Por Jorge Vera

Enviado especial

No fueron catastróficos, fueron inolvidables. No fueron perfectos, pero brillaron. Rio 2016 se despide con más buenas que malas. Con muchas más buenas que malas. Y les dice alguien que se quejó todos los días del pésimo sistema de transporte de prensa y que tranquilamente puede escribir este artículo desde una posición más irritante.

Pero dentro de la situación política y económica que reinan actualmente en Brasil, Rio 2016 puede sentirse orgulloso de haber cerrado unos Juegos inolvidables. En la previa nos pintaron el fin del mundo, sin embargo, terminó siendo un espectáculo memorable. El zika, la inseguridad, las amenazas terroristas, el transporte público, las aguas de Guanabara, los escenarios sin terminar. Si, hubo falencias. Hubo robos –no el inventado por Lochte- y hubo deficiencias que pudieron ser evitadas. Tuvimos las piletas de clavados y waterpolo con un extraño color verde. Las tribunas se encontraron con poco público en varios eventos y algunos atletas se quejaron de ciertas condiciones de la Villa. Y de yapa, un integrante del Comité Ejecutivo del COI fue arrestado por reventa de entradas.

Pero el deporte y su majestuosidad siempre superan todo. Los brasileños le pusieron empeño y crearon –dentro de sus posibilidades- un clima de fiesta. Rio quedará en la historia por despedir a Phelps y recibir a Simone Biles. Lo del norteamericano y sus 23 medallas de oro significó una demostración más de su grandeza instalada para la eternidad. Volvió a enamorar y volvió a conquistar. Su legado es de los más importantes de la historia del deporte.

Usain Bolt arrasó con la Cidade Maravilhosa y fue show + triunfos + locura. Todo en una sola persona. Carismático como el sólo. Capaz de ganar y divertir, de colgarse el oro y bromear. Capaz de ser Usain Bolt.

Simone Biles volvió a rememorar los tiempos de Comaneci. Fue tan humana –al igual que Phelps- que en la viga de equilibrio se equivocó y quedó tercera. Ganó 4 oros. Sonrió todo el tiempo. Esta chica de 19 años y de 1 metro 46, sencillamente enamoró.

La Generación Dorada, esa de un país tan resistido a veces, dejó en claro que los valores son tan o más importantes que la victoria. Scola se dio el lujo de corregir al Diario Olé con aquel inolvidable "no entendieron nada de nada" y ofreció el mensaje correcto de deportividad. Ginóbili se fue llorando y nos quebró el alma. Ese puñado de hombres se despidió con el reconocimiento y el respeto de todos.

El episodio de espíritu olímpico entre Nikki Hamblin y Abbey D´Agostino y el de Derlys Ayala y Federico Bruno. La selfie de las coreanas (una del Norte y la otra del Sur). El mano a mano final en salto con pértiga entre Da Silva y Lavillenie. Las lágrimas de Neymar. Serginho emocionado mientras vivía un cuento de hadas. Del Potro, Fiji, el gran Bradley Wiggins y Mark Cavendish, Ledecky y Katinka, Elaine Thompson. Inmortales todos.

Fueron los juegos digitales. Más de 25 millones de visitas a la web y más de 2 billones de streamings para seguir las competencias. Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat. Lo que espera digitalmente a Tokyo 2020 es inimaginable. Y eso que estamos a tan solo 4 años.

Rio de Janeiro fue elegida en medio de otro escenario. Brasil era la creciente potencia económica de América y se mostraba fuerte frente a la debacle europea. Pasaron los años y la situación cambió. Con el presupuesto recortado al máximo y con malabarismos de por medio, la organización lidió para llevar adelante un compromiso asumido. Y lo hicieron bien. Las predicciones apocalípticas no fueron tales y Rio 2016 –insisto- con más virtudes que defectos, dejó en alto su nombre. Por todo esto y por estos 15 días maravillosos, bien cabe un Valeu Brasil!

Los nuestros

Marcelo Aguirre: consiguió su primera victoria en sus terceros Juegos. Cayó frente a un 52 del mundo en el segundo partido. Se notó la diferencia. A pesar de su preparación en Europa, se necesita de más circuitos, de mayor competencia de alto nivel durante el año.

Verónica Cepede: cayó en primera ronda ante una jugadora inquietante del circuito. Niculescu ha derrotado a tenistas top con su derecha basada única y exclusivamente en el slice. Desorientó a la paraguaya que abusó de buscar por allí. Es el momento del despegue definitivo de una jugadora potente que asoma al Top 100.

Paulo Reichardt: quedó último y suena duro. Su arranque fue interesante. Lastimosamente no lo pudo sostener. Paulo tuvo que venir a Brasil para entrenarse. En Paraguay no tiene campo de tiro para entrenar todo el año (en 2 meses se inaugura uno en la sede del COP). Fue un premio a su carrera como deportista.

Benjamin Hockin y Karen Riveros: al igual que en Londres, no pudieron superar sus marcas. Merece una revisión a lo realizado y mejorar para llegar con todo al Mundial de pileta corta. Hockin todavía tiene alegrías para brindarnos y Karen puede luchar –tranquilamente- por un lugar en Tokyo (seguramente con Majo Arrúa, de seguir en este camino ascendente).

Carmen Martínez y Derlys Ayala: en días complicados donde todos estuvieron por encima de sus registros, se destaca que finalizaron el largo recorrido de 42kms 195mts. Cumplieron su sueño olímpico luego de clasificar con marca requerida. Mención más que especial para el gesto de espíritu olímpico de Ayala para con su colega argentina Federico Bruno.

Arturo Rivarola y Gabriela Mosqueira: metieron cuartos de final y se lucieron en jornadas inolvidables. Arturo dejó, volvió y clasificó a Rio. En su primera participación se ubicó entre los 24 mejores. Gabriela es sinónimo de lucha. Mujer paraguaya. Culminó 19 y aún tiene mucho por dar.

Fabrizio Zanotti: faltó poco para meterse en el Top Ten. Tuvo una segunda jornada que lo alejó de los puestos de vanguardia. De continuar en este camino competitivo, Fabrizio será siempre una carta interesante.

Julieta Granada: tildar de decepcionante su participación sería injusto. Si, su actuación fue mala. Lejos de lo esperado. Pero Julieta nos ha dado tanto (medalla de oro en los Odesur 2014 incluída) que estoy seguro, se levantará de este traspié.

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