El ejercicio de Aurora-17 de Suecia, finalizado en setiembre, fue el mayor juego de guerra que este país supuestamente neutral ha llevado a cabo en 23 años. No solo involucraron a 19.000 efectivos de las Fuerzas Armadas de Suecia, aproximadamente la mitad del total, incluyendo a su Guardia Nacional, sino también a más de 1.500 soldados de Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Letonia, Lituania, Noruega y Estados Unidos. Todos, excepto Finlandia, son miembros de la OTAN, la gran alianza occidental.

El tamaño del ejercicio y su objetivo principal, la defensa de Gotland, una isla en el Mar Báltico a unas 220 millas del enclave ruso de Kaliningrado, es un reflejo de lo inseguro que se siente Suecia. El presidente Vladimir Putin de Rusia, después de haber engullido Crimea y atacado Ucrania, está flexionando sus músculos cerca de los países bálticos y escandinavos. El masivo ejercicio militar ruso Zapad-17, que también terminó el mes pasado, involucró el envío de 100.000 soldados a Bielorrusia y al Báltico para practicar el rechazo armado de la "Coalición Occidental".

Los observadores extranjeros fueron prohibidos, como nunca lo son de los ejercicios de la OTAN, pero quizás fue por suerte: un helicóptero ruso disparó misiles contra los espectadores por error, aunque el gobierno lo niega.

Ha habido muchas otras causas de inquietud. En marzo del 2013, Rusia envió dos bombarderos Tupolev Tu-22M3, escoltados por cuatro cazas Sukhoi Su-27, a través del Golfo de Finlandia a menos de 25 millas de Gotland. Los aviones se desviaron solo después de llevar a cabo lo que los analistas de la OTAN creían que era un falso ataque nuclear contra blancos en Suecia. Después de muchos años de gasto de defensa estático o en declive, Suecia tuvo que confiar en los F-16 daneses, que formaban parte de la operación de control aéreo de la OTAN en el Báltico, para responder.

En el 2014, un submarino ruso penetró el archipiélago de Estocolmo y logró salir sin ser encontrado. Desde entonces, Rusia ha intensificado la frecuencia de ejercicios militares amenazantes y sin aviso en la región.

No es de extrañar que muchos suecos piensen que deban terminar los 200 años de neutralidad uniéndose a la OTAN. Si lo hicieran, cualquier ataque ruso contra Suecia sería tratado como un ataque contra Estados Unidos y sus 28 aliados de la OTAN.

Todos los principales partidos suecos de oposición quieren unirse, aparte de los ultranacionalistas demócratas de Suecia, que como muchos europeos populistas tienen un curioso cariño por Vladimir Putin, el presidente ruso. Las encuestas sugieren que una pluralidad de suecos favorece la membresía de la OTAN. Un estudio de Pew a principios de este año encontró un 47% en apoyo a la membresía y un 39% en contra.

Por ahora, sin embargo, el gobierno de coalición social-demócrata-verde, en el poder desde el 2014, quiere acercarse lo más posible a la OTAN sin incorporarse a ella.

El ministro de Defensa, Peter Hultqvist, es el autor de una política sueca que trata de cuadrar las contradicciones en la política de seguridad del país. Parte de la "doctrina Hultqvist", como se conoce, es mejorar la capacidad descuidada de Suecia para la autodefensa. El gasto militar está aumentando –en torno al 5% anual en términos reales en los próximos tres años– y el reclutamiento se reintroducirá en el 2018.

La otra parte es la construcción de una cooperación más estrecha de defensa con su vecino no perteneciente a la OTAN, Finlandia, así como con Estados Unidos y los países litorales del Báltico en la OTAN, todo lo que Aurora-17 estaba destinado a demostrar. Tanto Suecia como Finlandia también han firmado un "acuerdo de apoyo al país anfitrión" con la OTAN, que permite a las fuerzas de la alianza moverse por su territorio y preposicionar el equipo por invitación.

Hultqvist mismo es sospechoso de anhelar la membresía de la OTAN. Por ahora, sin embargo, el gobierno lo ha descartado. Aún hay mucho antiamericanismo en la izquierda sueca, que el presidente Donald Trump hace poco para disipar. También hay un temor, expresado por la ministra de Asuntos Exteriores, Margot Wallstrom, de provocar a Putin, que ha prometido "eliminar la amenaza" de que Suecia se uniera a la OTAN. Muchos observadores dudan de que Finlandia, donde el apoyo popular a la OTAN es menor, estaría lista para tomar una decisión conjunta a favor de la membresía, algo que los impulsores suecos de la OTAN consideran crucial.

Hay buenas razones por las que la propia OTAN podría estar interesada en que Suecia –y Finlandia– se unan a su alianza. La defensa de sus miembros bálticos sería mucho más difícil sin un acceso garantizado a tierra sueca y el espacio aéreo. Como miembro, Suecia estaría mucho más integrada con los sistemas de mando y control de la OTAN. La interoperabilidad de sus fuerzas con las de la alianza mejoraría, haciéndolas más efectivas en una lucha.

La pregunta de Suecia por la OTAN no está siendo tenida muy en cuenta por ahora, pero será grande en las elecciones generales del próximo año. Si los suecos hacen el salto eventual, Putin tendrá solamente a sí mismo para culpar.