Colocarse el casco, subirse al kart, acelerarlo y llevarlo a la pista. ¿Querés experimentar lo que un corredor de karting vive en una competencia?

Por: Micaela Cattáneo

Fotos: Aníbal Gauto

El clásico banderín a cuadros ocupa su posición al final del circuito. De lejos, pareciera que su única función es meter presión al corredor. Sin embargo, esta vez no flamea. Son las cuatro de la tarde y en la pista del kartodromo de Asunción, los 40ºC que respira la ciudad se multiplican por tres. No hay lugar para el viento, pero sí para los desafíos extremos.
De lunes a lunes, los pilotos profesionales que hacen honor a la jerga popular “manejan como los dioses” ocupan la pista con la intención de sentir una sola cosa: adrenalina. Debajo del traje y el casco que los cubre, la experiencia se mide en kilómetros por hora. El pie en el acelerador indica que la acción ha empezado, por lo tanto, no hay marcha atrás.
Pero contar cómo se vive la velocidad desde un karting ya no sólo es privilegio de un corredor de años; quienes se animan a subirse por primera vez a un kart, revelan anécdotas que conducen a un mismo final: probar una vez más.
La gente tiene que venir preparada para hacer algo diferente, innovador y, sobre todo, divertido”, empieza Gonzalo Galván, corredor de karting desde 1994 e instructor de conducción para principiantes en el kartodromo de Asunción.
La primera indicación es bastante clara: acelerar suavemente con el pie derecho y, con el izquierdo, frenar con un poco más de fuerza. Cuando el motor se enciende, la emoción aumenta; sin embargo, la tensión encuentra su escondite para aparecer de vez en cuando. No viene para una mala jugada, sino para mantener la atención alerta. “Tranquila nomás”, repite Gonzalo, minutos antes del ingreso.
Si es la primera vez en una pista de karting, el piloto amateur no necesita de trajes de protección; ya que con prendas deportivas cómodas es más que suficiente. “Quizás, si la persona que viene a probar justo tiene puesto un vestido, entonces ahí sí le proveemos la indumentaria correcta, para que se sienta más segura”, aclara Galván.
La charla previa incluye instrucciones básicas y dura diez minutos aproximadamente. Ya con el piloto nuevo sobre el asiento, y con la información a cuestas, es imposible dudar, sólo hay que acelerar y probar. “Es importante transmitir el mensaje sobre la velocidad y evaluar, antes de que la persona entre a manejar de verdad, para saber si está apta o no”, explica.

Ahora bien, hay un requisito que no puede pasar desapercibido: la estatura mínima del piloto deber ser de 1.50 metros, “si no cumple con esta condición, entonces puede utilizar un vehículo de la escuela de semilleros, que es la que enseña a andar en karting a los más pequeños”, comenta el competidor.

Mientras el casco, el guante, la cuellera y la máscara descartable visten al piloto para estar acorde a la ocasión, las últimas directrices le son enumeradas: la bandera verde indica que la pista está habilitada y que la carrera inició; la amarilla, que hay que reducir la velocidad y tener precaución -porque ya ocurrió un accidente en la pista-; la roja, que la competencia se detiene, y la negra, que el piloto no está cumpliendo las reglas y debe salir de la carrera. “Hay que entender que no es lo mismo que un autito chocador”, agrega.
Preparados, listos, ¡fuera!
Ahora, los 600 metros de pista son reales. Hay una carrera por delante. La bandera verde está casi lista para salir a escena, solo espera que los pilotos terminen de cerrar las viseras de sus cascos; haciendo esto evitan que bichos, restos de gomas o piedras entren a sus ojos. La señal de inicio acapara la atención y el pedal derecho, automáticamente, se dispone a crear la historia.
Ni atrás ni a los costados, la mirada del piloto debe estar siempre hacia adelante. De esta forma, conocerá mejor la línea de la pista; el trayecto correcto que debe seguir. No hay opciones de distracción, excepto por los neumáticos amontonados que bordean la pista, los que además de ser herramientas de seguridad ante choques, decoran los circuitos para una experiencia más inmersiva.
Durante el recorrido, el piloto encontrará vallas rojas que marcan los límites de la pista. “En total hay ocho circuitos y cada mes se cambian para que los corredores puedan ir adaptándose a los diferentes caminos”, responde el instructor. Los primeros diez minutos de competencia, casi siempre anticipan un ganador.
A medida que el piloto suma vueltas, en la pista hay un equipo pendiente de asistirlo, en caso de despistes o choques. La velocidad es un detalle importante, sobre todo, si el kart se está acercando a una curva. “Se frena en las rectas -antes de las curvas- y se acelera saliendo de ellas, para que el vehículo logre una buena salida”, señala Gonzalo.
Como no hay comunicación por radio, el lenguaje corporal es otro punto que puede jugar a favor del piloto. Y no solo para hablar con sus competidores, sino también para avisar a los asistentes que está teniendo un problema. “Siempre digo que el karting es la sensación más cercana a la Fórmula 1. Sólo que el secreto está en conocer cuáles son nuestros límites como conductores”, finaliza.
Super Kart
Dónde: Kartodromo Asunción (Avda. Ñu Guazú, al lado del Comité Olímpico Paraguayo).
Días y horarios: de miércoles a sábados, de 17:30 a 22:30 y, domingos, de 17:30 a 22:30.
Costo: G. 50.000 (incluye charla previa, indumentaria y diez minutos de competencia).
Contacto: (0981) 497- 777.