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Sara Victoria Borda nació en Santa Cruz de la Sierra,[/caption]
Sara Victoria Borda nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 6 de mayo del 2015. Desde que llegó al mundo, la pequeña tuvo problemas cardíacos que en los hospitales bolivianos no pudieron determinar con certeza y mucho menos encontrarle algún tratamiento que la pueda auxiliar. Desde entonces, los padres empezaron una cruzada que obligó a buscar opciones por el extranjero, búsqueda que finalmente los trajo a nuestro país.
Sarita es la primera y hasta ahora única hija de la pareja formada por Claudia Gutiérrez y Carlos Borda, unos ciudadanos bolivianos que habían vivido un tiempo en Paraguay años atrás y que, para el nacimiento de la niña, volvieron a Santa Cruz. "Como toda mi familia está en Bolivia y dependíamos demasiado de los viajes de mi marido, con la llegada de Sarita ya habíamos decidido quedarnos allá (por Santa Cruz) cuando ella naciera", cuenta Claudia.
La mujer recibió al equipo de La Nación a tempranas horas de ayer en el Hospital General Pediátrico de Acosta Ñu, de Reducto, lugar que fue prácticamente su hogar en los últimos meses, principalmente desde aquel 24 de setiembre, cuando Sarita se sometió a su primera operación. Los martes y jueves son los días de tratamiento de la niña, que por ahora tiene que seguir su tratamiento.
Aquella primera intervención quirúrgica duró siete interminables horas, cuenta Claudia. "Ella ingresó al quirófano a las 14:00 y la operación terminó a las 21:00. Fueron siete horas de desesperación, pero también de mucha fe y confianza", explica, mientras Sarita, hoy de 9 meses, lucha por chuparse los dedos.
Según Claudia, en Bolivia le dieron tres diagnósticos diferentes. Eran días de mucha tensión para la familia Borda Gutiérrez, ya que pasaban las semanas y los resultados en los hospitales bolivianos no coincidían, pero algo era seguro; el pequeño corazoncito de Sarita tenía problemas. "Mi hermana que vive en Villa Elisa había visto que aquí se hacía operaciones del corazón y entonces no dudamos, vinimos. Era prácticamente nuestra última esperanza", dice la madre.
Recuerda que contactó con la doctora Nancy Garay, quien le ayudó de manera inmediata. Un par de días después, el diagnóstico fue determinante: La pequeña padecía de atresia pulmonar con comunicación interventricular, una cardiopatía congénita cianótica, severa y de alta complejidad, por lo que requería de una operación de manera urgente. Pero la intervención quirúrgica significaba igualmente un alto riesgo para su vida.
"Después de su primera operación estuvo 9 días prácticamente dormida. Luego se sometió a diálisis durante tres días. De ahí pasó a terapia intermedia el 10 de noviembre. Ese día le llevé a una cama y parecía que no podía seguirme con los ojos, me preocupé pero los doctores me dijeron que fueron tantos días que estaba sin reaccionar y necesitaba de estímulos. Ahí empezamos la fisioterapia", dice Claudia.
En todo este tiempo, los gastos dentro del hospital fueron mínimos, asevera la madre. El papá, camionero de profesión, no pudo quedarse mucho tiempo porque ya tenía que salir a hacer sus recorridos, pero siempre estuvo presente desde la distancia.
Una victoria para la medicina paraguaya
Marcos Melgarejo es uno de los médicos que trabajó en la operación. Dice que alrededor de 10 profesionales participaron de la cirugía, que fue una de los más complejas realizadas en el hospital. "La enfermedad es muy rara y compleja, no se ve con frecuencia este tipo de operaciones aquí. Definitivamente es una gran victoria para la medicina paraguaya. Además, esto demuestra que Paraguay está teniendo pasos agigantados en este tipo de operaciones y sobre todo este hospital", dice Melgarejo.
La pequeña Sarita tiene que seguir su tratamiento acudiendo semanalmente para los controles. La valiente niñita, que se sobrepuso a una operación de nueve horas, a estar en coma, a una fisioterapia y todavía no tiene ni 10 meses, tiene hoy un pequeño marcapasos, cerca de su pequeño corazón. Ese corazón que médicos paraguayos permitieron que siga latiendo con la fuerza de los corazones de sus padres.


