Por: Emmanuel Báez Rodríguez
@mrtenno
Soy un tipo terco y orgulloso, y eso ya me dio problemas de pareja en más de una ocasión; pero creo que de todas las veces que no hice caso a alguna sugerencia o pedido de mi novia, uno de los mayores arrepentimientos es no haber comprado antes el fular portabebés. Me lo venía diciendo desde varios meses antes de la llegada de mi segunda hija, y por razones varias lo iba posponiendo, hasta que llegó el día en que se hizo más que necesario probarlo.
Se trata de una alternativa al portabebés tradicional cada vez más abrazada por papás en todo el mundo; ya que supone una forma mucho más segura de transportar a la criatura que además ofrece varias ventajas por sobre las demás opciones. Mi novia me mostraba videos y fotos y yo no le daba suficiente importancia; pero cuando mi beba cumplió dos meses, fuimos a la casa de una señora que importaba los productos, con la intención de ver por qué se hablaba tanto de ellos.
Al principio no estaba convencido, pero luego de comprarlo me di cuenta de que tendría que haberlo hecho antes. Es mucho más cómodo que un portabebés tradicional, y es así también más sano para todo su cuerpito en desarrollo. Durante varios de los meses siguientes lo usé en muchas ocasiones, especialmente cuando tenía que ir al supermercado a hacer las compras y quería sacar a pasearla un poco. Afortunadamente, siempre se comportó bastante bien estando en el fular, observándome mientras hacía las compras sin llorar por querer agarrar algo.
Sentirla tan cerca realizando actividades comunes fue una experiencia que me hizo enamorarme más de ella; aunque en retrospectiva, hubiera deseado haberlo hecho muchas veces más. Ahora, con un año y cuatro meses, está más inquieta que nunca, y la última vez que la llevé al supermercado usando el fular -que fue hace un par de semanas-, ya sentía que tenía unas ganas de saltar y empezar a recorrer ella misma los pasillos. No me creó ningún problema; sin embargo, desde que empezó a caminar, parece que está a unos pasos de escalar lo que sea que tenga en frente.
Lo mejor de este invento es la posibilidad de potenciar esa conexión entre padres e hijos de una forma bastante rutinaria. Un papá o una mamá pueden ponerse a limpiar la casa y tener al bebé a cuestas, y eso es algo que cada vez hace más falta, en una sociedad donde los padres deben trabajar cada vez más tiempo fuera de casa. Hay pocas cosas tan relajantes como sentir al bebé bien cerca; entre ellas, lograr que se duerma con uno de vez en cuando en la menor cantidad de pasos, pero de eso hablaremos en otra ocasión.