Su presencia no puede (no debe) ser ignorada. Su existencia está señalada con una cubierta, que casi está hundida por completo adentro. Un bache de grandes dimensiones -no queremos aventurarnos a dar sus medidas exactas para no pecar de inexactos- se convierte en un obstáculo más para el tránsito sobre la avenida Fernando de la Mora y Calle Última. Los automovilistas desvían y trazan trayectorias caprichosas para no caer en su "abismo". Algunos lo ven demasiado tarde y son víctimas de sus profundidades. La Nación Digital decidió tomar nota (y capturar imágenes) de su "honda vida" que todos esperamos sea efímera.
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