POR ÓSCAR GAVILÁN

El delantero de Sol de América, Santiago Salcedo, más conocido como "Sa-Sa", se caracteriza por su vocación goleadora. Hoy es el máximo artillero del torneo Clausura, y en el último duelo se dio el lujo de marcar su primer triple en nuestro balompié.

El goleador en diálogo con el diario La Nación reveló que de niño jugó al fútbol de campo obligado por sus padres, porque es un apasionado por el futsal. Santiago dio sus primeros pasos en la canchita del barrio de Fernando de la Mora, en donde defendió con mucha pasión a su club Sport Saltarín Rojo, nombre que surgió en memoria del máximo goleador de toda la historia paraguaya, el inmortal Arsenio Erico. Salcedo confesó sus principios, su trayectoria, así como su vivencia actual en filas del elenco solense, que mañana enfrenta a su club de origen, Cerro Porteño.

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-¿Podrías comentarnos tus primeros pasos en el fútbol?

-Mi primer club de infancia fue Sport Saltarín Rojo, un club de la esquina de mi casa, fundado por mi padre y vecinos del barrio. Es allí en donde aprendí a dar los primeros pasos en el fútbol. En este club tuve la primera felicidad de gritar campeón de la Liga Fernandina, siendo el salonista más joven del club, con 14 años.

-¿Fuiste salonista en tu infancia?

-La verdad que sí, yo siempre fui salonista, jugué en Cóndor Juvenil, inicialmente no me gustaba el fútbol de campo. Me alegraba más el fútbol de salón, porque allí están todos mis amigos de infancia, además mi padre y mi tío jugaban también al fútbol de salón. Siempre de delantero, haciendo goles, pero también llegué a ser arquero, volante. Luego experimenté lo más triste de mi vida, sufrí una lesión en el muslo, que me marginó de las canchas casi por dos años. Tras recuperarme volví a jugar pero como portero, siempre en Sport Saltarín Rojo.

-¿Es cierto que te obligaron a jugar al fútbol de campo?

-Mi papá y mi tío me llevaron prácticamente obligado en el 1997 a las inferiores del Cerro Porteño a los 16 años. Hoy estoy eternamente agradecido a ellos por llevarme a la fuerza, de los pelos, para jugar y hoy día soy un afortunado del fútbol. Recuerdo que en la categoría cadete fueron mis compañeros Fernando López, Diego Barreto, Jorge Achucarro, Hugo Pérez. La verdad que mi pasión es el fútbol de salón, pero en forma inmediata fui ascendiendo en el fútbol de campo, de la infantil pasé a la Sub 22, hoy día Reserva.

-¿Cuándo fue tu debut en la primera de Cerro Porteño?

-Algo inolvidable para cualquier futbolista es el debut, siempre recuerdo aquella tarde que ingresé con la casaca número 10 de Cerro Porteño ante Cerro Corá, gracias al técnico Mario Jacquet que siempre tuvo confianza en mi persona, precisamente por ese motivo hoy estamos con mi hermano José Domingo en esta institución y se produjo mi retorno al fútbol paraguayo tras militar en el exterior.

-¿Tu hermano José Domingo siempre estuvo a tu lado?

-Sí, con él tenemos dos títulos de campeón en Cerro Porteño, en el año 2005 y el 2012, en el centenario de la entidad azulgrana. Hoy nos corresponde defender juntos a Sol de América, gracias a la confianza del directivo Miguel Figueredo.

-¿Esperabas ser el máximo goleador en el fútbol campo?

-La verdad que, como siempre digo, soy un afortunado y bendecido por Dios, porque en todos los clubes que me correspondió defender siempre hice goles, y una casualidad ser goleador del equipo. Uno trabaja con la seriedad y responsabilidad, tratando de colaborar con los objetivos de los directivos. Como delantero estamos para hacer goles y creo que yo lo estoy cumpliendo.

-Llegó el primer triplete ante Santaní

-Esta es la primera vez que tuve la alegría de convertir el triplete en el fútbol paraguayo, el esférico firmado por todos los compañeros lo llevé como recuerdo.

-¿El fútbol qué te dio hasta el momento?

-Jugando al fútbol me cambió la vida, como profesional tuve la satisfacción de recorrer el mundo, conocer las distintas ciudades del continente. Sobre todo, cultivar miles de amistades. Es algo mágico, difícil de explicar, algo maravilloso. Pero creo que esto no hubiese sido posible sin el respaldo familiar, hoy día tengo a mi lado a la esposa y a mis hijos, que son los más exigentes, sobre todo con el mayor que ya entiende el fútbol. Por eso los festejos de los goles siempre van dedicados a mi esposa y mis hijos, con quienes comparto mi alegría.

-¿Cómo te sentís haciendo goles a Cerro Porteño?

-La verdad que tengo un poco de mala suerte, porque cada vez que juego con Cerro Porteño convierto goles. Todos saben que yo soy hincha azulgrana, quiero mucho a Cerro Porteño, lastimosamente y para mi fortuna jugué tres partidos y convertí también tres goles. Espero que mañana no sea la excepción, como profesional quiero darle una alegría al pueblo solense.

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