Por: Javier Barbero
Tal vez lo más importante de esta facultad mental sea su aspecto creativo. Podemos imaginar e inventar sin límite alguno, sabiendo que no tiene por qué ser algo real. Aquí radica uno de los más grandes legados del género humano: el arte. Sin imaginación no existiría la expresión artística. Tampoco existiría el progreso, pues no habría inventores ni investigadores, que fundamentan su trabajo en la imaginación.
Mediante la imaginación podemos «ver sin ver»; es decir, somos capaces de reproducir en imágenes todo cuanto queramos, ya sea real o falso. Lo mismo podemos repasar en nuestra mente la configuración de nuestra casa, aunque no estemos en ella, como si contemplásemos una fotografía, que inventarnos algo fantástico como un rinoceronte azul con rayos que salen de sus ojos.
Cuando hablamos de la imaginación no acostumbramos a ser conscientes de la magnitud de un término que representa nuestra capacidad de salir de lo limitado, de lo conocido. Tal vez es así porque nos han vendido que aquello que imaginamos pertenece al terreno de la fantasía, algo que no puede existir en nuestro mundo real. Curiosamente, en cambio, imaginar como herramienta creativa que permite materializar sueños es un concepto usado continuamente por aquellos que nos venden sus propios sueños, aquellos que desean dirigir nuestro mundo interno y externo.
No es un secreto que para crear cualquier cosa dentro de nuestro universo práctico necesitamos imaginarlo antes o, al menos, que otros lo imaginen por nosotros, como hacen los catálogos de muebles cuando alguien decide cambiar la decoración de su salón. La verdadera confusión se establece cuando no somos conscientes del proceso creativo y creemos que un sueño es irrealizable por el simple hecho de que aquello que deseamos no parece existir o responder a la lógica del mundo común.
Un mago es capaz de encarnar lo posible porque juega con la ilusión, con la mirada. Algo así nos ocurre cuando activamos nuestros propios procesos creativos. Somos magos poderosos afectando desde nuestro estado a un universo ilusorio formado de átomos y espacio vacío. Gracias a la cuántica, sabemos ahora que todo existe más allá del universo o la realidad que captamos desde nuestra visión limitada y programada para ver solamente lo que creemos. También nos cuenta la física más avanzada que el ojo del espectador afecta siempre el comportamiento de los electrones que conforman la escena. No hay duda entonces: Aquello que soñamos es tan real como nuestro propio universo físico de experiencia y lo que necesitamos entonces es conocer la forma de materializar cada sueño con amor y con propósito.