El cambio en el Ministerio del Interior trae consigo nuevos desafíos para quien asumirá el cargo. Ellos están centrados en mejorar el trabajo de la Policía Nacional para brindar de manera urgente mayor seguridad, un aspecto que debe ser considerado prioritario por la situación que se atraviesa y el justo reclamo de la ciudadanía que se ve golpeada por la delincuencia.
Más allá del cuestionamiento por la manera del relevo, no se debe perder de vista que es un momento oportuno para dar un golpe de timón en la conducción de una de las secretarías de Gobierno más importantes, por la implicancia política que tiene y su función de desarrollar un sistema que permita mejorar las condiciones de seguridad.
El presidente de la República, Horacio Cartes, con la atribución que le corresponde, decidió nombrar en el cargo al diputado Tadeo Rojas, depositando en él la confianza para guiar el ministerio en el cumplimiento de la función que tiene.
Rojas jurará como nuevo ministro una vez que la Cámara de Diputados le otorgue el permiso correspondiente, que será en breve, según se ha anunciado. En su primer contacto con la prensa luego de su confirmación como secretario de Gobierno sostuvo que "es una responsabilidad muy grande" y prometió su mejor esfuerzo para "hacer un mejor trabajo".
El futuro secretario de Estado debe asimilar sus declaraciones y tomarlas como eje fundamental de su próxima gestión, en una tarea que no será fácil. Analizar la situación de los cuadros policiales, las estrategias de seguridad, reunir a los mejores hombres a su alrededor para desarrollar una buena gestión, necesariamente son puntos que deben estar en su agenda.
Rojas admitió que una de las principales preocupaciones está en la imagen de la institución encargada de la seguridad. En este punto no se puede desconocer que varios sectores, no solamente político, venían cuestionando con dureza la actuación del reemplazado ministro que, sin bien con mucho ímpetu y esfuerzo, no pudo lograr que el ministerio se escapara de las críticas.
Analizar la situación de los cuadros policiales, las estrategias de seguridad, reunir a los mejores hombres a su alrededor para desarrollar una buena gestión, necesariamente son puntos que deben estar en su agenda.
La situación de los secuestrados en el Norte y la ola de asaltos cometidos por los denominados "motochorros" son dos de los temas urgentes que deben entrar entre las prioridades de acción. El nuevo ministro anunció que revisará "toda la estructura", entiéndase por la misma institución y la Policía, lo que preanuncia eventuales medidas o movidas que a consideración suya sean necesarias para lograr los objetivos que se proponga.
Su anuncio de ser implacable contra los agentes policiales corruptos es de nuevo un mensaje esperanzador porque si persiste el esquema corrupto en los cuadros de quienes deben brindar seguridad, es poco lo que se puede hacer. "No nos va a temblar el pulso", fue firme al referirse a este aspecto. La ciudadanía espera que cumpla con su palabra y que barra con la corrupción policial.
El nuevo ministro del Interior estará condicionado por la manera en que llega al cargo, pero su desempeño y los logros que consiga al mando de tan importante puesto serán, finalmente, lo que le valdrán una calificación.
Por el bien de nuestro país, de la ciudadanía que espera solución al problema de inseguridad, los actores políticos y la misma gente debe dar su voto de confianza al nuevo ministro. Buscar cuestionamientos incluso antes que asuma el cargo hacen suponer que desde el vamos tendrá críticas, probablemente injustas sin verlo en acción, pero que deberá saber sobrellevar esos cuestionamientos y enfocarse en su objetivo principal: lograr que con su trabajo el Ministerio del Interior consolide la imagen cuestionada en este momento. Al final, si esta cartera de Estado, con el ministro que esté al frente, logra un mejoramiento sustancial de los problemas de seguridad, se beneficiará a todo el país, y los calificativos negativos pueden quedar como una anécdota.