• POR ROBERT T. ALTER
  • Encargado de Negocios, a.i.

Los padres fundadores de los Estados Unidos de América se reunie­ron en la ciudad de Filadelfia hace 250 años para firmar la Declaración de Indepen­dencia, el documento que dio origen a nuestra nación. Los fundadores hicieron más que anunciar una nueva nación al mundo, en 1776. Articula­ron un conjunto de ideales a los que nuestra nación esta­ría dedicada, declarando: “Sostenemos que estas ver­dades son evidentes por sí mismas: que todos los hom­bres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalie­nables; que entre estos están la vida, la libertad y la bús­queda de la felicidad. Que, para garantizar estos dere­chos, se instituyen entre los hombres gobiernos que derivan sus poderes legíti­mos del consentimiento de los gobernados”. Mientras la Embajada de los Estados Unidos en Asunción conme­mora el 250.º aniversario de la Declaración de Indepen­dencia, reflexionamos no solo sobre nuestros ideales fundacionales, sino tam­bién sobre su papel perdu­rable en la construcción del camino de nuestra nación, nuestra histórica amistad con la República del Para­guay y nuestro prometedor futuro compartido.

Los ideales de la Funda­ción de los Estados Unidos, una dedicación a la libertad humana y al Gobierno de la República, resonaron en todo el mundo, inspirando revoluciones en Europa y movimientos de independencia en toda América, incluso aquí en Paraguay 1811. Desde el nacimiento de nuestras dos naciones, esta­dounidenses y paraguayos han compartido una pro­funda comprensión, basada en sus respectivas historias, de que la libertad no es gra­tuita. Entendemos que los pueblos libres deben luchar para asegurar su libertad y permanecer siempre vigi­lantes para defenderla.

Estados Unidos y Para­guay enfrentaron prue­bas extraordinarias para su libertad en los primeros años de sus respectivas historias. El presidente Abraham Lin­coln evocó nuestros idea­les fundacionales cuando, en 1863, se encontraba en el campo de batalla de Gettys­burg, en medio de la Guerra Civil estadounidense. Les recordó a los estadouniden­ses que la guerra determi­naría si “una nueva nación, concebida en libertad y dedi­cada a la proposición de que todos los hombres son crea­dos iguales” podría “perdurar por mucho tiempo”. Desafió al pueblo estadounidense a hon­rar a los soldados caídos en la batalla continuando la lucha para que “el gobierno del pue­blo, por el pueblo y para el pue­blo no desaparezca de la Tie­rra”. Mientras la Guerra Civil estadounidense llegaba a su fin en 1865, Paraguay empren­día la gran lucha por su super­vivencia como nación libre e independiente en la Guerra de la Triple Alianza. Estados Unidos se unió a Paraguay en su lucha en 1878, cuando el presidente Rutherford B. Hayes arbitró una disputa limítrofe de posguerra a favor de Paraguay, ayudando a ase­gurar la independencia y las fronteras soberanas del Para­guay hasta el día de hoy.

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Esta historia compartida de lucha por nuestra libertad e independencia ha forjado la extraordinaria amistad entre nuestras dos naciones, una amistad que hoy se mantiene más fuerte que nunca. Esta­dos Unidos y Paraguay per­manecen unidos sobre una base de ideales compartidos. Como ha dicho el secretario de Estado, Marco Rubio: “Si crees en el Estado de dere­cho, el consentimiento de los gobernados y el progreso de la ciencia y el comercio, entonces eres discípulo de la revolución estadounidense y de la fundación”. Nuestros dos países permanecen siem­pre vigilantes en la defensa de los ideales compartidos frente a las amenazas emer­gentes de nuestro tiempo, y trabajamos codo a codo para promover estos principios en el Hemisferio Occidental y más allá.

Hemos fortalecido nues­tra asociación en materia de seguridad mediante un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas para combatir conjuntamente a criminales organizados, narcotrafican­tes, terroristas y sus finan­ciadores ilícitos. Estamos colaborando para detener la inmigración ilegal masiva y la trata de personas en las Amé­ricas. Estamos ayudándonos mutuamente a defendernos de ciberataques provenientes de actores malignos externos a nuestro hemisferio, y asegu­rándonos de construir nues­tras redes de información y telecomunicaciones con tec­nología segura, confiable y de última generación. Estamos ampliando el comercio y la inversión bilaterales, incluso en sectores estratégicos como la minería de minerales críti­cos, la tecnología y la energía, para expandir oportunidades y crear empleos para nuestros pueblos. La asociación estra­tégica que estamos constru­yendo hoy generará benefi­cios concretos para nuestras naciones y la región durante generaciones.

Como lo ha sido desde su fun­dación en 1776, Estados Uni­dos sigue siendo un socio con­fiable y dinámico, listo para liderar durante los próximos 250 años. Y, como lo hemos hecho durante décadas, espe­ramos hacerlo con la amis­tad firme de la República del Paraguay y del pueblo para­guayo.

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