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El anodino edificio de ladrillo satinado a la altura del Número 5 de West Chang'an Avenue, cerca de la plaza de Tiananmen, en Pekín, no da indicios de lo que sucede en su interior. No tiene una placa de bronce que divulgue o anticipe su propósito.
En una oficina en una de sus esquinas, una manoseada tarjeta dice que la recepción del Departamento de Propaganda del Comité Central del Partido Comunista atiende martes, jueves y viernes, de 8:00 a 12:00. El personal solo recibe a funcionarios del Partido Comunista y guardias armados cortésmente rechazan a otros visitantes.
En inglés, el Departamento de Propaganda se llama a sí mismo el Departamento de Publicidad, una traducción adoptada en la década de 1990 después de que se dio cuenta lo mal que sonaba la traducción literal. Es a la vez secreto y enorme. Y ahora está en el centro de los esfuerzos del presidente Xi Jinping para aumentar su control sobre el partido, los medios de comunicación y las universidades. También se encuentra en el corazón de las luchas internas entre facciones que incluyen a Xi, a su jefe de lucha contra la corrupción y a los aliados de sus dos predecesores en la Presidencia.
El Departamento de Publicidad suena como el hogar de los vendedores de humo, asesores de imagen, portavoces y censores y el alcance de su actividad es realmente enorme. Con la ayuda de varias agencias gubernamentales, el departamento supervisa 3.300 estaciones de televisión, casi 2.000 diarios y casi 10.000 publicaciones periódicas. Los jefes de redacción de estos equipos se reúnen periódicamente en el Departamento de Publicidad para recibir sus instrucciones. Se gasta alrededor de 10 mil millones de dólares al año tratando de obtener opiniones del gobierno chino en los medios de comunicación extranjeros. De acuerdo con investigadores de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts, los propagandistas ayudan a viralizar los 488 millones de tweets anuales a favor del gobierno.
Esta función pública es solo la mitad de su rol. Otra función importante es dirigir la maquinaria del gobierno. El país es demasiado grande para ser gobernado por una sola cadena de mando burocrático, por lo que el departamento también envía señales desde lo alto: los discursos de Xi y las directivas de los líderes durante sus visitas a provincias o fábricas. Tales mensajes dicen a los funcionarios de nivel inferior lo que el alto mando está pensando y lo que se requiere de ellos.
El Departamento de Publicidad es la oficina principal de señales. Decide qué discursos imprimir y cuánto promover una nueva campaña. Para ello, cuenta con autoridad sobre diversos órganos gubernamentales como el Ministerio de Cultura y la Academia China de Ciencias Sociales, dirige solo diarios del partido –no para el consumo público– e influye en miles de escuelas de formación de funcionarios del partido. Cada provincia, condado y empresa estatal también tiene sus propios propagandistas.
El departamento ha estado en el centro de las batallas entre la línea dura y los reformadores desde la década de 1980, cuando el jefe de propaganda, Deng Liqun, estaba en desacuerdo con el líder supremo Deng Xiaoping. No es tanto un grupo de asesores políticos como un asesor del Servicio Nacional de Salud.
Ahora el departamento se encuentra en el centro de las cosas de nuevo porque Xi pone mucho énfasis en el trabajo que hace. Lanzó una serie de campañas ideológicas que buscan hacer mejores marxistas y funcionarios públicos más honestos de los miembros del partido. Ha insistido en que las universidades prestan más atención a la enseñanza del marxismo y menos a otras malvadas influencias extranjeras.
En febrero, Xi hizo una ampliamente publicitada visita a tres de las principales organizaciones de los medios periodísticos de China: el diario People's Daily, la agencia de noticias Xinhua y la Televisión Central de China, donde destacó que todos los medios de comunicación deben "amar al partido, proteger al partido y servir al partido". Esto se interpretó como una crítica a los jefes del departamento de propaganda, ya que daba a entender que los medios de comunicación deberían de prestar más atención a Xi, quien se refiere a sí mismo como el "núcleo" del partido.
En pocas palabras, incluso resaltando el trabajo de Xi y de sus aliados, estos han criticado al Departamento de Publicidad. El 8 de junio, después de una investigación de dos meses, la Comisión Central de Control Disciplinario, el organismo responsable de la lucha contra la corrupción y la aplicación de la lealtad, lanzó un ataque punzante.
En una publicación en la página web del CCDI, el líder de la investigación, dijo que el departamento "carecía de profundidad en su investigación para desarrollar el marxismo chino contemporáneo". Dijo que "la propaganda de noticias" –una reveladora frase– no fue lo "suficientemente específica y eficaz" y afirmó que el departamento "no fue lo suficientemente exigente en la coordinación del trabajo ideológico y político en las universidades" y había fracasado en el universo online "para aplicar los principios del partido a la gestión de los medios de comunicación".
Es raro que un ataque de este tipo se haga público. Es inaudito que un cuerpo del partido ataque la reputación del Departamento de Publicidad, el creador y destructor de la propia reputación del partido. La acusación del CCCD remarcó señales anteriores de que Xi estaba insatisfecho con la promoción que el departamento hacía de sus políticas.
Menos claro es cuál de sus deficiencias es la que molesta más. Podría ser su incapacidad para tocar el tambor de la reforma económica: Xi hizo un gran discurso sobre el tema en enero, pero no apareció en el Peope's Daily durante cuatro meses. Posiblemente le dio demasiada atención a un mini culto de la personalidad del "Tío Xi", violando antiguas órdenes del partido contra tales actos de adulación.
Posiblemente el Departamento de Publicidad fue atrapado en luchas internas. Los dos jefes de propaganda son Liu Qibao, jefe del Departamento de Publicidad, y su supervisor, Liu Yunshan, miembro del Comité Permanente del Politburó, el círculo íntimo del Politburó, que fue el predecesor de Liu Qibao. Ambos son ex ambiciosos personajes de la Liga Juvenil Comunista, que durante mucho tiempo ha sido un trampolín para la pertenencia a la elite del partido.
Los "Principitos", como Xi, a quien los lazos de sangre con veteranos del partido ayudaron para llegar al poder, además de su servicio en las provincias, a menudo resienten la influencia de camarillas de aquellos que surgieron a través de la burocracia de la Unión de Jóvenes. Eso incluye al predecesor de Xi, el presidente Hu Jintao, y muchos de los que emergieron de esas filas con él y permanecen todavía en posiciones de influencia. Liu Yunshan tiene la desventaja añadida de ser parte de la "banda de Jiang", el grupo de altos funcionarios cercanos al presidente Jiang Zemin, predecesor de Hu, que es visto como otra facción rival de Xi.

