Se trata de una mezcla de tomates que están dañados o han sido comidos por gusanos, al igual que la cáscara y las semillas no deseadas de los productos procesados como la ketchup. Esta mezcla es trasladada a vertederos, donde puede producir el peligroso gas metano o termina en las aguas residuales.

Un grupo de investigadores de la Escuela de Minas y Tecnología de Dakota del Sur, Estados Unidos, ha encontrado una manera de tratar los residuos problemáticos y convertirlos en algo útil: electricidad.

¿Cómo se convierte un tomate en energía? Los investigadores han desarrollado una pila de combustible microbiana especial para procesar los residuos y transformarlos en electricidad. Utiliza bacterias para descomponer la materia orgánica en los residuos de tomate, al oxidarlos y generar una carga eléctrica. El proceso también neutraliza los residuos de modo que ya no emitan gases de efecto invernadero.

Como tratamiento de aguas residuales o fuente de energía renovable, el concepto no tendría mucho atractivo. Pero llevar a cabo ambas cosas a la vez podría hacer que la energía a partir del tomate fuera una opción viable para las comunidades agrícolas como Immokalee, la comunidad donde se produce tomate en Florida, la cual genera la mayor parte de los residuos de tomate del estado.

"Mi esperanza para este tipo de cosas es que puede ser utilizado en las zonas rurales donde se tiene una gran cantidad de residuos agrícolas y donde no se dispone necesariamente de una fuente de energía, especialmente en el mundo en desarrollo", dijo Alexander Fogg, quien inició el proyecto.

La investigación actualmente está siendo liderada por Namita Shrestha y otros científicos bajo la dirección del profesor Venkataramana Gadhamshetty. Todo el proceso se completa en cuestión de un par de semanas, y la producción de energía a partir de los tomates se empieza a agotar después de 10 a 14 días.

Esta es una forma posiblemente costosa de procesar los residuos, pero la generación de electricidad haría que fuera más viable en términos económicos. Esa combinación podría resultarle atractiva a las ciudades, que normalmente cargan con la responsabilidad de procesar los residuos agrícolas.

Este tipo de enfoque también podría funcionar para otros tipos de desperdicios de productos alimenticios, pero los investigadores encontraron que los tomates contienen algunos micronutrientes que los hacen especialmente eficaces.

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