Andrew Ross Sorkin
Las llamadas telefónicas no pararon entre los principales ejecutivos de los Estados Unidos durante el fin de semana. Todas hacían las mismas preguntas: "¿Qué vas a decir públicamente sobre la orden ejecutiva de Trump? ¿Y qué podemos decir al respecto sin convertirnos en su próxima bolsa de boxeo?
En la cena anual del Club de la Alfalfa, en Washington –un asunto privado al que muchos prominentes ejecutivos asistieron el sábado por la noche– una persona contó que fue acorralada por un rival CEO con una pregunta: ¿cómo podía condenar las órdenes ejecutivas del presidente Trump "sin provocar al oso"? Otro se preguntó en voz alta si una invitación para reunirse en la Casa Blanca sería cancelada si hablaba. Y otro se mostró más preocupado por la perspectiva de un boicot hacia los productos de sus compañías dependiendo de la aspereza de sus palabras.
Bienvenidos a la nueva realidad de las corporaciones y los grandes negocios en los Estados Unidos.
El otoño boreal último, John Chipman, director general y director ejecutivo del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, desarrolló la idea de que en nuestro mundo globalizado "toda empresa necesita una política exterior". Ahora, nuestras compañías más grandes también tienen que pensar en tener una política interna y, posiblemente, una política moral también.
Para los ejecutivos de las corporaciones, la decisión de expresarse o no en contra de una política de Trump –tan temprano en su administración– ha sido claramente irritante.
Si bien puede parecer que una oleada de ejecutivos se ha presentado para condenar la orden ejecutiva de Trump sobre la inmigración durante las últimas 48 horas, cada una lo hizo con un sabor y un tono diferentes. Y la mayoría no se hizo pública hasta que algunos de sus miembros rivales o compañeros lo hicieron, ya que buscaban seguridad en los números.
Gran parte de las primeras críticas procedían de la Costa Oeste: Mark Zuckerberg, de Facebook, entró primero y, luego, Tim Cook, de Apple, así como Howard Schultz, de Starbucks, que se comprometió a contratar 10.000 refugiados.
Sin embargo, otras grandes empresas, incluidas las de Wall Street y del sector de bienes de consumo, tardaron mucho más en responder –si es que lo hicieron– debido a las preocupaciones por el rechazo de los reguladores y los clientes.
Y tardaron en responder por una buena razón: los comentarios de Schultz provocaron llamados a un boicot de los partidarios de Trump que lanzaron el hashtag #boycottStarbucks en Twitter. Pero hubo un contragolpe. Por cada tweet sobre el llamado a dicho boicot, alguien más tuiteaba algo como esto: "Hay un #boycottStarbucks dando vueltas porque se están comprometiendo a contratar a los refugiados, ¿sabes lo que eso significa? Es hora de comprar algunos Starbucks".
Coca-Cola no dijo nada hasta el lunes, cuando su presidente ejecutivo, Muhtar Kent, dijo que la compañía se oponía a la prohibición temporal de ingreso de ciudadanos provenientes de países como Irán. Muchas otras grandes empresas han permanecido en silencio sobre el tema, hasta ahora. Entre ellas están Blackstone Group, Disney, General Motors y Pepsico.
Y aunque la crítica (aunque limitada) era real, pocos apuntaron directamente a Trump, por temor a represalias. El comentario más duro de un CEO de una gran compañía que cotiza en bolsa vino de Reed Hastings, de Netflix, quien directamente nombró al presidente: "Las acciones de Trump están perjudicando a los empleados de Netflix en todo el mundo. Esas acciones son tan poco características de los estadounidenses que nos duele a todos", añadió.
(Es fácil suponer que Netflix pronto podría estar en el extremo perdedor del posible plan de Trump de levantar las leyes de neutralidad de red).
Pero la mayoría de los ejecutivos tomaron una ruta más tortuosa. Los textos destilaban cortesía: "Esta orden ejecutiva es una que no apoyamos", se convirtió en el lenguaje adoptado casi universalmente por CEOs.
Por supuesto, hasta el fin de semana pasado, la comunidad empresarial alentó en gran medida muchos de los planes de Trump de reducir los impuestos, eliminar las regulaciones e invertir en infraestructura.
Varias decenas de ejecutivos han encontrado sus caminos en una variedad de grupos para reunirse con Trump y aconsejarle sobre asuntos de negocios, haciéndolo incluso más espinoso criticarlo en público.
Por ejemplo, ahí está Elon Musk. El magnate y el hombre detrás de Tesla y SpaceX ahora tiene un asiento en la mesa en la Casa Blanca para ayudar a asesorar al presidente en las cuestiones de negocios, un rol que esta columna apoyó.
Según todos los testimonios, personas cercanas a Musk dicen que estaba molesto por la orden de Trump, pero ofreció una reprimenda algo tibia en Twitter: "La prohibición general de ingreso a ciudadanos de ciertos países principalmente musulmanes no es la mejor manera de abordar el problema de los desafíos del país".
Gran parte de la discusión entre los CEOs, según lo que compartieron conmigo de forma anónima por temor a represalias por siquiera discutir el tema, fue que en el diagrama de Venn que hicieron sobre cómo tratar asuntos públicos como este, una y otra vez volvieron a la expresión "resultado".
¿Cuál era la mejor alternativa? Un ejecutivo explicó que podría ofrecer un argumento moral justo que se sentiría bien en el momento y que probablemente causaría una serie de abucheos, mientras que potencialmente se exponía a perder cualquier influencia que pudiera tener en el presidente para guiarlo a hacer cosas sensatas en otras áreas. O podría ofrecer una respuesta tímida que aplacara a algunos y no cuestionar el asunto y así no alterar su relación con el presidente.
En ese sentido, Musk usó su cuenta de Twitter para solicitar sugerencias para acercárselas a Trump. "Por favor lean la orden de inmigración. Enmiendas específicas. Buscaré asesoramiento consultivo del directorio y presentaré al presidente".
Dado que Musk ha estado dispuesto a plantear asuntos contenciosos con Trump en el pasado –como introducir un impuesto sobre el carbono– tal vez hablar en persona con él tendrá más efecto que hacerlo en un correo electrónico o en Twitter.
En cualquier caso, las primeras andanadas entre el mundo de los negocios y la Casa Blanca han sido disparadas. Y es muy probable que lleguen al blanco.
Aaron Levie, director ejecutivo de la empresa de almacenamiento electrónico Box, criticó públicamente la orden ejecutiva y escribió en Twitter que tal vez hay demasiada idea exagerada de lo que una empresa que cotiza en bolsa puede decir.
"Hay una extraña mitología que cuando se está en la bolsa no se puede hablar", escribió, "he oído hablar de un montón de inversionistas que valora nuestras posturas".

