Abogado de profesión, Jorge Enciso empezó con la cerámica para escapar del estrés que ya lo enfermaba. La necesidad se transformó en una pasión, y por el camino conoció a Julia Isidrez, que se convirtió en su mentora.

Por: Jazmín Gómez Fleitas
Fotos: Aníbal Gauto
Producción: Juan Ángel Monzón
Desde hace cuatro años que no para de modelar la arcilla y trabajar con engobe. A Jorge de chico siempre le gustó la pintura y el dibujo, incluso estudió Licenciatura en Lengua Francesa a la par que estudiaba la carrera de Derecho. Sin embargo, no fue sino hasta que comenzó a sufrir de reflujo gastroesofágico a causa del estrés, que se dio cuenta que era tiempo de volver a la creatividad, a lo artesanal.

A Jorge le gustaba mucho el Museo del Barro, iba cada vez que podía a mirar las piezas y quizás, hasta comprar algunas. Ese año decisivo, aunque negase que era estrés la causa del reflujo, se dio cuenta de que había dentro suyo una necesidad grande de hacer algo artesanal. Así que volvió a visitar el Museo.

Se encontró con que repartían a los visitantes unas cajitas con una pequeña porción de arcilla, para que realicen una pieza y las dejen en el Museo para luego hacer con ellas gran una instalación. Jorge tomó tres cajitas e hizo diferentes piezas, pero algo cambió. "Parece algo insignificante, pero me gustó tanto trabajar con mis manos, que ese mini-proceso me dio el empujón definitivo para acercarme a la cerámica. Y un año después de esa decisión encontré la charla de Lía Colombino en Gramo, en ella entregaba a los presentes esas cajitas".

Se inscribió en el taller Preservación de la cultura del barro en Paraguay en la Escuela Biopopular El Cántaro. Ahí, artesanas como Julia Isidrez, eran las instructoras. Le gustó tanto la experiencia que, cuando a los cuatro meses terminó el curso, no lo quiso dejar y se le ocurrió pedirle a Julia Isidrez seguir aprendiendo con ella, en su taller. Ella aceptó. Le dijo que no solía hacerlo pero que lo aceptaba porque se notaba que le gustaba.

De más está señalar que Julia Isidrez es una ceramista con reconocimiento internacional. Hija de la gran ceramista Juana Marta Rodas, es conocida por mejorar el legado de su madre y conservar las técnicas ancestrales de los guaraníes al trabajar la arcilla. Fue con ella con quien Jorge se inició en ello.

"Mi relación con Julia es fantástica. Yo entro a su vida un poquito después de que fallezca su mamá, y fue como una cuestión mutua de ayudarnos en nuestros pesares. Yo estaba con el estrés y ella de duelo. Como que hicimos terapia a la par. Ahí también me di cuenta del sentimiento que hay que ponerle al trabajo. De cómo las piezas reflejan tu sentir. De que las piezas salen diferentes cuando estás feliz, como cuando estas triste. Sale bien igual, pero se nota que hay algo diferente en ellas".

Para Jorge fue una actividad sanadora el poder trabajar con la cerámica. Y al mismo tiempo se hacían compañía con Julia en un momento difícil para ambos. Jorge va todos los fines de semana a Itá, a la casa-museo de Julia a trabajar con ella el barro. "Julia me enseñó muchísimo, estoy demasiado agradecido", resalta Jorge.

Dar vida al barro
Para iniciar una pieza hay que ir a buscar el barro, desde su origen natural o ya comprarlo limpio. En Itá hay una cantera a disposición de los artesanos que está administrada por la Municipalidad. Se paga un monto mínimo para acceder a la materia prima, es decir el barro en bruto.

"Esa arcilla está llena de muchas raíces y mucho material orgánico. Una vez limpia, se mezcla con ladrillo ku'i, en términos ceramísticos, chamote", dice Jorge respecto a la arcilla ya pasada por el horno y triturada. Esa mezcla se extiende en el suelo, se amasa con las manos y también se pisa. Luego se vuelve a juntar y se guarda en bloques.

“Los bloques pueden guardarse por muchísimo tiempo, siempre y cuando se preserve la humedad. Hasta aquí el proceso es sólo para obtener arcilla con la cual trabajar. Del bloque se quita la cantidad de arcilla con la cual se trabajará y eso se amasa. Si el amasado no está hecho en buena forma y tiempo, la pieza se va quebrar cuando se deje secar”, explica.

El amasado dura unos veinte minutos aproximadamente si es para una pieza de poca altura, y debe hacerse de adentro hacia afuera, para uniformizar la humedad de la pieza. En el caso de Jorge, antes de pasar al modelado, dibuja bocetos de las creaciones que desea lograr. "Dibujo la forma en la que me imagino las piezas y lo hago en todos sus perfiles. Esto hace que el trabajo salte etapas en el modelado, porque ya tenés estudiado como podría quedar de tal o cual manera. Al experimentar en el plano bidimensional y que no te guste, probás hasta que sí te guste para trasladarlo al tridimensional, en la arcilla".

La técnica es una bien ancestral, directamente desde el taller de Julia. "Es sin usar torno. Se coloca una base, y sobre ella se van colocando rollos de arcilla, uno encima del otro para la altura requerida. Tienen que adherirse muy bien a medida que cobra altura. Luego se deja secar para que pierda un cierto grado de humedad, y para esta parte no hay un nombre, con la experiencia uno aprende a identificar el punto correcto para que no se seque demasiado", relata.

De Julia también aprendió a no perder el tiempo esperando a que se seque una pieza, sino a pasar a realizar otra mientras ello. Luego de que la pieza se levante por completo, se llega a otro punto que sí tiene nombre internacional, el punto cuero. "Aquí se alisa la pieza. Puede ser con una tacuara dada vuelta, con la parte lisa y curva, o bien una cuchara vieja o una madera pulida".

Con una de esas herramientas se va quitando el exceso, limando las imperfecciones. Luego se agrega un poco de agua para alisar. Si va llevar algún detalle o parte que debe adherirse, se agrega en este momento, porque si se hace antes, esa parte corre el riesgo de caerse.

Luego, se pasa a pintar la pieza con tapyta (engobe tradicional). La paleta de colores de Jorge es terrosa y tiende más al rojo o al bordó, tono similar al de los bolsos de karaguata. Él va a una etapa más luego de la pintura, al esgrafiado, que consiste en tallar encima, descubriendo el color de la arcilla.

“Me gusta que se descubra un poco el color para que se aprecie el trabajo escondido”.

Para la quema de la pieza, se puede usar horno eléctrico o a leña. El de leña no tiene puerta, se cierra con ladrillos y un preparado especial. En ninguno de los dos las piezas se retiran en el día debido a que por las altas temperatura de entre 900º a 1000º (si se trata de cerámica utilitarias es aun mayor, 1300º grados) resulta peligroso. Se espera a que la temperatura baje gradualmente, y la pieza se retira al día siguiente.

¿Por qué la temperatura debe ser tan alta? Porque las piezas debe llegar a un punto llamado Incandescencia, el momento en el que la arcilla se vuelve inerte y del color del carbón, o como el hierro cuando se quema y queda naranja.

Una vida equilibrada
Jorge no volvió a enfermarse y la razón para él es clara. "Es que no dejé la arcilla", dice entre risas. Ayudando a Julia con sus pedidos y yendo cada fin de semana de manera constante, aprendió muchísimo. "Yo le decía a Julia 'vengo al interior del país pero en realidad vengo a mi interior'. Tengo una conexión con la cerámica, no me pasaba como cuando pintaba, que podía dejarla durante varios días y retomarla después. Con la cerámica no podés. Y creo que lo tridimensional tiene otro sentir. Me pareció mucho más expresivo".

Jorge se levanta a las 6.30 de la mañana para trabajar con la cerámica hasta las 8.30 aproximadamente y luego ir a la oficina del estudio jurídico en el cual trabaja. A veces también se dedica a crear en las noches. Los fines de semana, sábado o domingo, sí de manera completa ya que uno de los días viaja a Itá.

Su primeras muestras las hizo en conjunto con Julia, en la casa-museo de su mentora. Fue inesperada la manera en la que empezó a vender sus piezas. Julia se las guardaba en sus estantes y ante la solicitud de los visitantes internacionales que recibía, empezó a venderlas. "Al comienzo no quería venderlas, no me sentía seguro. Pero después Julia me dijo 'sabes que acá se cree que es medio jeta (de mala suerte en guaraní) cuando la gente quiere comprar y le decís que no' -ríe-. Ella me animó a hacerlo y ahora hay piezas mías con sus nuevos dueños en Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos y Francia".

Jorge tiene una exhibición confirmada para el año que viene -en mayo y junio- en el Centro Cultural del Lago en Areguá, y otra a fin de año, posiblemente en la casa-museo de Julia. En su primera muestra individual en la Galería Monocromo, Julia dio unas palabras que lo emocionaron: "No tengo hijos pero estoy segura de que esto no va morir. Le transmito a la gente. Y ahí está Jorge, a quien le enseñé todo". A lo que él agrega: "no puedo más que sentir responsabilidad y emoción ante eso".