Por Clari Arias

@clariarias

Bastó escuchar su tono de voz para confirmar con certeza lo que algunos de sus colaboradores lo repetían sin cansancio: no hay posibilidad de reelección en este mandato, porque a él no le interesa. Es cierto, el presidente de la República no está detrás de su reelección, y si algún afiliado al partido en el gobierno pensaba esa posibilidad como salvación para las elecciones del 2018, entonces deberá pensar en otras opciones.

Tuve la confirmación de la no reelección de manera fortuita, y me excuso de mencionar esas situaciones que son de índole personal. Pero me reconfortó saber que no hay plan secreto alguno motivado por el propio HC para buscar una salida torcida, esas que ofrecen algunos parlamentarios zalameros y juristas de alquiler para congraciarse con el poder de turno. Esta noticia también me llevó a preguntarme a mí mismo quién podría pugnar desde el coloradismo la posibilidad de una candidatura oficial, y la respuesta la obtuve de un acto oficial…

En la mañana de este lunes obtuve la respuesta que estaba buscando en el Twitter, cuando en una inesperada decisión, el Presidente nombró a un colorado tradicionalista como nuevo ministro de educación, en plena crisis de la cartera. Fue allí, en ese silencioso instante en que leía el anuncio presidencial del nombramiento de Enrique Riera, que entendí la nueva jugada de ajedrez político que proponía Cartes: dejarlo trabajar en paz lo que resta del período, sin tentarlo con la manzana de la reelección, y proponer con el nuevo ministro, a un posible candidato para las futuras elecciones.

Algunos incrédulos (aquellos que esperan el apoyo presidencial y su dinero) pronto saldrán a descalificar al ministro Riera. Que fracasó en la municipalidad. Que es el responsable de la tragedia del supermercado. Que no hizo bien las cosas en el Consejo de la Magistratura. Que el estudio jurídico de su familia está metido en el fato de Acepar. Se me ocurren varios pretextos más que argumentarán sus detractores para descalificarlo de entrada, ¡pero todos serán cuentos chinos! La apuesta está lanzada, y el primer gran desafío para el flamante ministro de Educación resultó ser fácil para su poder de encantamiento, ya que en exactamente 48 horas logró que los estudiantes se reúnan en su oficina, y que los mismos se juntaran con el Presidente, para luego aparecer victoriosos ante las cámaras de TV y regresar a clases esta misma mañana en donde usted está leyendo este artículo.

"Riera es un encantador de serpientes", me dijo una periodista que lo conoce muy bien. Asentí con el silencio ante esa afirmación tan preparada como aburrida. En mis entrañas coincidía tanto con mi interlocutora, porque también conozco muy bien al ex intendente de Asunción. Dueño de un envidiable carisma, de joven obtuvo victorias no concedidas a la juventud, por lo que, tal vez, el destino le hizo sufrir la mayor tragedia que recuerda nuestro país en tiempos de paz. Muchos años después, postergado por el peso de ese dolor y luego de una olvidable elección en el 2013, aceptó de este gobierno un cargo mucho menor para sus gigantes ambiciones personales.

El flamante ministro de educación Enrique Riera está ante el mayor desafío de su vida, según él mismo lo dijo al asumir. No lo dijo con el carácter efectista de una frase previsible al hacerse cargo de un ministerio en llamas, no. Lo dijo porque sabe que si hace bien su tarea, se convertirá en su resurrección plena en la vida política del Paraguay, y unos pasos más adelante podrá ver cómo la fuerza del destino lo lleva a una nominación presidencial, con el apoyo irrestricto del presidente Cartes.

Para unos pocos privilegiados es así esta vaina del destino, una mañana todos dejan de saludarte porque te convertiste en un muerto en vida; y un día amanece distinto, con todo el boato del poder a tu alrededor, esperando alzarte en andas, ¡para convertirte en el nuevo salvador!

Dejanos tu comentario