A sus 94 años, el sacerdote José Amado Aguirre, mantiene la rebeldía como una forma de vida. Después de estar suspendido casi 30 años por haberse manifestado en su momento a favor del divorcio, con la llegada del papa Francisco logró que lo habilitaran de vuelta como sacerdote. Hoy, fiel a su estilo, dice lo que siente y expresa, sin tapujos, que el derecho canónico no puede estar nunca por encima del derecho civil.

En su casa de Oliva, un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, el padre José Aguirre recibió al equipo de La Nación Investiga para charlar un poco sobre la situación que afecta a los sacerdotes que son denunciados por abusos sexuales y que encuentran protección dentro de la propia iglesia. Absolutamente abierto a todas las preguntas, el cura Aguirre no esquivó a ninguna pregunta y respondió sereno, pero con total firmeza, convencido de sus palabras.

"Es un despropósito que el derecho canónico esté por encima del derecho civil. Dios no le dio un superpoder ni a la Iglesia ni al Papa para estar por encima de los derechos de los demás. El derecho canónico tiene que ir a la par de lo que establece el fuero civil, pero nunca por encima", reflexionó, directo al grano, el cura Aguirre sobre la situación que se plantea con el Concordato, acuerdo que firmaron en 1966 el Gobierno argentino y la Santa Sede para regular sus relaciones.

Para Aguirre, la Iglesia sigue teniendo un discurso muy atrasado, que ya no corresponde con los tiempos que se viven ahora. Además, señaló que hace un daño terrible a la institucionalidad eclesiástica que sigan saltando casos de abusos contra menores por parte de referentes de la Iglesia y que desde la propia institución exista casi una protección.

Aguirre lleva escritos más de 10 libros, todos, con una mirada crítica hacia el manejo que la Iglesia Católica tiene con los temas más polémicos. Uno de sus libros se llama "Disentir con la Iglesia – reflexiones de un Cura" donde hace agudas observaciones en asuntos en los que la Iglesia tiene posiciones verticales. En un pasaje de este libro, se lee una carta que le enviaron y en la que lo mencionan como uno de los pioneros en buscar limpiar el sistema de protección y silencio que tenía la Iglesia contra sacerdotes denunciados por abuso. En efecto, la carta menciona el caso del cura Carlos Ibáñez, de Bell Ville, Córdoba, como uno en los que Aguirre hizo ruido para que la Iglesia local al menos pueda suspenderlo.

Sin embargo, en la entrevista con La Nación, Aguirre dijo que no recordaba bien el caso, pero afirmó que es inadmisible que sigan existiendo este tipo de denuncias contra sacerdotes y que la Iglesia siga actuando en forma tibia.

"La doctrina de la Iglesia está atrasada 200 años, y en lugar de avanzar, sigue cometiendo los mismos errores históricos", señaló el sacerdote. Dijo, por ejemplo, que una cuestión que la Iglesia debe revisar es la situación de la educación sexual, llamando a los jóvenes a que utilicen preservativos para evitar enfermedades. "Tenemos demasiados jóvenes con enfermedades lamentables que se pueden evitar con los cuidados necesarios", aseveró Aguirre.

El sacerdote estuvo 28 años suspendido. Su "pecado" fue haberse manifestado públicamente a favor del divorcio, a mediados de los 80. "Y me mantengo, no puede haber hogar cuando ya no hay amor, no se puede obligar a dos personas a vivir juntas si ya no quieren", sostuvo. Luego de varios años de pelearla, ante todas las autoridades de la Iglesia, su caso llegó hasta el Vaticano. Recién el año pasado, el papa Francisco levantó su sanción. Hoy, con 94 años, sigue defendiendo lo que él considera justo. "Yo me hice sacerdote para defender la libertad y mi verdad. Y mi verdad es que quiero ver a un cristiano más libre", afirmó el cura Aguirre.

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