La diplomacia brasileña dio un giro con la entrada del presidente interino Michel Temer. En los primeros días del Gobierno, el canciller José Serra, uno de los nombres más fuertes del nuevo gabinete, mostró que su gestión será muy distinta a la que el Partido de los Trabajadores (PT) imprimió durante casi 14 años. En sus primeros pasos en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Serra criticó duramente la injerencia de los llamados países "bolivarianos", que criticaron a Temer, y dio señales de que debe cerrar las embajadas que el PT abrió en países africanos, como parte de su política Sur-Sur.

En dos notas oficiales, emitidas en su primer día de trabajo, Serra cuestionó a los países que se "permiten opinar y propagar falsedades sobre el proceso político interno de Brasil". Los comunicados fueron en respuesta a las críticas de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador, que cuestionaron la legitimidad de Temer y su gobierno.

La nueva cara del Itamaraty genera debates incluso entre diplomáticos. Algunos apoyan el giro. Diplomáticos críticos a Serra dicen que la nueva posición brasileña puede poner en riesgo acuerdos comerciales.

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