Con presencia de varios niños que lanzaron varios mensajes de esperanza y paz en globos de gas y con una paloma blanca lanzada al aire, se inició la Vigilia de Oración de 12 horas en la explanada de la Catedral Metropolitana. La oración, los cánticos de alabanzas y la adoración hacia la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y la fiesta del Inmaculado Corazón de María marcaron el encuentro de la feligresía católica que se congregó dentro del templo.
Sobre el punto el hermano Valentín Pesente, quien tuvo a su cargo la Vigilia de Oración, explicó que este año la jornada de penitencia fue dedicado especialmente a la preparación de la venida del Papa. "En esta ocasión haremos un pedido especial de paz, por la venida del Papa que pronto estará con nosotros. Pedimos especialmente por todas las personas que están deseosas de su encuentro para que puedan lograr la preparación espiritual para esos momentos", resaltó el franciscano.
Asimismo, Pesente señaló que fueron invitados varios colegios católicos para el día de la vigilia de manera a que haya una gran cantidad de jóvenes y niños como símbolo de la inocencia y al mismo tiempo protagonistas del pedido de paz durante el acto inicial que se realizó en la explanada.
Explicó que es la XIII Edición de la Vigilia y que el acto religioso es toda una tradición, especialmente en el segundo viernes después de la fiesta de Pentecostés, que es la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua y que pone término al tiempo pascual o del Corpus Christi o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, donde la Iglesia Católica celebra la eucaristía.
Del encuentro participaron varios grupos musicales cristianos, entre ellos los Nazarenos, quienes cantarán el himno "Gracias, Santo padre" dedicado al papa Francisco. Igualmente, apoyaron los solistas como Cristian Arzamendia, Grupo Jericó, Emilio Garcete, Los Hermanos Capuchinos y el Grupo de la Divina Misericordia de la parroquia de la Santísima Trinidad.
La Vigilia, que comenzó a las 18:30 de ayer, culmina hoy con una misa presidida por el arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, en honor del Inmaculado Corazón de María.

