Informes preliminares del censo 2012 indican que en Paraguay, 12 de cada 100 habitantes tiene algún tipo de discapacidad, ya sea visual, auditiva, física, intelectual o psicosocial. Si bien esta cifra resulta poco confiable, supondría unas 800.000 personas con discapacidad que precisan se garantice sus derechos básicos, entre ellos, la educación. Sin embargo, a la hora ingresar o permanecer en el sistema educativo se encuentran con dificultades.
En el artículo 5 menciona que el Ministerio de Educación y Cultura garantizará la matriculación e inscripción sin discriminación alguna. Ninguna institución educativa puede negar la matriculación a un niño, niña o adolescente con discapacidad.
Para que esta ley no quede en los papeles, se deben propiciar algunas acciones:
Generar recursos presupuestarios para mejorar los espacios físicos y los equipamientos, incorporar y formar a los diversos actores educativos en las escuelas, elaborar los planes y ajustes razonables, proveer de recursos materiales y técnicos de apoyo a las escuelas del sistema, entre otros, de tal forma a realizar un acompañamiento cercano y adecuado a los estudiantes, realizar un proceso intensivo de formación teórica y actitudinal de docentes e impulsar acciones de identificación e inclusión en los diferentes niveles educativos.
A partir de un mapeo- un sondeo descriptivo- de las principales barreras para la inclusión educativa de niñas, niños y adolescentes con discapacidad en Asunción y el departamento de Guairá, se ha podido ver que el primer obstáculo es la actitud de los actores educativos y la pobre o ausente capacitación de los docentes. Capacitar adecuadamente a los/as educadores podría contribuir a derribar la barrera actitudinal, ya que no tendrían miedo o desconocimiento, indica el estudio que fue realizado por Global Infancia, en alianza con el Instituto de Desarrollo, Teletón y Parigual y con el apoyo de Save the Children y las comunidades de Andalucía y Valencia.
Pero, por otro lado, las familias deben superar las creencias que distancian a los niños, niñas y adolescentes del proceso escolar. Algunos planteamientos más comunes son: "Tengo miedo de que sus compañeros se burlen de él"; "Tengo miedo a escolarizarlo porque no sé cómo lo van a recibir!; "No le pueden inscribir en la escuela porque no están formados para atender a niños especiales"; "Mi hija no puede hacer lo que hacen las otras niñas", entre otros preconceptos.
Responder a las necesidades de apoyo educativo que se plantean por la diversidad, requiere la acción de toda la comunidad educativa. "La familia, la comunidad y la escuela debe aliarse y emprender juntas un camino que les permita crear una nueva concepción de la educación, donde los verdaderos protagonistas sean los niños y las niñas", afirma Claudia Pacheco, referente en educación inclusiva de Global Infancia.

