Inexplicable. De la noche a la mañana, los dirigentes campesinos decidieron concluir las conversaciones con el Gobierno por la renegociación de la deuda del sector rural con las entidades crediticias. Este portazo echa por tierra meses de negociaciones, horas interminables de reuniones, intentos vanos de reingeniería crediticia que acaba de esta forma prácticamente en la nada.

La decisión representa un golpe y un severo revés para los negociadores del Gobierno que ven cómo se diluye entre las manos las interminables jornadas en busca de una solución al conflicto. Conflicto que –cabe recordar– estalló en abril pasado con una inédita serie de movilizaciones de los labriegos en Asunción que desembocó en que referentes del sector público se sentaran en una misma mesa con los representantes campesinos.

Durante largos cuatro meses, ambos sectores habían pautado cada uno de los puntos a tratar y todos los planteamientos, o al menos la gran mayoría de ellos, habían sido concedidos por el Gobierno. Todos estos planteamientos giraban en gran medida en la refinanciación de la deuda que habían contraído los labriegos con entidades financieras y de crédito. Según las cifras del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) la lista de campesinos que serían beneficiados con esta reestructuración ascendía a 20.538 personas, lo que representaba un monto global de 179.165 millones de guaraníes (alrededor de 32 millones de dólares). Un monto por demás considerable.

En resumen, el compromiso de abril constaba de dos puntos esenciales: la posibilidad de resarcimiento para proyectos productivos, y, segundo, el proceso de análisis de deudas (públicas y privada) a ser reestructuradas. Ambos aspectos fueron cubiertos, pero aún así devino la noticia menos esperada.

Pese a las gestiones hechas por el Ministerio de Agricultura, el Crédito Agrícola de Habilitación y el Banco Nacional de Fomento (BNF), las conversaciones se cortaron de manera abrupta y con un cambio suspicaz del discurso, o de la exigencia: ahora los campesinos (o sus líderes) ya no quieren reestructurar su deuda, sino que exigen una condonación. Y realizan esta exigencia olvidando que hace apenas cuatro meses habían firmado un documento que acordaba le procedimiento de refinanciación de sus cuentas y que las mismas iban a ser compradas por el BNF.

Para anunciar el quiebre, la dirigencia rural no ha tenido en cuenta la mala predisposición de sus líderes, que han consentido la aparición de inescrupulosos que intentaron aparecer en la nómina de los beneficiarios para recibir la refinanciación.

La depuración agregó algo de demora al proceso, pero el cronograma y el cumplimiento del acuerdo aún se manejaban dentro del margen de tolerancia. Sin embargo, todo eso quedó ahora en agua de borrajas por la intempestiva decisión dada por los campesinos que, sin miramientos, incluso redoblan su apuesta al anunciar que retomarán las movilizaciones a partir del 20 de septiembre próximo.

Este nuevo conflicto que se avecina se debe en gran medida a la escasa predisposición y la enorme falta de voluntad que han mostrado ciertos dirigentes y muestra de ello es que el lunes último los líderes no acudieron a una reunión clave en el BNF.

En esa reunión debían tratarse aspectos tan básicos como la condición de deudor ante Informconf y el requerimiento de un codeudor para poder acceder al beneficio. Pese a la importancia de estos puntos, la dirigencia no acudió al llamado y argumentó que la convocatoria no fue oficializada, pese a que en los diferentes medios masivos de prensa se habló hasta el hastío de la misma.

A pesar de la apertura que mostró el Gobierno a través de sus diferentes negociadores, al avance que tuvieron las conversaciones y que aún así se haya producido la ruptura lleva a pensar que detrás de este quiebre no hay un genuino interés en rehabilitar a los campesinos como sujetos de crédito, sino más bien una intención política.

A nadie escapa que hay liderazgos dentro de las organizaciones campesinas que manipulan a la masa, haciéndoles creer que es factible que el Estado se haga cargo de la deuda contraída por los pequeños productores. Lo cierto es que este quiebre deja constancia de la nula capacidad y voluntad del sector campesino en arribar a verdaderos acuerdos; solo así se explica que hayan pisado su palabra respecto al acuerdo de hace 4 meses.

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