Con mucha frecuencia, negocios de otros rubros utilizan las veredas como escaparates para sus mercaderías o, como en el caso de las empresas de transporte o de encomiendas, como áreas de descarga y de maniobras. Incluso particulares violentan el derecho de los peatones al estacionar sus vehículos sobre la vereda, obstruyendo el paso.

Este hábito es una característica de las ciudades paraguayas, que se han desarrollado y crecido con hostilidad hacia el peatón o hacia el ciudadano de a pie. En efecto, se trata de una pauta cultural muy enraizada que ignora y hasta desprecia a los transeúntes comunes, obligándoles a dejar la vereda y descender a la calzada para proseguir su camino. Se han registrado accidentes, contratiempos y sustos por esta causa. De igual manera, la mala costumbre de muchos motociclistas de subir a las veredas para ganar algunos metros debe ser combatida con la mayor energía por las autoridades.

En el afán de avanzar más rápido no solo violan las normas de tránsito, sino también las más elementales reglas de convivencia y de sentido común. Los gobiernos municipales de todo el país deben poner orden en este tema, despejando las veredas y castigando con severidad a quienes ponen en peligro a los demás, invadiendo espacios exclusivos para la movilización peatonal.

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La caminata a pie es el desplazamiento natural de los seres humanos y a ella deben subordinarse las demás formas de locomoción.

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