En apenas tres estadios de Asunción y Luque se concentró el 94% del público que acudió a ver fútbol profesional en las primeras 8 fechas del campeonato Apertura de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF). A pesar de que prácticamente todos los espectadores se movilizaron en solo dos ciudades, las autoridades policiales se muestran incapaces de controlar a minúsculos grupos de inadaptados, que manchan las jornadas deportivas con sangre y violencia.

"El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión". Así reza una de las frases de la película "El secreto de sus ojos", basado en la novela "la pregunta de sus ojos", del escritor argentino Eduardo Sacheri, un apasionado del fútbol y de las letras.

Aquella pasión de la que hablan la película y la novela no tienen nada que ver con la violencia que generan, cada fin de semana en nuestro país, supuestos hinchas como muestra de cariño por su club. La cultura futbolera del "aguante", importada desde la Argentina y que prendió en muchos de los jóvenes, modificó absolutamente la manera de vivir este deporte en esta tierra que vio nacer a grandes futbolistas.

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El fútbol es una de las grandes atracciones que tiene el ciudadano paraguayo. En ese contexto, la práctica del mismo en forma profesional, a través de la APF, lejos está de llegar a cada rincón del país, como ocurre, por ejemplo, en Argentina y Brasil, donde moviliza a miles de fanáticos de cientos de clubes cada fin de semana. Y en estos países no se trata de simples grupos, sino de prácticamente mafias organizadas en las barras bravas, que se crearon hace décadas. En nuestro país, el fútbol profesional se concentra en Asunción y Central, movilizando cada fin de semana a la misma gente, a los mismos hinchas.

Hoy, cada vez menos gente acude a los estadios para ver un partido del fútbol paraguayo. Aquel entretenimiento de cada fin de semana cambió, para transformarse en un día en el que irse con los hijos a ver un partido pasa a ser casi una irresponsabilidad por los peligros a los que uno los expone. Aquel domingo de cancha pasó a ser el domingo de esconder la camiseta por miedo a generar alguna reacción violenta del rival.

Un país que olvida desde hace tiempo las necesidades básicas de miles de sus ciudadanos, hoy encuentra que sus autoridades le quita a su gente, incluso, la efímera alegría que tiene de volver del estadio sin tener que esconder la bandera de su club por la agresividad y la ira de unos pocos.

CUANDO LAS ESTADÍSTICAS HABLAN

El 89% de todo el público que acudió a un estadio de fútbol, en las ocho fechas de este campeonato, lo hizo en tres estadios; el Defensores del Chaco, el Manuel Ferreira (Para Uno) y el Feliciano Cáceres, para seguir a Cerro, Olimpia y Luqueño.

Sumando además los partidos jugados por Guaraní, Libertad, Rubio Ñu, Nacional, General Díaz, General Caballero y River Plate en sus estadios, apenas dos ciudades –Asunción y Luque– concentraron prácticamente a toda la gente que se movilizó para ver un partido del campeonato de la APF, con el 94% del total de concurrencia. El restante 6% representa a partidos jugados en Villa Elisa (Sol de América) y Capiatá (Deportivo Capiatá).

En efecto, haciendo el mismo análisis, pero en el año anterior, es decir, en el 2015, Asunción y Luque congregaron al 85% de toda la gente que acudió a partidos disputados en el torneo Apertura, mientras que en el Clausura, al 86% del total de asistentes y pagantes.

De los 108.440 espectadores (asistentes/pagantes) que se registran en las ocho primeras fechas del actual Apertura denominado "Abraham Zapag", el 80% (87.073) de espectadores acudió a partidos de Cerro y Olimpia. Es decir, los dos clubes más populares movilizan a la amplia mayoría del público que todavía se anima a acudir a las canchas. Sumando los partidos del Sportivo Luqueño, se tiene que 96.632 espectadores (el 89% del total) fueron a ver a estos tres equipos.

Al menos en lo que va del año y de lo que fue el año pasado, el fútbol paraguayo convoca a la misma gente. Para los partidos de Asunción, los principales puntos desde donde llegan al Defensores son la zona metropolitana y el departamento Central. En Luque, generalmente, los habitantes son dueños de las gradas y el acompañamiento de la gente a Olimpia y Cerro se hace desde San Lorenzo.

Estos datos demuestran que, así como se convoca a los mismos hinchas, es evidente que también los que generan disturbios y hasta crímenes, son los violentos de siempre. Esto se desprende también de los propios datos que maneja la Policía Nacional, que tiene registrado a los miembros de los barras bravas de los clubes que cuentan con hinchada organizada.

De los 12 clubes que actúan en la División de Primera, apenas 6 tienen "hinchadas organizadas", que son: Cerro Porteño, Olimpia, Sportivo Luqueño, Guaraní y Libertad. Estos clubes tienen un registro de sus seguidores que maneja la Policía, mediante un sistema denominado "Censo de hinchas".

Los números indican: Olimpia tiene cerca de 3.000 miembros, pero apenas 600 están censados; Cerro Porteño con 2.500 miembros, pero con 1.400 registrados; Luqueño cuenta con cerca de 2.000 integrantes de barra, pero sólo están censados los líderes de barrios (que son como 15). Guaraní y Libertad se manejan con un sistema de anotar en planilla los nombres de los integrantes para que la Policía maneje esos datos. Según estimaciones de los efectivos del orden, Guaraní cuenta con 400 miembros en su hinchada organizada y Libertad cerca de 100 integrantes.

La última muerte del joven hincha olimpista, Elías Gabriel Rojas (18), el pasado 21 de febrero luego de un enfrentamiento entre barras bravas de Olimpia y Cerro Porteño, vino a sumarse a una larga lista de la vergüenza que tiene el fútbol paraguayo, que llega así a su víctima número 20 desde el 2007. Es decir, dos muertos por año, una cifra altamente escandalosa y que debe llamar la atención de las autoridades, para tomar de una vez por todas, en serio, esta cuestión.

RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS

El deficiente sistema de control y prevención que tiene la Policía, el nulo apoyo por parte de los clubes, los desaciertos de la Fiscalía encargada, la ausencia de una justicia que actúe rápida y eficazmente, la falta de interés real por parte de las autoridades de la APF, representan el cóctel explosivo que hoy nuevamente deja al fútbol paraguayo con la mancha de enlutar a una nueva familia.

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