Por Enrique Vargas Peña

A mi modo de ver, los ciudadanos tenemos derecho a regular dónde se puede desplegar la propaganda política para salvaguardar la propiedad pública y la privada y tenemos derecho a exigir que quienes violan esas regulaciones sean castigados penalmente y obligados a reparar los daños que causan.

Yo no discuto eso. Estoy de acuerdo con eso. Discuto sí, en cambio, la asociación que con la excusa de salvaguarda la propiedad pública y privada hacen ahora algunos grupos de ciudadanos y de periodistas entre política y suciedad, entre proselitismo político y polución, entre propaganda política y basura.

Lo aclaro porque durante los últimos días de la campaña electoral para las primeras elecciones internas simultáneas de nuestras organizaciones políticas hemos presenciado el surgimiento de un movimiento supuestamente articulado a través de redes sociales y supuestamente dirigido por jóvenes que, con la excusa de "limpiar" nuestras ciudades, procedió a destruir o eliminar la propaganda política allí donde pudo.

Andrés Colmán Gutiérrez alabó ayer el movimiento con esta síntesis en un artículo que publicó en el diario Última Hora: "Autoconvocados a través de las redes sociales en internet… empezaron a remover los afiches y carteles proselitistas que contaminaban visualmente… hasta dejarla totalmente limpia de toda basura electoral" (http://bit.ly/1LFhag4).

En la ecuación sintetizada por Andrés, los mensajes proselitistas son "basura electoral", los supuestos jóvenes salen a "limpiar" algo que es sucio, repugnante, despreciable, algo que poluye y molesta y que merece ser removido.

La política democrática, con sus campañas electorales llenas de mensajes, con sus debates y discursos, sus afiches y pasacalles, ensucian y son sucias. Los jóvenes hacen bien en "limpiar" esa suciedad, esa polución, esa basura.

Toda persona mínimamente ilustrada sabe que el fascismo es un movimiento político originado en las ideas del líder socialista italiano Benito Mussolini, quien resumió en "La Doctrina del Fascismo" las propuestas de varios filósofos unidos por su desprecio a la democracia liberal pluralista, a la que desdeñaban por considerarla inestable y desordenada y a la que proponían reemplazar por un sistema estable y ordenado, "limpio" (http://amzn.to/1I1ktYO).

En su "Bases Legales del Estado Total", Carl Schmitt, principal asesor jurídico de Adolfo Hitler, proponía, en efecto "un Estado fuerte… que trascienda toda diversidad" en orden a evitar "el desastroso pluralismo que divide al pueblo" (http://bit.ly/1TZW4dB).

Walter Laqueur explica que "el fascismo pretende evitar que la participación de los individuos sea realizada a través de la mediación de políticos profesionales o… medios de comunicación" (http://amzn.to/1I1kUSU).

Los fascistas denuncian a la democracia liberal porque las elecciones, y los parlamentos, "no representan los intereses de la nación… la democracia liberal y el sistema de elecciones multipartidarias sirven meramente para legitimizar la hegemonía de ciertas élites…" (http://amzn.to/1GP2hQ4).

Para Mussolini y sus émulos y continuadores la política democrática era sucia, una suciedad definida por "debates interminables y conducta conservadora… el viejo juego del compromiso político…" (http://bit.ly/1KrA9ug).

La "alta" sociedad paraguaya abrazó las ideas del fascismo con inusual pasión desde hace bastante tiempo. Los "tiempistas" fueron el grupo fundacional de este compromiso con el fascismo, que cimentó la larga noche autoritaria que oscureció la vida nacional desde 1936 hasta 1989.

Relataba Helio Vera que "…el diario El Tiempo –23 de febrero de 1939–… agrupó a profesionales del derecho principalmente y cuya orientación ideológica respondía al fascismo corporativista, muy al estilo de los movimientos europeos de la época, incluyendo al nacionalsocialismo alemán, el fascismo italiano y el falangismo español, y se manifestaba claramente antiliberal, aunque un sector respondía al Gral. Estigarribia en un principio (…) La prédica fundamental de este periódico combativo se centró contra el liberalismo, al que consideraban decadente e incapaz de resolver los graves problemas nacionales. Los "tiempistas" –así fueron llamados sus integrantes– ejercieron gran influencia en la política nacional de fines de los años cuarenta" (http://bit.ly/1JFEPHi).

"Luis Andrés Argaña, Carlos R. Andrada, Carlos A. Pedretti, Sigfrido Gross Brown, Francisco Esculies, Celso R. Velázquez, Carlos Balmelli, Aníbal Delmás, constituyeron el grupo, sin militancia política activa. Producida la muerte del general Estigarribia y el encumbramiento del general Higinio Morínigo M., los 'tiempistas' ocuparon posiciones de preeminencia en el nuevo gobierno".

El tiempismo explica el surgimiento del general Alfredo Stroessner y explica mejor todavía la persistencia de su larga hegemonía con amplio apoyo en la "alta" sociedad.

La caída del régimen no significó el final de los sucesores de los tiempistas, que buscaron agruparse, como siempre, en una "tercera fuerza", en Encuentro Nacional primero y el partido Patria Querida después, cuya base social es la misma, con un eje articulador común: Su desprecio a las manifestaciones de la política democrática, a la que consideran sucia, desordenada, inestable.

Los supuestos jóvenes que recorren las ciudades del país "limpiando" la "basura electoral" son en realidad muy ancianos, son una rémora del pasado autoritario y una ominosa amenaza para el futuro de nuestra democracia.

Estoy seguro que muchos de esos jóvenes ancianos no conocen nada de lo anterior porque son reacios a estudiar la historia trágica de nuestro país y, en su ignorancia supina, no saben lo cerca que están de Mussolini y lo lejos que están de la democracia liberal.

Pero los periodistas y los neotiempistas que los apoyan desde los medios y desde algunas organizaciones no gubernamentales sí saben todo lo anterior e impulsan deliberadamente el desprecio hacia las manifestaciones de la democracia.

Ellos sí saben que están proponiendo la "limpieza" antes que la libertad, el "orden" antes que la libertad. No son inocentes.

Dejanos tu comentario