La matemática, saber básico de la cons­trucción del pensamiento cientí­fico, nos enseñó desde el origen de los tiempos que existen verdades que son incuestionables. Ante los números que son fríos y que desnudan realidades contundentes, no existe otro camino que tomarlos como insu­mos, que servirán como punto de partida para construir soluciones a problemas puntuales.

Así, podemos ver que la reflexión amparada en un conocimiento refutable y absolutamente comprobable tiene mayores posibilidades de llegar a una resolución más certera que las hipótesis antojadizas, amparadas en postu­ras sectarias que solamente intenten embaru­llar en lugar de aportar desde una postura más acorde a las necesidades puntales que buscan ser satisfechas.

Esta fórmula es aplicable a cualquier forma de razonamiento social, desde los problemas más simples, no por ello menos importantes, hasta los que tienen raíces profundas que golpean la estructura de cualquier comunidad, que tienen su desarrollo durante décadas, que van cre­ciendo y consolidándose con el tiempo. Uno de estos males es la explosiva, sangrienta y malé­fica mezcla de mafias que se enquistaron en el noreste del país y que van horadando las bases de nuestra sociedad, con dinero mal habido que compra voluntades, torciendo instituciones y sigue su escalada que parece no tiene frenos.

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Además de la infinidad de análisis que se tejen sobre la cuestión, con enfoques que involucran a las ciencias sociales, la política, la economía, también es importante comenzar a desanu­dar el complejo entramado, desde las simples matemáticas. Realizando un ejercicio básico que nos ayude a comprender la situación de desventaja en la que nos encontramos en com­paración a los maleantes de turno, que cons­truyeron imperios cada vez más sólidos.

El sangriento y aparatoso operativo que ter­minó con la vida del "empresario de frontera" Jorge Rafaat puede servir como parámetro para comprender mejor la idea. Si se analiza

la cantidad de recursos que deben disponer para adquirir armas de las características que se emplearon para terminar con la vida del mismo, podemos ver que la diferencia es abis­mal en comparación a los recursos que dispo­nen todas las fuerzas de seguridad para afron­tar este tipo de mafias.

Como segundo parámetro podemos ver la can­tidad de hombres que acompañaban a Rafaat en el momento de su asesinato en calidad de guardias privados. Aunque de nada sirvió para resguardar su vida, es imposible imaginar que el ciudadano común y ni siguiera autoridades nacionales puedan disponer de un dispositivo tan fuerte como el del mencionado hombre poderoso de la frontera.

La impunidad con la que actuaron, actúan y actuarán estos líderes mafiosos que siguen operando con total libertad es otro ítem que debe mirarse a profundidad desde las matemá­ticas. No existe lógica posible que sustente la posibilidad de que estas facilidades no tengan un fuerte sustento económico, al margen de la ley, que facilite que las instituciones tengan la mirada perdida en el horizonte cuando se habla de estos nefastos personajes.

Por último, una cuestión matemática simple que debemos comprender es la expansión del negocio de las mafias, ya sea de drogas, armas, rollos y otras que se instalaron en el país tie­nen un carácter multinacional, lo que requiere de un abordaje de varios países, puesto que es impensable que solamente desde Paraguay podamos dar una respuesta suficiente ante el poderoso enemigo que se tiene en frente.

Sin un pacto entre las naciones involucradas, ya sea para seguir con la política de combate o buscando otras alternativas de mercado, es imposible pensar en soluciones reales y que satisfagan las necesidades de un pueblo que mira con frialdad hechos que parecen extraí­dos de guiones de Hollywood, que en lugar de entretener, preocupan, porque la próxima víc­tima de esta escalada de violencia puede ser cualquier ciudadano de bien.