Detrás de la carta de los cuatro cardenales, enviado al Papa, se exhibe una muestra abierta de rebeldía, que refleja el descontento de los tradicionalistas en el seno de la Iglesia. Se vislumbra una confrontación mayor entre facciones del catolicismo que ya se había esbozado al momento de la publicación de Amoris laetitia, en abril de este año.

Este tratado, de 260 páginas, es una guía de la vida en familia que propone una aceptación por parte de la Iglesia de algunas realidades de la vida moderna. En él se pide una mirada compasiva, en lugar de crítica, de las "familias heridas" o divididas, y se exhorta a los sacerdotes a tratar con compasión, por ejemplo, a los católicos divorciados y vueltos a casar, alegando que "nadie puede ser condenado para siempre".

El documento pastoral fue considerada "herética" por uno de los cardenales signatarios. En particular, el polémico capítulo ocho de Amoris laetitia, que habla de la posibilidad de que los divorciados que vuelven a contraer matrimonio civil, sin haber conseguido la anulación de su unión religiosa, puedan recibir la comunión.

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