Con cánticos de alabanza inició la celebración de la misa en honor a San Pío, cuyo día fue recordado ayer por la feligresía católica. La ceremonia fue oficiada por el sacerdote capuchino Valentín Pesente, quien manifestó durante la homilía que se debe vivir y llevar las marcas de la cruz de Cristo para poder tener una vida plena.
Recordó que San Pío es un ejemplo, porque fue el primer sacerdote del mundo que experimentó los estigmas de Cristo y fue perseguido por todo lo que hizo. En el marco de la celebración en homenaje a San Pío de Pietrelcina en la capilla conventual ubicada en Trinidad, se realizaron varias misas para dar oportunidad a que los devotos participen de esta fiesta cristiana.
La misa fue participativa y se inició con alegría, con cantos y aplausos que fue encabezado por el propio sacerdote. Una vez en el altar, Pesente reconoció los pecados y seguidamente pidió perdón y recorrió el templo salpicando con agua bendita a todo el auditorio.
Luego de las lecturas bíblicas, el sacerdote se centró en el mensaje de que se deben llevar las marcas de Cristo en la vida cristiana de forma constante, entenderla, comprenderla, para que se pueda vivir una vida tranquila.
"Hay que llevar el sufrimiento de Cristo en nuestro cuerpo. El mismo apóstol San Pablo dijo, en adelante que nadie venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. Es importante analizar nuestras vidas y ver cuáles son las marcas que tengo en mi cuerpo, pero siempre es importante llevar la pasión de Cristo con nosotros", resaltó el sacerdote Valentín Pesente.
"No solamente en su interior, sino exteriormente, el tenía las heridas en sus manos, en sus pies y en su costado. Solamente aquel que lleva y tiene en su cuerpo hasta escondida las marcas, participará no de un día de fiesta o de un momento, sino que participará del banquete eterno de la gloria del cielo, donde está San Pío y el único camino es llevando las marcas del cuerpo de la Pasión de Cristo", expuso.
Recordó además que lo reflexionado también debe ser aplicado en la vida diaria, con los hijos, que deben obedecer a sus padres; los esposos, que deben comprender a sus parejas, es llevar la cruz diariamente, porque cada uno sabe la cruz que debe llevar, dijo el religioso.

