El diálogo y el consenso siempre serán las mejores herramientas cuando se desea trabajar para lograr el bienestar común. Este paradigma se da en todos los ámbitos, y no puede dejar de ser también principios elementales en la búsqueda del camino que permita una mejor calidad en la educación del país, como exige la ciudadanía toda y, en especial, los jóvenes estudiantes que se movilizaron dejando una alerta roja.

Las revueltas estudiantiles del año pasado y este movieron la estantería del Estado y la conciencia ciudadana, e instalaron la imperiosa necesidad de focalizar esfuerzos para que la educación sea uno de los ejes principales del desarrollo y crecimiento del país.

Además de imprimir un espíritu fuerte en sus reclamos como es característico de los jóvenes, los estudiantes lograron con su lucha crear un ambiente sumamente interesante para el diálogo entre todos los sectores.

A partir de las nuevas determinaciones adoptadas en el ámbito de la educación, tras las tomas de colegios, se ha notado un clima mucho más tranquilo, tanto desde el punto de vista político así como interno en el MEC, incluso con los sectores gremiales.

En el papel que se comprometieron cumplir, los estudiantes siguen siendo actores importantes para el control del compromiso del Estado para tratar de solucionar con urgencia los graves problemas en las instituciones educativas, sobre todo en lo que se refiere a infraestructura.

El Ejecutivo ha declarado para ello estado de emergencia, que permite desarrollar las acciones que hagan falta para paliar la delicada situación en la que se encuentran algunos locales escolares y secundarios. El mejoramiento de las condiciones de infraestructura es una arista muy sentida e importante en el complejo armado de buscar una mejor calidad educativa en el país. Pero no la única.

La situación de los docentes del país también debe ser considerada de emergencia. Los niveles salariales de los maestros siguen siendo muy bajos, obligándoles a situaciones que ningún docente tendría que pasar.

Esta situación genera un grave problema en el sistema, ya que además de un salario disminuido, los encargados de la educación de miles de niños y jóvenes, muchas veces deben deambular de una institución a otra para tratar de sumar sus ganancias para llegar a fin de mes, limitando así la energía que tendrían que imprimir en las aulas.

Este acercamiento entre el MEC y los gremios docentes, siempre y cuando esté ajustado a lo que establecen las leyes y no sea para extorsión de ningún lado, es muy sano para lo que se pretende de cara al mejoramiento de la educación.

A decir del ministro de Educación y Cultura, Enrique Riera, la institución está de acuerdo con que la educación merece un mayor presupuesto y que será una justicia que los docentes y trabajadores de la educación pública gocen de mejores salarios, un reclamo que viene de hace mucho tiempo.

La afirmación la hizo durante un encuentro con dirigentes de la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay (OTEP-Auténtica), gremio que plantea una serie de reivindicaciones para los docentes. De acuerdo con datos del MEC, en sus dos meses de gestión, Riera se reunió en varias ocasiones con dirigentes gremiales para escuchar las realidades de los maestros y establecer acciones para mejorar la situación.

Este acercamiento entre el MEC y los gremios docentes, siempre y cuando esté ajustado a lo que establecen las leyes y no sea para extorsión de ningún lado, es muy sano para lo que se pretende de cara al mejoramiento de la educación. Además, cabe recordar que es una exigencia de los propios estudiantes que piden dejar de lado las diferencias para pensar solo en cómo lograr una mejor calidad educativa.

"Hay necesidad de diálogo permanente y lo más franco posible", enfatizó el ministro en relación al acercamiento con los gremios. Algunos pedidos de la OTEP están centrados en la no persecución sindical, la mejora de presupuestos, la carrera docente, el blindaje del 50% del salario y la recuperación de unos G. 37.000 millones sobre una demanda de recuperación salarial.

Independientemente a los reclamos puntuales de este gremio o de otros, lo importante es que prime el diálogo para un bien común, el de lograr una mejor paga para el sector educativo, que no solo depende de una buena voluntad del Ejecutivo, sino también del Parlamento, donde se analiza el presupuesto.

Mucho tiempo se ha esperado para que un reclamo justo del sector docente sea debidamente atendido. Debemos considerar que en la medida de que exista un diálogo sincero, un análisis acabado de la situación real entre el MEC y los gremios, será posible que estos dos polos siempre opuestos logren acuerdos que permitan un mejor futuro.

El MEC y los gremios sindicales de educación deben seguir el camino del diálogo para unir esfuerzos y lograr consensos que permitan argumentos sólidos e irrefutables ante la clase política, que, nos guste o no, finalmente tiene la potestad de mejorar el presupuesto para el sector. Esto permitirá, seguramente, un mejor panorama para un merecido ajuste salarial docente.

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