Desde hace cuatro años, su marca -Ofelia Otello- no hace más que crecer. Para esta diseñadora de alta costura, y con una especialización en novias del Instituto Marangoni de Milán, la moda no sólo es su gran pasión sino una herramienta indispensable de expresión artística en su vida.
Entrevista: Jazmín Gómez Fleitas
Ofelia Aquino (32) ingresó al mundo de la moda como muchos otros años atrás: primero, tomándolo como un hobby. Se recibió de licenciada en Administración de empresas en la Universidad Católica y trabajó durante casi ocho años en la empresa familiar. "Siempre digo que la moda, mi pasión, me encontró a mí. Lo mejor que me pudo pasar es trabajar en lo que me gusta; porque no lo considero un trabajo sino un disfrute".
De niña, sus rasgos artísticos ya afloraban. Le encantaba dibujar, y a diario esperaba a su mamá con un dibujo en la mano como obsequio. "Creo que siempre tuve la facilidad con los trazos pero antes eras doctor o abogado; era común que tus padres te dijeran que diseño no era una carrera. Fue difícil romper el molde". Al finalizar el colegio se inclinaba hacia el mundo creativo de la publicidad o el marketing, pero finalmente se metió en los negocios.
Sin embargo, se dio cuenta de su habilidad y durante la facultad empezó a realizar accesorios en cuero, para hombres y mujeres, collares, muñequeras, pulseras, aros, etc. La gente los veía y se los pedía. Hasta que una amiga le pidió que trajera los accesorios a su tienda, y comenzó la aventura. De allí pasó a vender al PAM (Paraguay Alta Moda) y luego, en el Bicentenario, tuvo 'la oportunidad' que tomó como un desafío personal. Una marca le pidió que diseñara toda una colección con accesorios incluidos. ¿Lo mejor? Los hicieron al pie de la letra de sus bocetos.
Ese fue su primer contacto con el diseño de moda, y simplemente le fascinó. Luego, empezó a diseñar ropas casuales, para usar durante todo el día. Abrió una tienda y se dio cuenta de que en el mercado paraguayo, las chicas buscan algo exclusivo y personalizado; así fue que empezaron los pedidos de vestidos de fiesta.
"Cuando te gusta algo, sos curiosa, querés dar lo mejor y hacer lo mejor. Estudié en Art Studium un curso básico que te da todo lo que necesitás en un corto período de tiempo: costura, dibujo, historia de la moda. Luego fui a Espacio Buenos Aires para hacer asesoría de imagen, personal shopper y diseño de vitrinas". Todo esto, durante a la par de la facultad, y más adelante, de su trabajo en la administración de la empresa familiar.
"Cuando miro atrás me doy cuenta que empecé desde cero, bien abajo, y fui creciendo lentamente; aprendí durante todo el proceso y me siento orgullosa de ello", reflexiona. Su primer vestido de novia, le llega así como todo lo demás, a pedido de una clienta. "Lo más lindo de ese momento fue que no era una amiga o una conocida; alguien ajena a mí estaba confiando para que le haga un vestido de novia", recuerda.
Desde ese momento, hace cuatro años, su vida cambió. "Desde ahí empezó el boca en boca. La gente fue acercándose y cada vez más, solo para vestidos de novias. Fue entonces que me dediqué de lleno al diseño dejando de lado el medio tiempo como administradora. Coincidió con un momento personal en el que no tuve otra opción; pasamos por algo muy fuerte como familia y esa habilidad fue la que me dio las ganas para seguir adelante además de poder ayudar un montón a mi familia".
Ofelia Otello
Hoy, su marca es tanto sinónimo de alta costura y confección como de colecciones con una identidad propia, pero no siempre fue así. Recuerda cómo en el colegio eran comunes los chistes debido a su nombre. "A nadie le gustaba Ofelia; pero cuando supe que era un personaje de Shakespeare, decidí usar ese potencial artístico. Como la marca también se encargaba de accesorios masculinos, encontré en Otello (otro personaje del autor inglés) el complemento perfecto para la composición de la marca".
Ahora, recién llegada del curso de bridalwear design (diseño de vestidos de novias) en el Instituto Marangoni en Milán, rankeado en el noveno puesto entre los mejores lugares de estudio dedicados a la moda, nos detalla su experiencia. "El curso tuvo una duración de dos meses, de junio a finales de julio. Fue superpersonalizado y completo. Incluía moldería, costura, dibujo, pintura en blanco y también visitas a diseñadores italianos exclusivamente para el grupo de seis estudiantes que conformábamos. Fue un sueño hecho realidad".
Lo que más le gusta de trabajar con las novias es la conexión especial que se da durante esos meses y el hecho de que cada historia es diferente. "Las novias siempre buscan algo único. Buscan identidad, no sólo el vestido. Eso implica conocerles, conocer su historia". Ofelia, además, escribe en una revista paraguaya especializada en novias donde comparte sus experiencias y consejos para ese día especial.
Sus vestidos de novia tienen el distintivo de que la diseñadora juega con los tonos. Le gusta darle un toque de color piel, marfil, rosa, para crear contrastes con las telas; lo cual, asegura, resalta la tela blanca y enriquece el diseño. "En el país hay básicamente tres estilos de novias a mi parecer –explica-. Las clásicas, que quieren cosas puntuales pero de repente se animan a darle algunos toques. Las libres, que se animan a usar colores o vienen con ideas creativas que rompen lo convencional. Y finalmente, el tercer estilo, que es una tendencia muy de moda: el boho. Una mezcla entre lo bohemio y romántico".
Su trato es muy personalizado. "Primero, tengo una conversación previa con la novia para que sepa cómo trabajo y luego, si acepta, empezamos a trabajar juntas. Lo más importante para mí es liberarles del estrés que puede conllevar un evento así. Quiero que disfruten del proceso conmigo. Les pido que traigan su playlist y que se animen a impregnar su identidad en el vestido". Ofelia las acompaña hasta el día de la boda, y llega cuando la novia ya se está maquillando o peinando para asegurarse de que todo salga perfecto.
"Ya me pasó que el vestido se manchó con maquillaje o que una novia cambió su zapato a último momento por uno más cómodo para hacer un baile especial, y había que acortarlo porque la diferencia era muchísima (risas). Me gusta que ellas estén perfectas porque ese vestido que visten es mi firma en ellas".
Su inspiración la toma de sus diversos diseñadores favoritos, pero si tiene que elegir a uno, menciona a Alexander McQueen. "Él para mí no hacía ropa, hacía arte. Era una expresión artística. Me encanta eso. Me encanta poder expresar algo con mis diseños y generar una reacción, una emoción, una pregunta. Creo que es lo que cada diseñador busca en su vida. Todo ya está inventado pero es la visión de uno la que va cambiando y generando cosas nuevas. Es la magia de hacer lo mismo pero de manera diferente".
Es por eso mismo que, en busca de seguir explorando su identidad personal, tiene planeado el lanzamiento de su colección primavera-verano 2016/2017 para antes de noviembre. ¿Un avance? Su inspiración se basa en el concepto del contraste que genera en nosotros la belleza de la naturaleza con el daño que le hacemos. Eso se verá en los cortes y estructuras vanguardistas que está preparando.

