Asunción Giménez: "Estoy tranquila en mi casita, aquí mismo donde entró Francisco a saludarme. Este es el lugar donde pisó el Papa. ¡Qué emoción tremenda fue aquella!", dice mientras dora carne de cerdo en una olla sobre el brasero.

"Te preparé mbeju y sopa, le dije, y el no quería. Voy a tomar un mate, me dijo y así fue", recuerda. "Estaba muy emocionada, me dio la bendición… para mí es como un Dios", confiesa mientras echa el puré de tomates en la olla y lo esparce con cuidadosos movimientos.

"Tengo un cartel grande con la foto de ese día, que me llevé a Limpio, a la casa de mi hijo, ahora cuando tuvimos que salir", cuenta ahora abrazando a su bisnieta Mayra, hija de su nieta Fátima, las que cuidan de ella como un tesoro.

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Hubo que trabajar para reparar la casita, cambiar las aberturas, volver a pintar, el paso del agua es notorio, deja marcas en las paredes, pero también en la gente. "Ojalá tengamos una solución a este problema, yo sigo rezando para eso, porque es incómodo tener que entrar y salir… estamos ya acostumbrados, pero sabemos que se pueden hacer cosas para estar mejor", expone.

Los vecinos están regresando a sus casas después de la gran inundación, hasta la humilde capilla donde rezó Francisco quedó bajo agua. Silveria Cuéllar acomoda el mobiliario y reflexiona: "Él (Francisco) nos dijo: 'Estas son sus tierras y nadie los puede sacar', no me voy a olvidar nunca", dice la mujer.

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