La primera directora graduada, de la primera carrera universitaria de cine en Paraguay, se prepara para postular su ópera prima a festivales internacionales durante el 2018. Clari Lezcano ecorrió un largo camino para encontrar su lenguaje en el mundo audiovisual y aquí te contamos cómo llegó al documental de creación y a la animación.

Por: Jazmín Gómez Fleitas
jazmin.gomez@gruponacion.com.py
Fotos: Fernando Riveros
Estilismo: Majo Ángulo para La Percha

Es diseñadora gráfica, fotógrafa, VJ (como DJ, pero para mezclar vídeos en vivo), realizadora de videoclips para bandas nacionales y ahora también, directora cinematográfica. Su aventura empieza en los talleres de cerámica de su madre y se extiende a través de su curiosidad: a los 6 años se sorprende espiando una computadora IBM -esas de discos grandes- y siete años después, a los 13, realiza su primer stop motion: una taza que gira y un Tribilín (Goofy de Disney) que camina.

Esa cinta no la encuentro más, me gustaría volver a mirarla porque me gusta muchísimo la animación y fue lo primero que hice. Con la cámara que tenía en esa época, me pasaba gastando los rollos (las fotos se revelaban) y siendo retada por eso -ríe-. Y así también me convertí en la fotógrafa oficial de la clase en el colegio”, recuerda hoy.

Al terminar la secundaria, opta por el Diseño Gráfico, porque eso era “lo más cercano a conectarse al arte y la tecnología”. Era una carrera desconocida en ese entonces, y solo la Universidad Católica la tenía. “Recuerdo que la preocupación de mis padres era: ‘¿En qué va trabajar Clari?’ pero a pesar de ello, siempre me apoyaron en todo”, dice ahora, cuando lleva 10 años trabajando como freelance y tiene junto a su socia Leda Sostoa, La Van, una empresa dedicada a ilustración, audiovisual y producción.

Sin embargo, antes de ello pasó por otras experiencias antes de finalmente escoger lo que realmente le gustaba.Trabajó un breve lapso en una agencia publicitaria, sólo para descubrir que ese ámbito no era el suyo. También, como diseñadora en la marca nacional de indumentaria Pombero -muchos diseños son de su autoría-, cubriendo eventos para el Centro Cultural Juan de Salazar, con oenegés y hasta llegó a tener una especie de oficina de coworking, sin conocer aún ese sistema, motivo por el cual señala que no llegó a prosperar.

Durante todo ese tiempo hizo vídeos, más experimentales, como ella explica. Domingo sin luz, La lluvia o Yellow. “Eran más viscerales, cosas que me salían, no más”. También conoció acerca del VJ, trabajó para bandas nacionales como Tribu Sónica y Paiko; realizó videoclips para Carnival Prozac Dreams o Lucía Sapena, y experimentó muchísimo en el videoarte con Vidalístico, el autor de Coquito Man, con la técnica del stop motion.

Sus ansias de avanzar hacia lo audiovisual salían a flote con cada nuevo desafío que aceptaba y se iban alimentando poco a poco. Estudiando Diseño Gráfico, fue al congreso Trimarchi -en el 2005- y fue una experiencia increíble para ella. “Yo consumía muchísimo MTV (el canal que pasaba muchísimos videoclips en ese entonces) en su época dorada y en el congreso vinieron los que animaban los comerciales coloridos esos de MTV e hicieron la tapa del grupo Árbol y ahí explotó mi cabeza”.

En el 2013, para cuando Clari ya se había graduado de Diseño, con una tesis hecha en conjunto con Leda y nada menos que con una serie animada llamada Mito’i, se entera de que se abriría la carrera de Cinematografía en la Universidad Columbia. “Yo tenía la idea de irme a Europa a estudiar cine, pero no era nada bien pensado, no era un plan real. Recuerdo que averigüé en el IPAC, pero no era licenciatura y era todo el día. Y cuando supe que era posible estudiar acá dudé muchísimo, le conté a mi padres y ellos me dieron el empujón”.

Fue durante la carrera que Clari se dio cuenta de la envergadura del proyecto de Mito’i. “Fue creado desde diseñadoras, no desde audiovisualistas o cineastas, y simplemente era enorme, pero en ese momento no lo dimensionábamos. Tiene que tener la estética de Trolls o la calidad de Monster University. Dirigido para niños, pero que podría ser para todos. Ojalá esto alguna vez sea realidad”, reflexiona.

Explorando el cine
Estudiando en la carrera pude ordenar mis ideas y entendí mucho de lo que ya venía haciendo. Gracias a la carrera descubrí que mi lenguaje es el documental y no el periodístico, sino el de creación. Así como Cuchillo de Palo o Tiempo Nublado. Me gusta el cine, porque es un lenguaje diferente, pero me gusta mucho el audiovisual también, y ahora quiero experimentar más. Aunque ambos tienen que ver con imagen y sonido, son dos cosas distintas”.

Como guías en el camino que escogió destaca a sus padres, a la artista Bettina Brizuela, a la fotógrafa Gabriela Zucolillo y a la cineasta Paz Encina. “En el taller de Gabi, por ejemplo, teníamos que analizar por qué nos llamaba la atención cierto tipo de fotos o fotografiar cosas de manera constante. Era genial porque era la parte intelectual de la fotografía. Y con Paz, en la facultad, era parecido a lo de Gabi, pero llevado a lo audiovisual. Mucho videoarte, interesantísimo”.

Clari realizó muchos ejercicios a lo largo de la carrera y a pesar de haber hecho algunos cortos, relata que su proyecto de tesis sí es su primer documental serio. “Se llama Non voy sola y en él veo un poco de todo lo que experimenté. Yo creo que el arte se trata de sentir, de qué te mueve, de si te molesta o si te gusta y de qué te genera. No tanto pensar qué me están tratando de decir. El arte te tiene que mover, te tiene que generar algo. El artista se tiene que dejar afectar por su obra. El arte es atemporal porque aún años después, esa obra te sigue generando sentimientos al verla”.

“Yo creo que el arte se trata de sentir, de qué te mueve, de si te molesta o si te gusta y de qué te genera. No tanto pensar qué me están tratando de decir”.

La ópera prima
Non voy sola se basa en la vida de Rossana Laterza, un personaje urbano de la ciudad de Asunción. “Ella era más conocida como La loca del Barrio Las Mercedes. ¿Qué tenía de especial? A simple vista parecía que vivía en la calle porque andaba descuidada en su aseo, no tenía dientes y parecía estar en su mundo, pero si mirabas bien, te dabas cuenta de que ese no era su contexto original. Ella hablaba bien y varios idiomas, sabía mucho de cultura general. El corto documental de 20 minutos va tras ella, tras su persona y es bastante poético porque se construye en base a los recuerdos de las personas que le conocieron, pero ninguno sale en la pantalla. La locaciones son los protagonistas”.

Rossana murió en el 2015 y nació en la década del ’60, pero el documental no es biográfico. Clari la conoció hace unos años atrás en un colectivo, y ahí se enteró de su nombre. Rossana subía a vender caramelos o pedir cosas, pero su lugar habitual era el barrio Las Mercedes porque allí estaba su casa, y también, porque siempre andaba recorriendo el barrio.

El documental es muy humano y la trata con respeto. Está dividido en cinco escenas y cada una es un paso por la vida de Rossana, con distintas atmósferas. Hacerlo fue un proceso muy duro, muy triste porque si bien habla de ella, debajo de las capas se habla del vacío, de relaciones quebradas, de abandonos, de mucho dolor. De lo que nos lleva a abandonarnos a nosotros mismos para olvidar; porque algo debe pasar para que te dejes estar, para no bañarte, no cuidarte. Y también trata de que hay un punto en el que tenés que decir ‘basta’, levantarte y empezar de cero y no quedarte estancado”.

Para iniciar el documental, Clari dedicó un año entero a la investigación y a las entrevistas, a armar y a desarmar el guión. Terminarlo le llevó medio año más. “Tengo dos fotos de ella, pero en el documental sólo aparece una, la más vieja, donde está con su hija. Sale al final, como un regalo para el espectador que se estuvo imaginando cómo sería Rossana. No quise poner la más nueva porque mostraba el despojo. Yo creo que todos tenemos una Rossana en nuestra vida, quizá no a ese extemo pero sí alguien que necesite, o quizá seamos nosotros mismos”.

Es con este corto documental con el cual consiguió su título de Licenciatura en Cinematografía con énfasis en Dirección (ahora renombrado a Realización Cinematográfica) y que aún no hace público para probar suerte en festivales internacionales. El sueño de Clari es algún día poder llegar al Sundance, a Cannes o a la Berlinale.

Non voy sola te hace mirarle al otro. Te hace mirarte a vos. Atravesé este proyecto y soy otra, Rossana me ayudó a ver la vida de otra manera. Nunca me animé a conocerla, a entablar una conversación con ella, y me sentí muy mal cuando me enteré de que falleció y no hice nada por ella. Pensé en no hacer esta historia, pero llegaba a ella una y otra vez. Así que decidí hacerla muy humana. Hay veces que decimos ‘le voy a escribir a tal persona’ o ‘vistarle’ y no hacemos. Y creo que hay cosas que podrían esperar para que nosotros podamos hacer esas conexiones postergadas con las personas”.