Los datos aportados por una nota publicada en La Nación son más que elocuentes y ameritan una reflexión sobre lo que realmente se necesita en el ámbito de la educación superior o especializada. El título de la nota dice: "Por cada diez abogados recibidos en el país, solo hay un ingeniero".
La realidad que pinta esta frase es irrefutable. Se apoya en datos y registros de la Universidad Nacional de Asunción, que afirman que existen ya 30 mil profesionales del derecho y solo 3 mil especializados en las diferentes áreas de la ingeniería como la electromecánica y electricidad, la mecánica y la hoy muy buscada especialización en nuevas tecnologías.
La ausencia de profesionales formados en áreas que son muy demandadas en cualquier país que desee desarrollarse en diferentes industrias tiene como sustento muchos factores. Y todos ellos deben ser valorados y analizados en la búsqueda de soluciones reales. Es muy importante que –en este momento, cuando el Estado está abocado a la captación del interés internacional en nuestro territorio, en el que se destacan todo tipo de ventajas como la energía limpia y renovable, la abundancia de agua y también la posibilidad de mano de obra joven– el tema de la formación de quienes deberían ser los protagonistas de ese cambio positivo se convierta en un objetivo prioritario.
Por una parte, el tema de la proliferación de estudiantes y profesionales del Derecho y otras carreras similares es una situación que no solo ocurre aquí, sino en todo el mundo y muy especialmente en Latinoamérica. Carreras como esas se consideran como "fáciles de cursar y culminar", si se tiene como objetivo el tener un título universitario para luego "conseguir un trabajo" en la administración pública. Lo de fácil está asociado muchas veces al tiempo disponible para tomar clases y el costo de aranceles y gastos varios. El tiempo es muy importante en un país donde la enorme mayoría de estudiantes universitarios debe trabajar para pagar la carrera y no dedicarse casi exclusivamente a su formación académica.
En ese caso, optan por la accesibilidad de una carrera que les exige en algunas universidades un mínimo de esfuerzo, muchas veces sin ningún tipo de exigencia de presentismo, exámenes orales y escritos con profesores exigentes y van de materia en materia sin haber leído más que algunos apuntes poco confiables con los que lograrán salvar año tras año.
Para ingresar a estudiar e nivel terciario la mayoría de las carreras asociadas a la tecnología, las diferentes especialidades en ingeniería y otras disciplinas necesarias para aplicar luego los conocimientos al desarrollo industrial del país, los jóvenes deben realizar un mayor esfuerzo y dedicar tiempo y capacidades para lograr el objetivo. Por eso, es que es tan necesario que se estimule esa decisión, a través de más inversiones públicas y también privadas en el área de enseñanza y hasta posgrados en dichas especialidades.
Hay esfuerzos que ya muestran resultados positivos, como las Becas Carlos Antonio López, que llevan talento paraguayo a los mejores centros de formación del mundo, desde donde regresarán los profesionales que serán importantes protagonistas del futuro cercano. También se han hecho esfuerzos para concretar otras posibilidades como la universidad instalada por la UIP con Alemania, donde los jóvenes reciben ya una intensa preparación en distintas disciplinas. Hay algunos intentos de cambio también en universidades, tanto en la UNA como la UCA y en otras privadas que van adecuándose a los tiempos y necesidades y ofrecen más opciones.
Todo eso está ante nuestros ojos, pero no hay que perder de vista que la problemática también demanda la formación de docentes que puedan transmitir esas enseñanzas con criterio innovador y actualizado y una constante formación y exigencia debe incluirlos necesariamente.
El cambio que se pretende, al convertir un país dedicado por siglos solamente a la agricultura y ganadería a otro en el que haya opciones suficientes para abarcar la necesidad de trabajo y mejorar la calidad de vida de más personas, es muy posible. Ya lo han demostrado muchos otros países en el mundo, inclusive los que tienen muchos menos recursos naturales que el Paraguay.
El objetivo debe ser generar riqueza en el campo y las ciudades, llevando desarrollo a sitios en los que la vida se ha detenido y expulsa a sus jóvenes hacia los cinturones de pobreza de la ciudades. Y es una tarea que convoca a toda las mentes y brazos dispuestos a trabajar seriamente en abrir las puertas del futuro que tantas veces nos han sido cerradas.