Increíble, inentendible, inexplicable. Es difícil de explicar lo que hizo ayer Mauro Caballero de entrada en Olimpia. Cierto, ganó batalla inicial, pero primero hizo un papelón: dejó a Julián Benítez, el mejor hombre franjeado del campeonato (más regular que Mendieta) en el banco de suplentes, para dibujar un horrible 4-4-2, sin movilidad, sin desdoble, sin sorpresas ni desequilibrio.

Hay que ser claros y directos, Julián Benítez le salvó el pellejo a Mauro y a Olimpia en la primera de las cuatro batallas hacia el sueño, que sigue intacto, tras la victoria de ayer.

Nacional, con el estilo de Almeida, le pasó por encima al Franjeado en los primeros diez minutos, a pelotazos, fuerza y contundencia. A los 5 minutos, Leonardo Villagra daba una puñalada en Para Uno, con un misil que sorprendió hasta los reflejos casi infalibles de Barreto.

El equipo de Caballero fue un bodrio en el primer tiempo. Claudio Vargas no pesó como volante por derecha, solo se molestó con Rodi y por izquierda, a Ortiz le cuesta jugar por la raya. Bareiro y Santa Cruz pelearon como pudieron, pero estuvieron muy aislados.

En la complementaria, Julián le dio un cachetazo a Mauro. El desequilibrante delantero entró, movió al equipo, desequilibró al rival en su rol de enganche y a los dos minutos ya anotó el empate, en una jugada que él mismo inició. Un minuto después, el optimista Fredy Bareiro dio vuelta el marcador. Nacional quedó helado hasta el final del partido. Produjo poco y nada para empatar, más aún cuando fue expulsado David Mendoza apenas al cuarto de hora de la segunda etapa.

¿Será capricho? ¿Hubo algún problema en la semana? Hasta ahora no se sabe, lo único claro es que el DT pifió de entrada y se dio cuenta a tiempo.

Pero no todo fue malo, Caballero se jugó por José Cañete, zaguero juvenil, de lo mejor en el fondo decano.

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