Por AUGUSTO DOS SANTOS
Periodista
En política hay una herramienta de representación corporativa que tiene la expresividad de pocos otros recursos y es "la foto de familia".
Es aquella foto que representa la unidad nacional (Bush tras los sucesos del 11S) o la otra que transmite la representación de un nuevo poder (Winston Churchill, Harry S. Truman y Iósif Stalin, Postdam, 2 de agosto, 1945) o esta que sencillamente anuncia componendas (cena de colorados disidentes e izquierda opositora en residencia de Bacchetta, 16 de junio del 2015). En todas ellas hay un elemento común: transmitir a los ciudadanos una certeza sobre determinados acuerdos o posiciones
En el orden local es curiosa la importancia cuasi cabalística que tiene Fernando Lugo para la derecha paraguaya. De alguna manera es el objeto sicológico con el que representan estos sectores (salvo el cartismo) sus momentos de profunda necesidad comunicacional.
Empezando con el sector que hoy preside Mario Abdo Benítez que ha buscado "la foto" con Lugo por dos razones, una pragmática: acuerdos de aquel G15 (grupo que fue encogiéndose como aquellas prendas de algodón cuando el sanforizado no se había inventado) y otra táctica: jugar con los nervios del oficialismo.
Otro que buscó afanosamente la foto con Lugo y logró unas pocas malas fotos con rostro casi enfadado del ex obispo fue Efraín Alegre, quien las necesitaba antes de sus victoriosos comicios internos. Efraín precisaba transmitir al público luguista del PLRA que el ex presidente daba su acompañamiento a este sector y no a Llano.
(Efraín pagó con la misma moneda la mala onda de Lugo luego de la victoria mostrándose indiferente y hasta apartando al más luguista de su entorno, "Pakova" Ledesma).
Hoy en día los que buscan aparecer en la foto de familia son los llanistas que plantean una jugada mucho más inteligente que trataremos de explicar aquí.
Lugo y su cosecha de descontentos
En el fondo a Lugo le caía mal una victoria de Alegre –eso se manejó desde un principio– por una razón muy simple: en tanto y en cuanto Blas Llano representaba el oficialismo que desde la oposición se calificaba como "pro Cartes", Fernando Lugo tenía una amplia chacra colmada de trigo para segar en el campo del descontento liberal.
Por donde fuera, en diversos rincones de la República surgían liberales interesados en una postura más opositora a lo que el luguismo respondía: "Ya vendremos nosotros a darles eso", con la naturalidad de un outsider que llegó a la Presidencia con el apoyo de este sector, o sea, Lugo tenía la ventaja de no ser un extraño para el pueblo liberal.
Pero ganó Alegre
Y complicó la vida a su cosecha de descontentos, ya que Alegre asume con absoluta institucionalidad el decirle a los llanistas: "vengan aquí que aquí está la verdadera oposición a Cartes".
Esto explica por qué, abruptamente, una gira nacional de Lugo que aun podía demorarse meses, incluso hasta el 2017, se precipitó en el tiempo y empezó a desarrollarse ya a partir de agosto.
Obviamente, la sensación de Blas Llano sería aquella del muchacho con la chica más bonita que todos quieren arrebatar.
Pero Llano no es del kindergarten
Sabe cómo se juega este juego y por algo es con "Calé" Galaverna de los tipos más astutos de la política Paraguaya. ¿Qué hace?: pues lanza en la última semana señales sobre su intención de acercarse a Lugo, y caminar juntos hacia el horizonte como Charlot con Paulette Goddard en el final de "Tiempos modernos" (1936).
Esta es una jugada astuta de Llano porque para el público en general se alía con un superopositor lo cual le mitiga el mote de oficialista y a su vez supervisa mucho mejor la intensa tarea de cosechadoras en su "chacra" liberal, al tiempo en que ata a un respaldo externo con buena onda con el PLRA (Lugo) y mejora las posibilidades de performance interna a su candidato Lanzoni cuyo éxito ante Alegre era incierto.
No. No será aburrido el camino hacia el 2018.

