© 2016 The Economist Newspaper Ltd., Londres (14 de mayo). Todos los derechos reservados. Reproducido con permiso.

Desde un cuadro, el presidente Vladimir Putin aparece con la mirada fija hacia cualquier observador que repare en la foto. El poster está colgado en las instalaciones del ejército ruso en toda Siria. "Las fuerzas armadas de Rusia son la garantía de la seguridad mundial", declara gráfica.

Es un buen resumen de la idea detrás de la misión de Rusia, que nunca fue exclusivamente sobre Siria. Cuando el año pasado intervino en ese país, Rusia trató de ofrecer espectáculos de televisión para las masas en el hogar, para volver a establecerse como una potencia global y obligar a Occidente a tomar en cuenta los intereses rusos.

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Cuando Putin dijo en marzo que "la mayor parte" de las fuerzas de Rusia podría salir de Siria, pues su misión había sido cumplida, él estaba diciendo la verdad en parte. Actualmente, a Rusia difícilmente se la perciba como una mera "potencia regional", como alguna vez el presidente Barack Obama la denominó. Cualquier camino hacia la paz en Siria ahora pasa a través de Moscú.

"Sólo Rusia y los Estados Unidos de América están en condiciones de detener la guerra en Siria, a pesar de que tienen intereses y objetivos políticos diferentes", dijo en un artículo reciente Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor General de Rusia.

Con todo, lo más curioso de la anunciada retirada rusa de Siria es que en realidad tal cosa no ocurrió. Salir de ahí sería abandonar la influencia rusa y entregar Siria a Irán, otro aliado de Assad. En lugar de retirar sus fuerzas, Putin las redujo.

El anuncio de marzo fue realmente "una manera de conceptualizar la presencia como permanente y no como parte de una misión específica", dijo Dmitry Gorenburg, un experto en las fuerzas armadas rusas.

Rusia retiró un puñado de aviones, una señal que el obstinado presidente de Siria, Bashar al-Assad, no debería interpretar a la ligera. La presencia rusa en Siria sigue siendo pesada.

La base aérea Khmeimim, cerca del puerto sirio de Latakia, bulle de cazas y bombarderos despegando y aterrizando. Los nuevos helicópteros de ataque llegaron para el apoyo aéreo cercano. Potentes misiles antiaéreos S-400 mantienen un perímetro de defensa aérea en el Mediterráneo oriental que limita incluso con la OTAN. Y de la misma forma en que las bases de Estados Unidos en Irak tenían franquicias de la comida rápida K.F.C., Rusia trató de convertir el desierto en un hogar sus soldados: las mujeres eslavas sirven kasha (plato de cereales cocidos, muy popular en Rusia) en el comedor y un contenedor marítimo sirve como biblioteca con 2.000 libros rusos.

En el terreno, Rusia parece estar a cargo del espectáculo. Cuando las fuerzas rusas y sirias llevan a cabo misiones conjuntas, operan "en términos rusos", dijo Dmitri Trenin, del Centro Carnegie de Moscú, un grupo de reflexión. Un convoy del Ministerio de Defensa ruso que llevó a periodistas en una reciente gira de prensa pasó decenas sin siquiera detenerse a través de docenas de puestos de control. A lo largo del recorrido, los oficiales sirios no ponían trabas a los rusos.

Una mirada a las fuerzas sirias explica la deferencia. Los rusos están bien equipados y disciplinados, mientras que los sirios son desaliñados. Durante los ensayos para un desfile del Día de la Victoria en la base aérea de Rusia, una unidad pequeña de Siria se esforzó por mantener el paso, los brazos y las piernas balanceándose fuera de sincronización. Assad complementó sus fuerzas con combatientes de la milicia libanesa Hezbolá, paramilitares y delincuentes extranjeros. En los puestos de control sirios, elementos irregulares en uniformes diferentes y zapatillas deportivas en mal estado son las encargadas de las guardias.

La campaña de bombardeos ha sido masiva, pero Rusia ha hecho mucho más. Palmyra, recientemente recuperada del Estado Islámico en Irak y Siria, ahora alberga una pequeña base rusa, ostensiblemente para los trabajadores que desactivan minas del área. Las fuerzas especiales rusas están involucradas en la inteligencia y la orientación de los ataques. Los instructores entrenan homólogos sirios. Oficiales rusos entraron a la política local, intermediando la tregua. Los rusos están aquí para quedarse un largo tiempo: Cuando el Ministerio de Defensa ordenó medallas para la campaña de Siria, pidió más de 10.000.

Putin ha enmarcado su intervención en Siria como una batalla entre el bien y el mal. De hecho, las fuerzas sirias y rusas han atacado a los rebeldes moderados tanto como a los extremistas. El plan de Assad siempre ha sido convencer al mundo que está luchando contra los jihadistas en lugar de sus propios ciudadanos. De hecho, él ayudó a avivar el ascenso de ISIS y, al matar a los moderados, obligó a algunos a caer en los acogedores brazos de los extremistas.

El 5 de mayo Rusia trajo su mundialmente reconocida orquesta del Teatro Mariinsky para dar un concierto en el anfiteatro romano de Palmyra, en el mismo escenario en el que ISIS ejecutó a decenas de personas el año pasado. La orquesta realizó una interpretación sublime de Bach, Prokofiev y Shchedrin, aun cuando las bombas caían sobre Alepo, la ciudad más grande de Siria. Muchos sirios se disgustaron.

No fue una coincidencia que el concierto haya tenido lugar poco antes del Día de la Victoria, el cual marca el feriado ruso para celebrar el final de la Segunda Guerra Mundial. Putin pidió a los soldados rusos en Siria ser "dignos sucesores de los grandes héroes de la Gran Guerra Patriótica".

El concierto fue dedicado en parte a Alexander Prokhorenko, un soldado de las fuerzas especiales que, según informó la televisión rusa, dio las coordenadas para un ataque aéreo en contra de su propia posición cuando estaba rodeado por ISIS durante la batalla de Palmyra. Incluso los comentaristas liberales, normalmente críticos de Putin, se emocionaron.

En Siria y en las capitales occidentales, esta ofensiva es menos eficaz. Incluso algunos partidarios de Assad sospechan del creciente control de Rusia sobre su país. Occidente ve el discurso ruso de lucha contra el terrorismo como una cortina de humo para apoyar al régimen autocrático de Assad. Philip Hammond, el ministro de Exteriores británico, dijo que el concierto era de "mal gusto".

Pocos creen que en la afirmación rusa de que ellos están trabajando para lograr una solución política justa en Siria. Aparte de que Rusia no se preocupa en convencer a Occidente. En su lugar, demostrando que sí es indispensable, Rusia cree que puede obligar a Occidente a colaborar en términos rusos.

O, como dijo Trenin, a "amarnos tal como somos", a las bombas, violonchelistas y todo lo demás.