Paraguay está sufriendo dolor por culpa de criminales que atacan para dar muerte y generar terror. Más que nunca, es preciso que todos los paraguayos ahondemos fuerza para lograr vencer a quienes enlutan al país. Para ello debemos considerar varias cosas.

La seguridad del país no es un botín político, por lo que debe ser un tema analizado a profundidad, dejando de lado los discursos y las estrategias de campaña, para definir con mucha responsabilidad el camino que se debe seguir.

Los lamentables y dolorosos hechos que ocurrieron el fin de semana en el Norte, que enlutan no solo a ocho familias, sino a todo el país, tienen que ser tomados con delicadeza y no ser utilizados como elementos políticos para lograr beneficios que solo tengan como objetivo tratar de demostrar que lo que se ha realizado hasta ahora no sirve para nada. Para el Gobierno, a decir de sus autoridades, la reacción de los grupos criminales tiene relación al trabajo que están desarrollando los elementos de seguridad. Un combate no se gana retrocediendo, sino apuntalando las acciones que se llevan adelante para que sea más fuerte en todos los campos.

Está demás decir que en estos momentos de dolor, debemos recurrir a la unidad ante que a la división, sobre todo en los ámbitos de los poderes del Estado y en la política. No será posible derrotar a quienes enlutan al país con peleas o divisiones de los actores principales. Es urgente que se hable, con sinceridad, sobre las acciones que cada uno de los estamentos del Estado deben desarrollar para vencer en esta guerra sin cuartel.

La responsabilidad no solo recae en un Poder. No solo está en lo que pueda hacer el Ministerio de Interior y los organismos de seguridad. La responsabilidad está en lo que tiene y debe hacer cada Poder, el Judicial investigando y castigando con toda la fuerza de la ley a quienes están detrás de estas violentas acciones, y el Legislativo, además de ejercer un control, dotando al Ejecutivo de las herramientas necesarias para que en el campo de acción se ejecuten las estrategias establecidas.

Cabe señalar que una de las acciones emprendidas para el combate a los criminales fue la creación de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), integrado por policías y militares. Si bien es cierto, la gente reclama más resultados, no se puede desconocer que el trabajo desarrollado por este cuerpo de seguridad también logró sus frutos, como la desarticulación de algunas bandas delictivas y varias bajas de los grupos criminales. Sin lugar a dudas, hay mucho para hacer aún y el combate al narcoterrorista autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) debe ser uno de los principales objetivos no solo de esta fuerza, sino de todo el país.

Pensar en la desaparición de una fuerza de élite, con sus luces y sus sombras, es un error político y mediático que se cometerá, porque con ello los que saldrán ganando son los criminales que están enlutando al Paraguay. Eliminar a la FTC, como pretende un grupo de parlamentarios, será como retroceder en la lucha y eso no puede ser permitido, más aún ahora cuando la búsqueda debe ser más fuerte y consistente.

Al llamado de evitar esta propuesta se han sumado gremios de la producción, de la ganadería y de la industria, que son los que sostienen económicamente la zona norte del país. Es necesario escuchar las voces de todos los sectores. Se argumenta que se ha escuchado la postura de organizaciones sociales que piden suprimir la FTC, pero los legisladores no pueden hacer caso omiso a los gremios mencionados, que consideran que con la eliminación se dejará sin protección a buena parte del territorio, porque se ha demostrado que la capacidad de la Policía no da abasto para un combate tan complejo como el que se libra con el EPP y otros grupos criminales.

Indudablemente deben ser analizados muchos factores y las audiencias públicas programadas pueden ser escenarios ideales para escuchar todas las voces. Ahora, no deben convertirse en estadios en los que primen los criterios exclusivamente políticos. Se tendrá que analizar el aspecto de la seguridad y no las posturas políticas, porque si así fuera será una pérdida de tiempo. Y tiempo no es lo que precisamente se tenga en este momento.

En el ámbito político, además, el tema de análisis debe ser también el de la seguridad, y no cuestiones políticas que pueden estar ligadas a intereses electorales. La ciudadanía es testigo que desde algunos sectores se plantean temas netamente por un afán político con un claro objetivo que no está en la imperiosa necesidad de la población, sino mirando las elecciones generales del 2018.

Paraguay necesita en este momento que sus representantes analicen la situación con responsabilidad y no con un criterio político interesado. Ojalá prime la razón y no se tome el tema seguridad como un botín político.

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