Con un fervor religioso comparable al de la Semana Santa o a un 8 de diciembre, gran cantidad de fieles participó de la celebración eucarística y de la previa, esperando la indulgencia plenaria y el perdón de sus pecados en la II Maratón de la Misericordia, realizada por los hermanos capuchinos en la Catedral Metropolitana de Asunción.
Para aprovechar la gracia del Año Santo de la Misericordia, la orden de los franciscanos capuchinos organizó ayer un día especial de devoción e introspección profunda e indulgencia en la Catedral de Asunción, en víspera de la fiesta de la Divina Misericordia, que se celebra hoy.
Durante todo el día, ayer se desarrollaron varias procesiones y posteriormente la misa. La jornada se inició a las 7:00; posteriormente, a las 9:00 fue la segunda convocatoria; a las 11:00 la última de la mañana. En horas de la tarde continuó el evento, a partir de las 14:30; 16:30 y 18:00, esta última fue presidida por el arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela.
Al costado de la Catedral 12 hermanos capuchinos recibieron la confesión de los devotos desde las 7:00 hasta las 17:00.
PUERTA SANTA
Antes de cada misa se practicó el rito de entrada por la Puerta Santa de la Misericordia para recibir la indulgencia plenaria. Por eso, 30 minutos antes de cada celebración la gente se concentraba al costado de la Universidad Católica para partir en procesión, y entre cánticos y oraciones, atravesaban la Puerta Santa, donde dos sacerdotes derramaban agua benditas sobre los feligreses.
Además, estuvieron expuestas las reliquias de San Leopoldo y San Pío, dos santos capuchinos que fueron verdaderos apóstoles del confesionario, y que fueron elegidos por el Papa Francisco como protectores de este Años Santo de la Misericordia.
Al respecto, el padre Mariosvaldo Florentino, indicó que "Fue Jesús quien dijo: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo les aliviaré" (Mt. 11, 28). Por eso, invitamos a todos a que en este día peregrinen hacia la Catedral, individualmente o en grupos, desde sus casas o desde una iglesia más cercana, haciendo un camino de oración y de revisión de vida, para allí disfrutar de la misericordia de Dios. Busquemos empezar una vida nueva, dejando atrás el pecado, heridas, vicios, discordias y tristezas, y llenándonos de la gracia y la paz de Dios".

