Apuestan por el arte, el entretenimiento y la cultura en general para revitalizar ese espacio geográfico de la ciudad que todos frecuentamos: el centro de Asunción. ¿Qué ideas lo están transformando?

Por: Micaela Cattáneo
micaela .cattaneo@gruponacion.com.py
Fotos: Javier López

Ya Los Piojos -banda argentina de rock- se encargaron en el 2007, de definir lo que somos entre tantos edificios, calles y plazas: “bichos de ciudad”, decían. Y es que nos movemos como en un hormiguero; como en una colmena, entre tanta gente, y en busca de algo, siempre. La ciudad es nuestro gran refugio, el hábitat donde nos sentimos cómodos y donde, sin duda, mejor nos organizamos.
Pero es entre tantas avenidas, viviendas y parques, donde establecemos un punto de encuentro: el centro de Asunción. Aquel que nos hace madrugar y, sobre todo, desvelar; que nos mantiene activos de día, y de noche, también; aquel que nos reúne, nos permite compartir, y en muchas ocasiones, luchar; donde queremos vivir y, eternamente, festejar. Es esa la forma en la que sentimos a nuestro Centro, ahora.
No así hace diez años (sí, justo en el 2007). No era la historia que contábamos. Y no lo era porque -más allá de ser un espacio donde las personas trabajaban o iban de compras- se encontraba abandonado y silencioso, despoblado de oportunidades para la distracción; como si una enorme burbuja nos impidiera disfrutarlo.
Quizás, la posibilidad de volver a creer en la esencia del centro histórico de Asunción apareció en el 2015, cuando la calle Palma empezó a pintarse de distintos colores con la intención de convertirla en peatonal; como lo fue en aquellos sábados de 30 años atrás. De hecho -desde la intervención artística que recibió-, se logró que volviera a funcionar como tal, pero sólo los fines de semana (con la idea de revivir el microcentro).
Al parecer, el plan piloto “Palma peatonal” no fue del agrado de muchos, ya que provocaba más tráfico vehicular del que solía haber y disgustos comerciantes de la zona. El proyecto no trascendió y finalmente, “palmear” quedó reducido a lo que ya era costumbre: caminar por sus veredas.
Igual, no todo estaba perdido. Ese mismo año, el Plan Maestro del Centro Histórico de Asunción (Plan CHA) -propuesto por el Estudio Ecosistema Urbano en el 2014-, se ponía en marcha a través de estrategias como: el Parque Bicentenario, el frente fluvial, el Puerto Vivo, entre otras.
Y es que más allá de las diferentes opiniones que genera respecto a su desarrollo, el Plan CHA busca resolver -en un proceso de entre 23 y 25 años- “con acciones pequeñas y concretas, el vaciamiento poblacional y económico, la desvalorización de la riqueza patrimonial y el deterioro ambiental de Centro Histórico de Asunción”, como describe el documento.
Ahora bien, lejos de este proyecto institucionalizado (que a la larga puede traer buenos resultados o no), existen ideas, proyectos y negocios que, de forma alternativa, revitalizan este rincón de la capital a través de cuatro expresiones: el arte, el entretenimiento, la gastronomía y la cultura.
Las voces del nuevo centro
Los domingos eran días de mucho jazz en Palma e Independencia Nacional. Los chicos de Jazz a la Calle y a la Gorra nos hacían levantar a todos de la cama para proponernos un cierre de semana diferente. En los dos años que duró el ciclo, no solamente lograron acercar música al público, sino también oportunidad de creer que “otro centro es posible”.
En la esquina, frente a la Plaza Juan E. O’leary, improvisaban -Gustavo Viera (guitarra), Sebastián Ramírez (batería), Chino Corvalán (bajo) y Bruno Muñoz (saxo)-, ante una ciudad que despertaba luego de andar dormida por mucho tiempo. Jazz a la Calle fue el disparador para que sucedan proyectos como Tango en la calle o para que food trucks y barras de tragos de la zona, cobren mayor notoriedad. “Vuelve a la gente lo que es de la gente”, comentaba Gustavo Viera, en ese entonces, en una entrevista para la VOS.
Del lado del público, entre la gente, se escondía Juanca Meza con su cámara, desde donde capturaba las escenas que formarían parte de Fotociclo. Durante el primer año de recorrido, el vehículo cultural llevó a los fotociclistas del equipo a destacar retratos del Centro Histórico de Asunción. Y no sólo para generar un “qué linda es mi ciudad”, sino para entenderla, analizarla y debatirla con todos sus problemas sociales.
Es así que hasta hoy, con las fotografías, crean espacios democráticos donde el diálogo sobre “la ciudad que queremos”, es un tema recurrente. El proyecto, anualmente, realiza fotocaminatas por distintos lugares (el más recurrente suele ser el Centro Histórico de Asunción), las cuales permiten ver a la ciudad desde otra perspectiva (y no solamente a través de una pantalla).
En otra oportunidad, la fotocaminata se cruzó con el arte del grafitero Oz Montania y el equipo de artistas latinos que hicieron posible Latidoamericano. Cuando en agosto del año pasado, empezamos a ver cómo los edificios antiguos del Centro de Asunción tomaban formas y colores con elementos nacionales, entendimos que es en este punto geográfico donde las expresiones artísticas encuentran libertad.
El Latido siempre se caracterizó por revitalizar zonas decadentes en Lima (Perú), por lo que los espacios abandonados y la decadencia edilicia del centro de Asunción, terminó por cerrar la idea de Oz de intervenir sus murales, en la primera edición de Paraguay. “Exploramos con curiosidad y conocimos gente y lugares que pasan por debajo del radar de lo cotidiano, creo que nos dio una noción un poco más elaborada de los rasgos de la comunidad que vive en el centro”, asegura.
Y agrega: “Los espacios públicos y las propiedades privadas destruidas necesitan mucho más que pintura y conciertos para poder servir como deberían, pero el poder transformador de las iniciativas culturales radica, en parte, en la convocatoria; permite que el centro esté mas vivo, y esperamos que eso signifique pronto más habitado, y finalmente, con más inversión pública y privada”.
Hace dos años, al lado mismo del laboratorio artístico de Oz, llegaba el local que -además del buen aroma- se destacaría por su apoyo incondicional a las distintas formas de hacer arte. El Café Consulado habitó un espacio del centro de Asunción con el fin de revivirlo, de conectarse con las personas que lo eligen. “Queremos que nuestro café pertenezca no sólo a nosotros, sino a quienes lo frecuentan, a los artistas. Creemos que preparar un café de especialidad es una clase de arte”, explican sus propietarios, Matthias Otto y Gisselle Lefebvre.
Y sostienen que, ante una intervención, no hay que hacer vista gorda de la realidad que se vive en el Centro: “Las estrategias culturales o artísticas son uno de los caminos correctos para retomarlo. Si no se cuidan los espacios públicos, si no hay seguridad o no se enfrentan las desigualdades de los barrios de esta comunidad, la revitalización se hace cada vez más difícil”.
La movida nocturna y el movimiento under fusionan perfectamente cuando de retomar el centro se trata. Y Fantopia, el primer bar gamer del país, apuesta por el entretenimiento para revivir el rincón preferido de la ciudad. “El aporte más grande de los locales temáticos en un centro histórico es el espacio que ofrecen para que los grupos culturales minoritarios puedan expresarse e interactuar. Eso es clave para crear una ciudad dinámica y diversa”, destaca Nathalia Arguello, su propietaria.
Experiencias que construyen
Vieron a la Plaza O’leary un poco abandonada, decidieron donar la lumínica, arreglar algunos espacios y limpiarla. En ese orden, Mateo Arévalo, coordinador de Asunción en las calles, cuenta cómo esta iniciativa que nació entre amigos terminó por convertirse en un festival cultural que conquista el Centro de Asunción, hace dos años.
Es importante buscar plataformas culturales que fomenten y fortalezcan las relaciones entre las instituciones públicas, el sector privado y las organizaciones e iniciativas ciudadanas, para lograr así la creación de un modelo urbano sustentable que promueva el crecimiento y desarrollo de nuestra comunidad”, resume.
El análisis sobre la ciudad
Hay una realidad. Y es que más de diez mil personas dejaron de vivir en el centro de Asunción, según datos de los últimos censos. “Uno de los factores es el valor del impuesto inmobiliario en el centro, que es mayor al de otros sectores de la ciudad”, responde Micky González, arquitecto del Grupo Culata Jovái. Y continúa: “No es solamente un problema nuestro, es algo que se ha dado prácticamente en todas las ciudades de Latinoamérica. Parece que necesitamos llegar a un estado crítico para darnos cuenta de que hay que recuperarlas”.
¿Qué tipo de construcciones ayudarán a revitalizarlo? “Definitivamente la vivienda”, concuerdan entre los arquitectos del estudio. Y explican: “Mientras la gente no viva en un lugar, ese lugar no tendrá vida. Hay que volver a llevar vivienda al centro, y para eso no son necesarias inversiones multimillonarias; ya que se pueden realizar pequeñas intervenciones en casas patrimoniales, aprovechar los grandes monstruos abandonados para convertirlos en pequeños departamentos habitables”.
Consideran también que hay una necesidad de crear proyectos que involucren los espacios públicos, porque en es estos lugares donde la ciudad se democratiza: “Es en un espacio público donde la ciudadanía comparte, se encuentra y se reconoce en el otro. Un espacio público elimina las diferencias y la sociedad se muestra más unida; es calidad de vida”.