reunirá a expertos de Paraguay y otros países del 19 al 21 de agosto en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes de la Universidad Nacional de Asunción (FADA-UNA).
La decimoquinta edición del encuentro pondrá el foco en las respuestas que pueden aportar la arquitectura, el urbanismo y la tecnología frente a las transformaciones ambientales. El objetivo será intercambiar investigaciones, experiencias y propuestas capaces de mejorar la adaptación de las ciudades y elevar la calidad de vida de sus habitantes.
Entre los principales ejes figuran:
- el desarrollo de soluciones constructivas sostenibles
- la disminución de la huella de carbono
- el acondicionamiento térmico de los edificios
- la gestión eficiente del agua
- y la incorporación de nuevos criterios de diseño y selección de materiales.
La arquitecta Ana Raquel Flores, integrante de la organización del CRETA, explicó que el congreso analizará particularmente los efectos que el calentamiento global está generando sobre las ciudades y el hábitat construido. En ese contexto, señaló que fenómenos como las temperaturas extremas y las variaciones en la disponibilidad de agua plantean nuevas exigencias para quienes proyectan edificios y espacios urbanos.
Desde la FADA-UNA, el decano José Insfrán destacó el papel que pueden desempeñar la arquitectura, el diseño y la innovación tecnológica para enfrentar estos escenarios. En su visión, la incorporación de nuevas herramientas y conocimientos puede contribuir a desarrollar ciudades mejor preparadas para las condiciones ambientales que se avecinan.
Investigación y experiencias internacionales
Durante las tres jornadas se prevé la presentación de unas 80 investigaciones y seis conferencias magistrales, con la participación de especialistas paraguayos y extranjeros.
Entre las expositoras internacionales estará la investigadora chilena Pamela Smith, vinculada a las discusiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), quien compartirá información sobre los principales debates y avances científicos relacionados con el calentamiento global.
También llegará desde Colombia el arquitecto Ricardo Ramírez, asesor del Ministerio de Vivienda de ese país, para presentar experiencias relacionadas con políticas públicas, vivienda y planificación urbana frente a los efectos del cambio climático.
A su vez, el arquitecto Gerardo Wadel, con trayectoria profesional en España y radicado actualmente en Argentina, abordará soluciones tecnológicas aplicadas a dos de los grandes desafíos urbanos: la gestión del agua y las altas temperaturas.
Formación de nuevos profesionales
El CRETA también tendrá un espacio dedicado a los estudiantes de arquitectura, con talleres orientados a experimentar soluciones frente a escenarios de exceso o escasez de agua y estrategias para controlar la temperatura dentro de los edificios.
Según explicó el decano Insfrán, estas actividades permitirán a los futuros profesionales conocer de primera mano investigaciones e innovaciones desarrolladas en universidades de la región y vincularlas con los desafíos que enfrenta Paraguay.
Las actividades académicas y los talleres para estudiantes se desarrollarán principalmente durante las mañanas, mientras que las ponencias y conferencias magistrales ocuparán las jornadas de la tarde.
Paraguay toma la posta regional
El CRETA nació a finales de la década de 1990 a partir de una iniciativa de docentes e investigadores de universidades públicas de distintos países de la región vinculados con la tecnología aplicada a la arquitectura.
La organización del congreso rota entre las universidades que forman parte de esta red. En 2024, la FADA-UNA presentó la propuesta para llevar el encuentro a Paraguay y asumió finalmente la responsabilidad de organizar esta decimoquinta edición.
La cita académica representa así una oportunidad para poner en debate el futuro de las ciudades paraguayas y regionales ante un escenario climático que exige no solo nuevas construcciones, sino también nuevas formas de pensar el territorio, los materiales, el agua y el confort urbano.
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La nueva inflación del agua amenaza con encarecer servicios y presionar a las economías
El cambio climático empieza a convertirse en un factor de costos para gobiernos, empresas y hogares. Las inversiones necesarias para garantizar agua segura podrían trasladarse a las tarifas y generar una nueva presión inflacionaria.
Durante décadas, el agua fue considerada un servicio básico de bajo costo relativo y con una disponibilidad que parecía garantizada. Sin embargo, el cambio climático está modificando esa ecuación económica. En un planeta en el que los extremos climáticos se vuelven más frecuentes —con regiones que enfrentan sequías prolongadas y otras que soportan inundaciones históricas— el acceso al agua comienza a transformarse en un factor de presión sobre las finanzas públicas, las empresas de servicios y el bolsillo de los consumidores.
Un reciente estudio de la Universidad de Stanford advierte que varias ciudades de Estados Unidos podrían duplicar sus tarifas de agua hacia mediados de siglo debido a la combinación de tres factores: menor disponibilidad del recurso, infraestructura envejecida y la necesidad de ejecutar grandes inversiones para adaptar los sistemas de abastecimiento al nuevo escenario climático.
La investigación, publicada en la revista Nature Sustainability, revela una tendencia que podría repetirse en distintas economías: el cambio climático genera nuevos costos de producción y esos costos terminan trasladándose a los usuarios mediante mayores tarifas de servicios públicos.
El fenómeno representa una nueva forma de presión inflacionaria. Así como el aumento del precio del petróleo encarece el transporte y los alimentos, el incremento del costo del agua puede impactar en múltiples sectores productivos, desde la industria y la agricultura hasta los servicios urbanos.
En Estados Unidos, el valor promedio del agua potable ya aumentó durante las últimas décadas a un ritmo superior al de la inflación, debido principalmente al deterioro de las redes y a la necesidad de renovar una infraestructura que requiere inversiones multimillonarias. Ahora, el factor climático agrega una nueva capa de costos.
El caso analizado por los científicos en Santa Cruz, California, muestra el desafío que enfrentan muchas ciudades: después de aplicar medidas de ahorro y eficiencia, las autoridades deben recurrir a soluciones más costosas, como plantas de reutilización de aguas residuales, nuevos sistemas de almacenamiento y obras para garantizar el suministro en períodos de sequía.
La consecuencia económica es directa: las inversiones necesarias para asegurar la disponibilidad del recurso terminan reflejándose en las facturas de los consumidores.
Paraguay frente al desafío de administrar su ventaja hídrica: Aunque Paraguay posee una posición privilegiada por sus abundantes recursos hídricos, con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita de la región, el país tampoco está aislado de esta nueva realidad económica.
Los ciclos de sequías severas y bajantes extraordinarias de los ríos Paraguay y Paraná demostraron en los últimos años que la disponibilidad del agua puede tener efectos directos sobre la economía nacional. La reducción del calado afectó la logística fluvial, elevó costos de transporte y generó impactos sobre sectores estratégicos como la exportación agrícola y energética.
Al mismo tiempo, las inundaciones recurrentes exigen mayores inversiones en infraestructura urbana, sistemas de drenaje, protección de comunidades vulnerables y mantenimiento de caminos, recursos que compiten con otras prioridades del presupuesto público.
Para Paraguay, el desafío económico no pasa únicamente por disponer del recurso, sino por desarrollar infraestructura suficiente para administrarlo de manera eficiente. La expansión urbana, el crecimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones aumentarán la demanda sobre los sistemas de agua potable y saneamiento.
En este contexto, la gestión del agua comienza a formar parte de la agenda de competitividad de los países. Las naciones que logren anticiparse con inversiones inteligentes en infraestructura resiliente tendrán mejores condiciones para atraer capital, sostener su producción y reducir los impactos económicos de los eventos climáticos extremos.
El cambio climático dejó de ser solamente un problema ambiental. Se convirtió en una variable económica que afecta costos, inversiones, inflación y planificación empresarial. La próxima gran discusión mundial no será solo quién tiene agua, sino quién tiene la capacidad financiera y tecnológica para garantizarla.
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Los océanos del mundo batieron récord de calor en junio último
Los océanos del mundo registraron el mes de junio más cálido del que se tiene registro y podrían batir nuevos récords en 2026, debido al efecto combinado del fenómeno de El Niño y el calentamiento global, anunció este miércoles el observatorio europeo Copernicus. Según los datos del servicio marino del organismo, la temperatura promedio en la superficie oceánica, que cubre dos tercios del planeta, fue de 20,98°C en junio y batió el máximo previo de junio de 2024 (20,89°C).
El primer semestre de 2026 en su conjunto es el segundo más cálido jamás registrado, solo por detrás de los primeros seis meses de 2024. “Las condiciones actuales podrían indicar el inicio de una nueva fase, que nos llevará, una vez más, a territorio desconocido”, advirtió Carlo Buontempo, director del Servicio Copernicus sobre Cambio Climático, citado en un comunicado.
“Con temperaturas oceánicas en estos niveles y El Niño en el horizonte, es probable que veamos cómo se rompen otros récords de temperatura en los próximos meses”, agregó.
Las temperaturas fueron particularmente altas en junio en el centro y el este del Pacífico ecuatorial, la zona que sufre de lleno el efecto de El Niño, un fenómeno climático natural que calienta las aguas superficiales y provoca episodios de sequía, inundaciones y temperaturas récord en todo el mundo.
Así, el océano Pacífico tropical registró su primer semestre más cálido de la historia (26,91°C). Superó por muy poco el récord anterior establecido en 2016.
“Entre los años más calurosos”
Según los expertos, El Niño —llamado así en referencia al Niño Jesús, ya que el fenómeno se observó por primera vez alrededor de la época navideña— podría convertirse, a finales de año, en uno de los más intensos jamás registrados.
“Con la llegada de un año de El Niño (...), cabe esperar que 2026 figure entre los años más calurosos jamás registrados”, declaró Simon van Gennip, oceanógrafo de Mercator Ocean International, durante una conferencia de prensa virtual.
“Aún es imposible decir por cuánto exactamente”, agregó.
En 2024, el último año hasta la fecha marcado por este fenómeno, la temperatura promedio en la superficie de los océanos había alcanzado un nivel récord de 20,9°C, antes de descender ligeramente al año siguiente, según las estadísticas de Copernicus.
Este fenómeno climático natural, que se repite de cada dos a siete años, se suma a una tendencia más profunda de calentamiento de los océanos debido a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
De hecho, los océanos desempeñan un papel regulador del clima al absorber el 90 % del exceso de calor generado por las actividades humanas, en particular la quema de petróleo, gas y carbón.
Ola de calor marina
Desde principios de año, el 82 % de la superficie oceánica mundial ha experimentado olas de calor marinas. Y casi la mitad ha sufrido episodios de intensos a extremos.
El océano Pacífico tropical y el mar Mediterráneo se han visto particularmente afectados.
El Mediterráneo, un mar muy sensible a los cambios atmosféricos, ha experimentado oleadas de calor en prácticamente toda su superficie (98 %) durante el primer semestre, y registró una temperatura récord de 24,34°C en junio de 2026.
El noroeste del Mediterráneo, en particular, se vio afectado por una temporada cálida que alcanzó el lunes un pico de intensidad sin precedentes para la zona, con una diferencia promedio de 5,2°C respecto a los valores normales, informó el martes el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), con sede en Barcelona.
Ese organismo destacó que este récord se debió en gran parte a la ola de calor que acaba de atravesar Europa.
Las oleadas de calor marinas ponen a prueba a las especies marinas menos móviles, llegando incluso a provocar mortandades masivas entre corales, erizos de mar o moluscos, entre otros.
“Es importante monitorear estos fenómenos, ya que tienen repercusiones importantes en el clima”, señaló Van Gennip, y agregó que estas altas temperaturas podrían “aportar energía adicional a la atmósfera” para crear “circunstancias favorables” a fenómenos de lluvias extremas.
Fuente: AFP.