La nueva frustración ante Santaní, que atragantó por segunda semana consecutiva el grito de campeón, quebró definitivamente la relación entre dirigentes, hinchada y plantel de jugadores.

El público decano no solo dejó de confiar en los jugadores, sino apuntó directamente a la directiva por un supuesto "arreglo" para jugar la finalísima, que significaría recaudar un poco más ante de cerrar el año.

Estas acusaciones tocaron hondo a miembros de la directiva, especialmente al presidente Marco Trovato, quien no habló con medios, pero se defendió a través de su cuenta de Twitter. "Hacemos desde la dirigencia un esfuerzo enorme para reconstruir el club, hemos puesto de nuestros recursos millones de dólares y algunos dudan. Negocio: jugar finalísima por US$ 100.000 Vs. NO clasificar a fase de grupos de la Libertadores (US$ 1.200.000 + US$ 1.000.000 entradas) y SER CAMPEONES", disparó el máximo directivo de Para Uno, quien en un momento creó suspenso sobre su continuidad al frente del club, pues en otro tuit puso "hasta aquí llegué".

Trovato señaló, además, estar muy dolido, pues después del partido ante Santaní, familiares suyos, entre ellos su hija de 6 años, fueron agredidos por hinchas que esperaban a los jugadores en las afueras del estadio.

Sin respaldo

Tras fallar nuevamente en el segundo "match point", el plantel de jugadores y el entrenador Francisco Arce perdieron totalmente los respaldos brindados por la directiva y la hinchada, que ya el sábado desató su furia. Una gran mayoría del público franjeado amenaza que incluso haría "el vacío" en la finalísima, por la pobre actitud que han demostrado los atletas.

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