Es ya un gravísimo problema que productores, empresas y gente común destruyan el patrimonio natural de nuestra nación sin que las autoridades logren hacer mucho al respecto, ya sea por falta de recursos o por simple negligencia.

De por sí es un drama que el Paraguay haya perdido tanto de su riqueza natural en tan pocos años o que encabece la lista de los países con los índices más altos de deforestación en el mundo.

Todo esto ya configuraba un escenario ambiental extremadamente difícil y complejo. Pero el que la propia Secretaría del Ambiente (Seam) impulse la depredación de uno de los lugares más valiosos de nuestro territorio es ya un despropósito sin nombre. En efecto, la Justicia acaba de revocar un fallo del juez Rubén Riquelme que prohibía la extracción de rocas y otros minerales en Cerro León, formación geológica de características únicas emplazada en el Parque Nacional Defensores del Chaco, en el departamento de Alto Paraguay.

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La revocatoria resuelta por una cámara de apelaciones se produce a instancias de una acción legal promovida nada menos que por la Seam, para que se autorice la explotación de rocas y piedras que serán utilizadas en la pavimentación de caminos.

Es decir, para ser claros, la Seam se pone exactamente en el lado contrario del que debería ocupar en esta controversia. Esta repartición es precisamente la que está obligada a poner freno a la destrucción o sobreexplotación de los recursos naturales, aún cuando ésta se realice con el argumento del "progreso". Que la Seam considere más importante la obtención de piedras para hacer caminos antes que la preservación de un ecosistema único en la Región Occidental brinda una idea muy clara de cuán desorientada, en el mejor de los casos, se encuentran esta oficina y sus responsables.

Más que llevar camiones, taladros, picos y excavadoras, la Seam debería estar interesada en organizar misiones científicas para estudiar este sitio tan singular y acrecentar así los conocimientos sobre las peculiaridades geológicas, la fauna y flora del lugar y las costumbres y cultura de las comunidades humanas allí asentadas.

El Cerro León es una de las pocas elevaciones en la llanura chaqueña. Tan solo este hecho debería bastar para conservarlo en su estado natural. Sin embargo, también alberga fósiles de animales prehistóricos, así como una considerable reserva de agua subterránea. Está comprobada además la existencia de una importante población de animales autóctonos, entre ellos armadillos, monos y pumas.

La Región Oriental ha dejado una dolorosa lección, con millones de hectáreas de bosques destruidos sin ninguna planificación, prevención o medidas paliativas que al menos pudieran atenuar las pérdidas. La consecuencia ha sido el empobrecimiento radical de los suelos, del medio ambiente y del agua en vastas zonas de la orilla oriental de nuestro principal río. De cara a los intereses históricos y estratégicos de nuestra nación es crucial evitar que esta experiencia se repita en el Chaco.

La presión en esta parte del país se registra especialmente en el departamento de Alto Paraguay, donde a diario se deforestan grandes extensiones boscosas para asentar establecimientos de ganadería extensiva y cultivos de soja y otros rubros agrícolas. El Parque Nacional Defensores del Chaco ya debe soportar el asedio de este proceso de degradación ambiental y ahora se suma la Seam con una iniciativa tan perjudicial y negativa.

A juzgar por sus actos y declaraciones, lamentablemente, las autoridades de la Seam parecen vivir en el "mundo del revés".

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